Afrontaba con mucho interés mi último encuentro con la Riesling en este mini viaje por tierras germanas. Ese interés inicial viene debido a varios factores y uno de ellos es que conocía algo los vinos de Zilliken desde añadas antiguas y siempre me había impresionado su gran capacidad de guarda en cuanto a vinos con cierto nivel de azúcar se refiere (recuerdo algún 64, 73, 85 realmente dignos de admiración…).  He tenido experiencias memorables con algún vino en el pasado y ésta era una buena oportunidad de conocer a sus artífices.

 Afortunadamente, conseguir hoy en día Zilliken en España es fácil gracias a la labor de Wein & Umami al importarlos directamente pero esto antes no era así y hacíamos volteretas para encontrarlos por ahí. No cabe duda que los nuevos importadores Lluís Pablo (ex-Vinialia) y Claudio Comella (ex-Umamigourmet) han añadido una gran bodega a su impresionante catálogo de vinos alemanes ya que también son distribuidores de todo el portfolio de Vins Alemanys.

Gracias a ellos y a sus distribuidores a nivel nacional encontrar botellas con esa Z inconfundible es ahora mucho más fácil que lo que era hace 5 o 10 años.

Otro de los motivos por los que iba con especial interés a la visita se debe a que en la pasada feria Prowein que se celebró en Düsseldorf ya pude probar algunos vinos de su añada 2010 y me quedé gratamente impresionado por su excelente potencia y, a la vez, equilibrio.

Ya he comentado aquí que junto a los Prüm y los Müller para mi forman la triple corona de los Riesling en esta zona y metiendo a esta uva en niveles de azúcar determinados y, a pesar de no haber visitado a Prüm, tras la visita de Zilliken y Müller me reafirmo en mis convinciones 🙂

Pero sin duda, la visita a casa de la inmensa Z fue, para mí, el momento álgido del viaje. Un orgasmo vínico que creo que permanecerá en la memoria de los que allí estuvimos durante toda nuestra vida. No solamente por los vinos, si no que el trato que nos dieron Hanno y su mujer Ruth, así como la simpatía de su hija Dorothee en las explicaciones fue realmente maravilloso.

La historia de los Zilliken es larga y hay que ir buscar sus orígenes allá por  1742 en la familia Geltz. Fue a mediados del s.XIX cuando el consejero prusiano Ferdinand Geltz hizo subir la reputación de esta bodega, siendo el actual propietario, Hans Joachim Zilliken el bisnieto de Ferdinand Geltz.

Ferdinand Geltz murió en 1925 y sus viñedos pasaron a manos de sus dos hijas: Antoinette y Ella. Antoinette recibió el 60% y el resto fue a parar a Ella. La razón de este reparto fue que la primera se casó con un militar prusiano, por lo que esta parte pasó a ser de propiedad de su marido, el Major Krick. A la muerte de Antoinette Krick sus tierras pasaron a otras ramas de la familia Krick.

 El 40% de los viñedos de Ella se repartieron para sus dos hijas: Marianne y Henriette. Marianne se casó con Fritz Zilliken en 1947 con quien tuvieron un hijo que se llamó: Hans Joaquim Zilliken (Hanno ZIlliken). Es la primera vez que se empezó a embotellar vino con la actual denominación Forstmeister Geltz Zilliken. Por aquél entonces la propiedad tenía tan sólo 2 ha (ahora controlan 11 hectáreas). La otra hija de Ella, Henriette, se casó con un hombre de buena posición: Herr Welsch. Estos no tuvieron descendencia y las viñas pasaron a formar parte de la actual propiedad.

 La bodega original fue destruida en la 2ª Guerra Mundial, el día de Navidad de 1944 y además varios viñedos de Saarburg fueron destruidos (no así los de Ockfen). A finales de los años 60 los Zilliken pudieron encontrar y comprar tres antiguas y profundas bodegas sobre las que construyeron la casa.

Son miembros fundadores de la VDP y de las 11 hectáreas que tienen en propiedad aproximadamente 8 corresponden a su viñedo más emblemático: Rausch, situado en Saarburg. El resto está repartido entre Ockfener Bockstein (1 ha); Saarburger Bergschlösschen (1,6 ha) y Saarburger Antonius Brunnen (0,4 ha.)

 Al llegar a la casa-bodega de los Zilliken fuimos obsequiados con una copita de su Sekt (bastante mejor que otras opciones probadas de este tipo de vinos) antes de coger los coches e ir a dar una vuelta por Rausch. Es un viñedo que abarca bien toda la colina que bordea a Saarburg, por lo que oscila desde orientación suroeste, sur y sureste. Nos explicó Hanno (de ahora en adelante lo llamaré Z) que tienen diferentes densidades de plantación oscilando entre las 5.500 y 6.500 cepas/hectárea sobre suelos con pizarra azulada, diabas (especie de roca volcánica verdosa) y con subsuelo algo arcilloso, teniendo incluso cepas que sobrepasan los 100 años y manteniendo 0,4 hectáreas con pie franco.

