Vaya por delante que no soy economista ni experto en primas de riesgo, índices, intervenciones, eurobonos y demás pero no hay que ser un lumbreras para darse cuenta que ante la inminente subida impositiva que se nos avecina, nos espera un otoño calentito.

Ese calor no se desprende únicamente por motivos impositivos ya que la gran crisis de consumo que venía existiendo también en años anteriores va a influir en estas “temperaturas” tórridas otoñales. Claro, si encima sube un impuesto que va directamente sobre el consumo pues lógicamente se verá aún más afectado este último.

Debe existir un ajuste. Lento, doloroso, largo y que uno de sus principales fines sea el de devolver al vino al lugar del que nunca debió salir: la mesa de los hogares como un alimento más que acompaña a las viandas.

Como un iluminado más que opina, me permito hacerlo tal y como lo veo.

Por un lado creo que tenemos un problema en la producción. Ya sabemos que la viña no entiende de crisis y todos los años produce sus uvas. Eso hay que elaborarlo y venderlo. Pero ¿qué vendemos? No hay modelo claro como ya hemos hablado alguna que otra vez.

Mucha exportación a bajo precio (ya comentamos en su día lo arriesgado de competir vía precio en los mercados) porque la demanda interna no se reactiva. Desde el lado productivo habría que plantearse el motivo de ello. ¿Se ofrecen vinos acordes a lo que el público demanda? ¿Qué me ofrecen a mi determinados vinos como consumidor? ¿Realmente hay una seña de identidad tras ellos?

Preguntas que el sector productivo, al igual que muchas otras, debería plantearse e intentar resolver.

Por otro lado hay una crisis acuciante en la hostelería.

Márgenes antiguamente disparados que han creado un inmovilizado ciertamente doloroso porque el vino no rotaba. Cantidad de sitios que no sabemos realmente qué ofrecen pero sí qué cobran. Inversiones monumentales detrás de algo que sólo con el nombre piensan que lo tienen todo hecho. Pero hay modas, muy pasajeras…

A eso, habría que añadirle cierta dejadez y falta de preocupación por buena parte de la sumillería a la hora de reinventarse, de aprender, de arriesgar. Muchos podrán decir que es difícil arriesgar en tiempos de crisis pero ese riesgo no tiene que venir directamente ligado a un tema económico. Eso sí, igual ante determinados vinos, se exige cierto estudio previo para poder luego ofrecerlo al cliente y no sé yo si estamos mucho por la labor.

La hostelería debe reinventarse y ser más coherente con lo que ofrece. No pueden surgir genios todos los días. Y vienen tiempos duros en donde sólo los que ofrezcan algo de verdad creo que podrán subsistir.

Veremos este otoño cómo se producen muchos cambios en la hostelería, cómo los encajes de bolillos para poder seguir ofreciendo un menú de 9 € se llevan a la máxima expresión, cómo muchos restaurantes se reinventan con determinadas fórmulas. La situación obliga.

Y por último…el consumidor final. Un IVA subido que verá cómo afecta directamente a su cartera ante la compra de una botella de vino o ante la celebración de cualquier velada en un restaurante. No por ello hay que asustarse, pero sí saber elegir dónde disparar la bala. Como decía antes, quien domine lo que ofrece y sea coherente con ello, a mi me tendrá como consumidor. Y los hay.

No todo está perdido y desde aquí quiero lanzar un mensaje optimista. Consuman vino como hábito saludable. De aquí o de allí; de 1, 10, 100; blanco, tinto, rosado, espumoso…

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

 

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