¿Se acuerdan de aquel personaje creado por George W. Trendle y que aquí lo conocimos como El Llanero Solitario?

Es un nombre que me gusta. Tiene aspecto levemente místico, como de uno contra el mundo, de soledad frente a una inmensidad que espera ahí fuera. Panorama desolador.

Supongo que much@s os estaréis pensando que a qué viene todo esto. Igual ni yo mismo lo sé pero veo similitudes con el tema principal que ocupa este blog.

He dado palos a la situación actual en que se encuentra, no la sumillería en sí refiriéndome a determinadas personas, si no al interés que ésta demuestra por abrir su mente hacia cotas más amplias y salir de lo monótono. Es alucinante la falta de interés que podemos encontrar a determinadas alturas en un mundo donde lo que precisamente existe es un gran acceso a información.

Pero es posible que no esté todo perdido. Se puede crear esa figura de Trendle. La conozco.

Creo que hay varios requisitos para poder ser verdaderamente un “llanero solitario” con criterio. En primer lugar, es diferente trabajar en un restaurante donde te dan un presupuesto para gestionar una bodega a ser el propio dueño del mismo. Lo reconozco. pero eso no quita para abandonar esa dejadez instaurada en determinados ámbitos mentales que deambulan perdidos como zombies en “La Noche de los Muertos Vivientes”

En segundo lugar, pero no por ello menos importante (de hecho creo que es lo fundamental), te tiene que gustar el vino. Sí, esto que parece que se da por hecho es algo que me genera serias dudas si lo refiero a un gran porcentaje de “profesionales” del sector. Lamentablemente, me he encontrado con sumilleres aquí y fuera de estas fronteras para los que vender vino les supone la misma pasión que a mi vender tenedores de plástico.

Claro, eso supone que debe gustarte el vino más allá de etiquetas y modas. Hay que tener un criterio propio basado en una sensibilidad especial para ello. Las tentaciones existen y es fácil caer en ellas pero aunque exista entrenamiento y deba darse un continuo aprendizaje y reciclaje, hay que nacer con un carácter especial.

Formación, interés, pasión, sensibilidad, gestión, reciclaje, curiosidad, humildad,…palabras que cumple un “llanero solitario”

¿Existe esta figura? Como decía antes, conozco a uno. Él lo sabe porque se lo he dicho y merece mi reconocimiento como ese oasis dentro del desértico panorama actual en estos temas.

Hace poco, en su casa, el recorrido fue alucinante y hay para no cansarse. Recuerdo otra vez que disfruté con un Mont-Redon blanco, o con unos amigos canarios de una gran velada, o cómo no recordar aquel Blecua con años tomado con compañeros estudiantiles, o aquellos momentos con familia argentina que no conocía y que se lo pasaron en grande siendo este lugar en donde nos encontramos por primera vez.

Un ex ministro se tomaba un Rioja de esos de viticultores de verdad que sólo llegan a quien realmente los descubre. Pero no hay moda detrás. No aparece en guías de vino, ni en revistas, ni entra en el putiferio circense de 10 cajas + 1. La farándula queda de lado.

Esa es su labor. Sorprender al cliente. Igual que José Tomas en el ámbito taurino, Hitchcock o Billy Wilder en el cine, nos devolvió la verdad y la dignidad. Nuestro “llanero solitario” dignifica la profesión de sumillería, destapa las vergüenzas de tanto vende humo, de tanto ventajista que se declara defensor de no sé qué causas pero cuya oferta aburre hasta al más paciente de los clientes. No se trata de un profesional de pose. Es de poso, de vocación y de pasión. Una pasión de los que los principales beneficiados son (somos) los clientes que acuden a su casa.

Un lugar increíble, muy esencial en su alma dentro de lo que uno puede escoger para gastarse sus cuartos y beber en condiciones sin que haya que pedir un préstamo.

Es el llanero solitario. Y como tal, le apoyaremos.

Podría decir muchas cosas más pero lo resumo en esto:

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

 

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