Eran las 21.45 horas cuando cruzábamos la puerta de este restaurante y nada más entrar se empieza a respirar la tranquilidad necesaria para disfrutar de una jornada en una buena mesa con amigos y unos buenos vinos.

Que la sala de Santceloni es impresionante creo que ya se ha comentado en múltiples ocasiones. Mesas redondas y espaciadas lo suficiente para no enterarte de las conversaciones vecinas, iluminación cálida y sensual, servicio muy atento pero sin agobios. En fin, gran puesta en escena.

Tras unos aperitivos previos (maravillosa la mantequilla entre otras cosas) francamente ricos acompañados de una deliciosa Manzanilla en Rama Sacristía AB decidimos pedir a mesa completa el Gran Menú con la suma de un plato más que elegimos a posta: Gamba roja con guisantes.

Empezamos con una ensalada de cangrejo de río con nabo bastante fresca aunque yo hubiera preferido algo que no fuera nabo (¿puerro quizá?) ya que no soy gran aficionado a esta hortaliza. En cambio sí me pareció un acierto la Crema de ñámaras con tartar de mejillones. Fresca, sabrosa, y punto delicioso el del tartar.

Seguimos con una sugerencia que suele ser un fija en este menú: Plato de bivalvos, ostras, berberechos y navajas con aroma de hinojo. Digamos que es como zambullirte en el mar. Un plato sabroso, salino, con gran potencia de sabores y ojalá siga en el menú muchos años. Imprescindible.

El lomo de cordero en frío con cebolla de Figueres estaba rico pero quizá fue el plato que menos me llamó la atención. Luego vino la gamba roja con guisantes. Simplemente espectacular la textura de la gamba que envolvía al guisante de lágrima. Un plato que me gustaría repetir una y otra vez. ¡Gracias por acceder a nuestra petición!

Fino, sabroso y complejo en sabores el ravioli de ricota ahumada con caviar, anchoa y aceitunas y gran producto el rape con el salteado de setas de primavera. Un plato tan simple como bello. ¿Para qué maquillar más ese excelente pescado?

Terminamos con un clásico del difunto Santi Santamaría: Jarrete de Ternera Blanca con puré de patatas. Se ha hablado tanto de ello que lo mejor es comerlo y no decir nada más. Una vez más, soberbio.

Tras la inmensa tabla de quesos (no conozco ninguna mejor) y la selección que nos hizo Abel Valverde terminamos con dos postres. Primero unas fresas silvestres de Aranjuez con galleta de almendra y aroma de vainilla; y finalmente con una crema de café con la mousse de chocolate cocida.

Café y Petit Fours.

Excelente y apabullante jornada.

Respecto a los vinos, debo decir que el trato fue exquisito por parte de su sumiller David Robledo. He notado cierta mejoría en la carta de vinos respecto a la anterior vez que estuve y denota ciertas inquietudes cuanto menos interesantes.  A la manzanilla inicial la acompañaron un Marqués de Riscal 1925 y un soberbio Château Palmer 2004 de la zona de Margaux bordelesa. Pedimos un Huet Clos du Bourg Moelleux 1997 de Vouvray (Loira) para los postres y sobremesa y la verdad es que era difícil levantarnos de allí ante el disfrute que estábamos teniendo. Ya hablaremos de ellos en las pistas mensuales.

Me encantaron las diferentes copas que nos pusieron para el vino, la temperatura a la que fueron servidos y todo el servicio del mismo. Sin prisas, sin agobios, con conversaciones variadas acerca del vino. ¡Chapeau!

Desde mi punto de vista, un gran restaurante en todos los sentidos. Solamente puedo dar las gracias a todo el equipo por hacernos felices el rato que estuvimos en vuestra “casa”. Y eso, es lo más emocionante que puede pasar.

Un saludo

……………………………….

The Show Must Go On (Queen)

Anuncios