Hubo una época en la que no existía Licenciatura de Enología como tal y los responsables de enología en las bodegas eran químicos, biólogos, ingenieros agrónomos, etc. Hoy en día, aún dándose la situación anterior, también existen los enólogos propiamente dichos.

Supongo que cuando uno escoge una opción estudiantil es, o debería ser, porque realmente le gusta y cree que puede tener ilusión por desarrollar una carrera profesional en torno a ella. Esa es una deliciosa teoría pero a veces la práctica se aleja bastante de lo que debería ser esta realidad. Ahora los tiempos están duros y no cabe duda que exigir peras al olmo es harto complicado.

Por otro lado, sería interesante que las bodegas que contratasen a enólogos externos fueran un poco exigentes hacia las personas que quieren que trabajen para ellos. Busquen a gente con interés, con pasión, con conocimiento, con perspectivas amplias del sector, etc. Todo eso, al final, pienso que repercutirá en el resultado a largo plazo de los vinos ofertados. Sé que es difícil pensar en esos términos de futuro pero este sector no aguanta bien las prisas si se quiere hacer algo realmente serio en él.

Esta pequeña introducción viene a cuento porque pienso que hay verdaderos enólogos alejados del gusto por el vino. Buenos trabajadores sin duda, pero sin un serio compromiso pasional detrás. Comprendo que cada uno trabaja en lo que puede y no siempre se consigue el objetivo de desarrollarse profesionalmente en lo que se quiere pero por favor, ¿Sería mucho pedir un poco más de pasión en su trabajo?

Hace poco, un enólogo riberista me explicaba sus vinos como aquél que vende tomates, sujetadores o tornillos en una ferretería. Una dejadez, hastío e indiferencia que me hizo realizar una pregunta realmente irónica: ¿a usted le gusta el vino? Claro, me dijo que sí.

Sin duda, lo demostraba.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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