Esta entrada va dedicada a un placer sensorial diferente al vino: el cine.

Alguna vez hemos comentado algunos aspectos del séptimo arte pero quería hacer un pequeño homenaje a la última película de Giuseppe Tornatore (su título es el de esta entrada) ya que me ha parecido muy interesante. No anda la cartelera actual muy acertada en cuanto a películas que tengan una calidad aceptable (al menos desde mi punto de vista) y cuando aparece una de este calibre creo que es obligatorio mencionarla.

Al frente, un enorme Geoffrey Rush (pocos actores actuales llenan la pantalla de esa forma) y una impresionante banda sonora de Ennio Morricone que crean una película enigmática, inquietante y que pienso que te atrapa de la misma forma que un buen vino, es decir, desde el primer sorbo o desde la primera secuencia. Pero hay más personajes que no desvelaré…

No sé si hay recuerdos de Hitchcock en la mirada de Tornatore pero la trama me parece absolutamente genial (no la contaré para que aquell@s que no la hayan visto acudan a su sala más cercana para poder disfrutar de dos horas de buen cine)

Intenten verla en versión original porque merece la pena.

Gracias por esa felicidad en forma de 120 minutos. Les dejo con la musicalidad de Morricone, una gran oferta.

Un saludo

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