septiembre 2013


Dice el diccionario de la RAE que la palabra costumbre, en su primera acepción, corresponde al hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto.

Bonita palabra la que da título a esta entrada.

Tenemos costumbre de comprar pan pan para las comidas, de echar aceite a la ensalada, de añadir azúcar a la leche, de echar sal a la carne, y así un largo etc. Pero, ¿tenemos actualmente la costumbre de beber vino en las mesas españolas?

A riesgo de generalizar, que es algo que no me gusta, mi respuesta es que no. Pienso que el vino ha desaparecido en las comidas diarias desde ese punto de vista de hábito o modo habitual de hacer algo. Razones pueden existir muchas (precios, controles, complicaciones con cartas ininteligibles, etc.) pero creo que es un hecho que hoy en día no existe la “costumbre de beber vino”.

A veces se ha reducido este consumo a una prácticamente meramente puntual y social y es algo que debería avergonzar a un país productor como es España.

Educación, cultura, práctica, interés…costumbre. Intentemos que de nuevo el vino lo sea en nuestras comidas por el simple hecho de tomar una copa como un alimento más, al igual que tomamos una rebanada de pan, una pera o una ensalada.

Un saludo
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The Show Must Go On (Queen)

Imaginen que cogen un vuelo temprano y disponen de pocas horas para estar en la capital parisina. Aquellos que me conocen saben de mi debilidad por esta ciudad junto a la que surca las dos orillas del Támesis, y quería proponer un plan para pasar un día delicioso en torno a la ciudad de la luz sin que tuviera la típica vista a la maravillosa Notre-Dame o al inabarcable Museo del Louvre.

Supongamos que el avión llega a las 9.30 de la mañana sin retraso (uffff, igual es una utopía). Acudan en primer lugar a la planta quinta del Museo D´Orsay. Directos, sin dudar. No hay tiempo para las otras plantas.

Les espera en ese último piso una galería de pintura impresionista que podría dejar a nuestros ojos horas y horas admirando cuadros de Monet, Manet, Van Gogh, Sisley, Pissarro, Renoir, Cézanne, etc…Un gran despliegue sensorial para las primeras horas del día.

Cerca de allí, y tras admirar esas maravillas, acudan a disfrutar de otro gran placer: una trufa de chocolate. En Debauve & Gallois (30, rue de Saints-Pères) llevan más de 200 años trabajando el chocolate y siempre es un placer picar alguna de sus genialidades. Tómensela sentados en algún banco junto a la Iglesia de St. Germain-des-Près.

Posiblemente se acerque la hora de comer o picar algo y no queda excesivamente lejos (por evitar el Metro) el cruzar hacia la zona de Les Halles y acabar en la estrecha rue du Nil tomando unos vinos en Frenchie. Tiene ahora cierta fama y eso hay que pagarlo de varias maneras (mucha cámara nipona, posibilidad de no encontrar sitio, etc)…

Si no, cojan una botella y túmbense en el Campo de Marte admirando la Torre Eiffel o en la diminuta cascada del jardín que queda en uno de sus laterales y que es un rincón muy apetecible para alejarse del turisteo.

Para la media tarde paseen un ratito por la Place des Vosges y, antes de coger el avión de vuelta, lleven a su pareja a la Place Vendôme para que elija la joya apropiada para el momento. Seguro que tras elegirla, paga el taxi de vuelta al aeropuerto con mucho gusto.

Podríamos hacer muchos más planes…uno nunca se aburre en París.

Un saludo
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The Show Must Go On (Queen)

Tras este descanso en el mes de Agosto volvemos con ciertos vinos disfrutados en estas fechas estivales. Espero que hayáis pasado un buen verano y si no ha sido así pues abriros un Imperial Gran Reserva 1981 de CVNE. Una primera pista impactante, deliciosa, clásica, larga, equilibrada y con todo para hacer pasar un buen rato.

Magnífico también el François Crochet Sancerre 2012. No es la mejor añada que he probado de este vino pero no cabe duda que es una cuvée bien hecha, algo menos acídico que en otras ocasiones pero intenso, largo y delicioso en época de calor (y de frío también)

Me gustó el San Román 2005 de la DO Toro porque, a pesar de que aún parece un bebé en cuna de madera, tiene buenos mimbres de uva detrás. Me gustaría esperar y volver aprobar más botellas…

Sigue estando en un gran momento el Zilliken Riesling Saar. Rausch Spätlese 2002 y no tiene atisbos de agotamiento por ningún sitio en la botella descorchada. Muy rico.

Podría decir que pocos vinos del Châteauneuf du Pape probados últimamente me han despertado mucho interés (salvo cosas de Mont Redon, cuvées de Beaucastel, etc) pero probando el otro día un Lucien y Andre Brunel Les Cailloux 1989 uno tiene ganas de reencontrarse de nuevo con estas zonas. Un vino tan animal como elegante si se le da el suficiente tiempo en la copa. Seda en el cristal.

No les entretengo más por ahora, pero volveré con un plan de 7 horas en París. Pronto.

Un saludo
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The Show Must Go On (Queen)