 Respecto a Bockstein (hace relativamente poco tiempo pude probar una botella de su primera añada en este viñedo y pese a que no tiene la complejidad de Rausch el vino estaba realmente soberbio) hay que decir que originalmente pertenecía a los Geltz pero actualmente no tienen en posesión la totalidad de lo que poseían. Las actuales viñas datan de 1970 y sus terrenos también son de pizarra del Devoniano pero con mezcla de cuarzo, algo que hace a los terrenos sensiblemente más duros que los de Saarburg. En el subsuelo encontraremos arcilla menos rojiza y más amarillenta, siendo quizá los vinos más accesibles en su juventud que los de Rausch, con más expresión frutal pero como comentaba antes…guardar, se pueden 😉

Tras volver del viñedo Rausch a la bodega, Z nos enseñó las instalaciones en donde elaboran los vinos, con viejos füders, buen ambiente de humedad, y un gran “corazón” de la bodega en donde descansan botellas de diferentes añadas listas para ser consumidas en diferentes momentos. Realmente delicioso.

 El despliegue de vinos en la sesión de degustación (luego hubo cena posterior que la comentaremos también) comenzó con el Saarburger Rausch Riesling GG 2010, siendo ya la segunda añada de este Grosses Gewächs al que le vi todavía mejor definido que el anterior 2009. Una nariz muy floral y con notas minerales y una boca no extremadamente seca dan paso a un vino de una buena longitud y bastante pulido para disfrutarlo ya. No era un mal comienzo sin ninguna duda.

 Z quiso hacernos una jugada posteriormente ya que…¿por qué no vemos cómo envejece algo relativamente seco? Dicho y hecho: Saarburger Rausch Riesling SpätleseTrocken 1983. Un año de muy escasa o casi nula botritis que muestra un vino muy entero, ya con toques más ahumados, cierta golosidad, aromas como a albaricoques y melocotones…pero el vino está ahí, y la jugada le salió bien.

Volvimos a elaboraciones más recientes con una especie de vino semiseco a la altura de clasificación de un GG, con el Rausch Diabas Riesling 2010. Cítrico en nariz, con toques mantequillosos y cierta opulencia que no acababa de convencerme, reproduciéndose ésta también en la boca. Fue uno de los vinos que a mí me parecieron más flojos dentro de la enorme sesión de disfrute que tuvimos.

El Riesling 2009 lleva 38 g/l de azúcar y 9 g/l de acidez y para mi es un básico que mostraba aromas de melocotón maduro, manzana asada, etc no muy intensos pero sí fáciles y sencillos de identificar como que la añada va más por ese carácter frutal. Un vino sencillo de beber, agradable, aunque algo falto de “punch” desde mi punto de vista y sería recomendable que si alguien quiere entrar en el mundo de Zilliken desde este tipo de básicos lo haga a partir de algún vino de alguna añada con algo más de carácter.

 Soberbio como suele ser habitual el Saarburger Rausch Riesling Kabinett 2008 (ya saben que a estos niveles de azúcar esta uva me fascina) mostrando una nariz muy limpia y sin grietas y un equilibrio en la boca muy contenido, con ese nervio que está ahí sujetado por esa golosidad…ufff, para mi muy grande. He comprado varias botellas en La Fisna madrileña (distribuidores en Madrid de estos vinos) con el objetivo de guardarlas e iremos viendo cómo van evolucionando.

 Quizá más concentrado y a la vez todo más joven en plan cañón el Saarburger Rausch Riesling Kabinett 2010, con 81 g/l de azúcar y 10,1 g/l de acidez. Una bestia que está aún por domarse y salir a la palestra con mejores galas. Potencial tiene…Muy bueno pero muy joven aún.

 El Bockstein Riesling Spätlese 2010 es un vino que considero muy refrescante pero sin tanta profundidad como su homónimo de Rausch que probamos posteriormente. Todo muy contenido, con bastante floralidad en la nariz pero sin explotar. Quizá pueda ser más gustoso de beber a edad temprana pero los matices, complejidad y profundidad de Rausch aquí no aparecieron.

 Con 98 g/l de azúcar y 11 g/l de acidez se presenta lo que me impactó en Prowein: Saarburger Rausch Riesling Spätlese 2010. Con brutal equilibrio pese a sus datos y cierta tropicalidad en nariz pero seductora desde los inicios apareció esta bestia. Hacia dónde irá en el futuro es algo que no me atrevo a adivinar pero sin duda el placer que da en plan adolescente es maravilloso.

