Hace relativamente poco me encontré con un grupo de gente joven recién aficionados al vino que vinieron a una de las catas de iniciación que solemos hacer y la verdad es que nos lo pasamos muy bien dentro de un ambiente totalmente distendido.

Me comentaban un aspecto que creo que sería interesante que lo supieran las bodegas (antes de llenarnos la boca hablando del enoturismo) para cuando reciban a gente que son potenciales clientes en un futuro y que trataré de explicar en los párrafos siguientes.

Habían estado de visita en alguna bodega con renombre en La Rioja y me decían que se habían sentido realmente incómodos en el sentido de que la persona que les estaba explicando todo parecía más enfocada a defender el “alter ego” de la bodega que en hacer una visita amena, sencilla, agradable y dirigida a un público que solamente pretende pasar un gran rato allí sin considerarse grandes expertos en el tema.

Faltaba cercanía, sencillez, humildad y atención. Está muy bien que una bodega sea lo más de lo más (que bueno, también podría cuestionarse) pero ese “auto escucharse a uno mismo diciendo lo bueno que somos” es algo que creo que debería evitarse.

Si realmente queremos que esta gente joven se acerque sin temor a un consumo moderado de vino debemos empezar por ofrecerles, desde los cimientos de la pirámide que suponen las bodegas elaboradoras, la mayor de las facilidades para ello.

Que si obras de arte, que si exportaban a millones sitios, que si su vino era puntuado por Fulanito y Menganito con tropecientos cincuenta y cinco mil puntos…pero ¿a ese público le interesaba eso realmente? Creo que no. Buscaban explicaciones básicas y sencillas sobre lo que es el vino, poder degustar algo tranquilamente y echar un buen rato que luego seguramente se traducirá en compra de botellas futuras por el buen recuerdo obtenido anteriormente.

Espero que algunos tomen nota.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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