 Concentrado y bastante láctico el Saarburger Rausch Riesling Auslese 2010. Nos comentó Z que él consideraba que era una añada típica de Ausleses con cierta concentración. Cierto es que no parece un vino ligero pero sí lo aprecié bastante bebible; aunque lo que sí fue pura seda y un compendio de elegancia embotellada es el Sarburger Rausch Auslese Goldkapsel 2010 (155 g/l de azúcar y 12,7 g/l de acidez). Un gran vino, cremoso, largo, intenso, bebible y con chicha para aguantar al más puro estilo de la casa…ufff, habrá que agenciarse botellas.

 Como un elixir meloso y con aromas infusionados de manzanilla y almíbar apareció el Saarburger Rausch Riesling Auslese Lange Goldkapsel 2005 (165 g/l de azúcar y 11 g/l de acidez) y en cambio mucho más láctico y mantequilloso me pareció el Saarburger Rausch Riesling Auslese Lange Goldkapsel Auction (Subasta) 2010, con mucha botritis y con 216 g/l de azúcar y 14,1 g/l de acidez. Como ven, no apto para diabéticos.

 Aquí llegó otro reto de Z…volvemos atrás en años y azúcar y nos sorprende con un Saarburger Rausch Kabinett 1979. ¡Nos gusta el juego que propone! Con aromas como de tisana y algo herbáceo el vino muestra una boca no excesivamente larga y perfecta para beber ahora sin ningún tipo de arista…sigamos el juego. Llega el Saarburger Rausch Riesling Spätlese 1995 y la sensación nasal es altamente petrolífera. Curiosamente, a esa potente nariz le sigue una boca igualmente atractiva pero que se queda en el paso medio y se diluye pronto. Lo definiría como un vino de eyaculación precoz. Magnífico y rápido.

 Más diluido me pareció el Saarburger Rausch Riesling Auslese 1993 y sin tanta concentración como lo anteriormente probado pero puede resultar perfecto para aquellas personas que no buscan un exceso de opulencia en estos vinos…No sé, rico y más ligero.

La siguiente botella corresponde a la primera añada de Z como encargado de bodega y además corresponde con mi año de nacimiento: Saarburger Rausch Riesling Auslese 1976. Con la copa que ven en la foto, se hizo el silencio en la mesa tras la intensidad en nariz (más q a gasolina la nariz olía al principio a una mezcla entre gas, alquitrán, abriéndose hacia toques de almíbar, miel, compota de manzana….) y ante la boca de ese vino. Miré a la persona que tenía justo enfrente mía y anoté una palabra: Orgásmico. Pues eso.

 La generosidad de la familia Zilliken no acababa aquí, ya que prepararon una suculenta cena y seguimos con algunos vinos y se descorcharon otros tantos (volvimos con el Rausch Riesling GG 2010 de inicio, seguido de un Rausch Riesling GG 2009 y un Rausch Diabas 2009). Tuve que volver al 76 anterior, impertérrito en la copa y diciendo que es más joven que el que escribe…y Z se marcó una jugada excepcional. No por el vino que sacó en sí, si no por la impresión que me dio. Se lo trato de explicar.

Abrió un May-Kirchen Oberemmeler Scharzberg Auslese 1949, bodega que ya ha dejado de existir pero desde mi punto de vista lo hizo para rendir un homenaje a la zona, a su pasión por los vinos de esta parte de Alemania y qué mejor que los honores se los llevara algún amigo. Sin duda, gente con clase. Como sus vinos.

 Terminamos la cena con un soberbio Saarburger Rausch Riesling Auslese Goldkapsel 1999 que me pareció intenso, profundo, muy meloso en nariz pero con una buena estructura en boca; y un más ligero Saarburger Rausch Riesling Auslese 1997 comparándolo con el anterior.

Como ven, la visita tuvo mucha miga y es imposible resumir en palabras lo que pasó. Agradecer a toda la familia de esa gran Z el trato recibido, su amabilidad a la hora de las explicaciones, su pasión, su entrega…y hacernos partícipe de sus resultados y de poder formar parte de la gran familia Zilliken.

 Aqui les dejo algunas fotos:

http://www.flickr.com/photos/iglegorburu/sets/72157627581090428/

 Con esta visita terminaba ese encuentro con la Riesling en esta zona alemana y la verdad es que no sería justo si no agradeciera todo lo acontecido al auténtico organizador de este viaje: Lluís Pablo de Wein & Umami. ¡Una gozada!

 Probando cosas diferentes uno siempre saca una mejor perspectiva de los vinos y trataría de sintetizar lo que nos explicaba Hanno Zilliken tratando de identificar al Saar como región de vinos finos, delicados, ligeros y minerales acompañados siempre de fruta, y al Mosel como zona de vinos en donde la fruta domina y lo demás se construye sobre ella.

 Ante la grandeza de Zilliken, y cual peregrinos que fuimos al ir a probar sus elixires (lo siento por Santiago, pero este peregrinaje es más de los míos)…no se me ocurre una forma más grande de terminar este recorrido:

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

 

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