Llegábamos al aeropuerto de Frankfurt con ganas de conducir hasta Saarburg (campamento base) e iniciar un recorrido corto pero intenso visitando cuatro excelentes bodegas productoras de vinos a partir de la uva Riesling. Allí nos uníamos al verdadero artífice en la organización de este viaje: Lluís Pablo (Weinumami), a quien debo agradecer desde el primer momento todo lo acontecido en esta corta pero intensa visita a esos vinos que él tanto conoce.

Tras descansar a la llegada, había que prepararse para acudir temprano a nuestra primera parada: Weingut Egon Müller, algo equivalente en Alemania a la Romanée-Conti en Borgoña, Château Margaux en Burdeos o a Giacomo Conterno en el Piamonte, por citar a algunos de los más grandes productores del vino del mundo.

Egon Müller se encuentra en el pueblo de Wiltingen, muy cercano a Saarburg y es famoso por los vinos que saca de un viñedo que queda justo detrás de la bodega: Scharzhofberg. En la puerta nos esperaba el propio Herr Müller y nos propuso subir al viñedo mítico y eso fue un excelente punto de partida para hablar con él y así poder conocer más acerca de la base principal de sus excelentes vinos: el viñedo.

Realmente tienen plantado en todas sus propiedades cerca de un 95% de Riesling, con bastantes viñas viejas y una elevada densidad de plantación que hace diferenciarse sus parcelas en la viña de las del resto de vecinos (en algunos puntos nos comentó que llegan a las 10.000 plantas/ha). Todo el viñedo de Scharzhofberger tiene 28 hectáreas de viñas aproximadamente, de las cuales algo más de 8 corresponden a los Müller. Es un viñedo con exposición sur con lo que capta perfectamente el sol necesario para que la Riesling madure perfectamente, ya que es lo que más necesitan en esta zona y su pendiente es alucinante (sobre todo cuando la subes andando) elevándose desde los 190 metros sobre el nivel del mar en la parte baja a los 310 metros en su parte más alta, según nos indicaron.

Hoy dirige la bodega Egon Müller IV (hay una tradición relativa a que la persona que dirige la bodega debe llamarse Egon para seguir así la dinastía) pero los orígenes de la misma hay que buscarlos allá por 1797 (aunque parece ser que hay documentos que hablan de este viñedo desde el año 1037) cuando Napoleón subastó los bienes eclesiásticos (como pasó en tantas y tantas zonas…Borgoña, por ejemplo) y en este caso, la propiedad había estado en manos del Monasterio de Saint Marien de Trier desde el siglo VI. Una vez que se subastó, el primer comprador en 1797 fue Johan-Jakob Koch, quien había pertenecido al citado Monasterio (en ese momento, el viñedo sólo tenía 18 hectáreas plantadas). Una de las hijas de Herr Koch se casó con Felix Müller en 1837 y así empezó la entrada de los Müller en esta historia, teniendo una séptima parte del viñedo ya que en total había siete hijos de Koch. Poco a poco fueron adquiriendo más viñedo y el hijo de Felix Müller cogió las riendas de la bodega en 1880: su nombre era Egon, quien pasaría a la historia como Egon I. Luego, su hijo, Egon II, cogió el mando tras la Primera Guerra Mundial, y Egon III sucedió a su padre en 1945.

Nos comentaba Egon IV, que de las 8,3 hectáreas que tienen, aún conservan algunas en pie franco plantadas, tanto en Scharzhofberger como en sus otros viñedos de Kupp y Braune Kupp; y que en 1954 llegaron a un acuerdo con la familia Le Gallais para manejar sus viñedos (quedando como una segunda bodega de Müller pero manteniendo el nombre original y con los viñedos de Braune Kupp como principal fuente de uva).

Egon Müller IV nació en 1959 y realmente trabajó con su padre hasta que en 2001 falleció, siendo realmente la primera añada elaborada por Egon Müller IV la de 1991. Nos comentaba también que trabaja en otros proyectos tanto en Australia como en Eslovaquia, siendo este último caso una elaboración interesante de Riesling seco (como luego comentaré tras probar el vino) bajo el nombre de Château Belá y cuya primera añada data de 2001.

Paseando por el viñedo nos volvió a recalcar la importancia que para ellos tiene el conseguir bajos rendimientos en la viña con esos suelos de pizarra, algo de cuarzo, y otro tipo de rocas de las que no pillé muy bien los nombres.

 Una vez terminado el paseo por la viña entramos en Weingut Müller, en un salón que tienen a mano izquierda lleno de libros antiguos y con unas butacas clásicas en donde nos dispusimos a probar una serie de botellas que Herr Müller iba sacando poco a poco con una preparación deliciosa, combinando botellas más recientes con algunas ya más envejecidas. Los tiempos de la reunión fueron precisos, con sensación de paz y sosiego, y el rato de conversación con un amabilísimo y simpático Egon IV no tiene precio. Había escuchado ciertos comentarios en otra dirección acerca del carácter de este genio del vino pero debo decir que nuestra visita fue divertida, atenta, cordial, y, en resumen, sensacional e inolvidable.

 La primera botella con la que Herr Müller apareció fue el Riesling seco de Château Belá que comentaba antes pero en este caso de la añada 2009. Es un Riesling hecho sobre suelos muy calizos en vez de sobre pizarra y la verdad es que el perfil es totalmente distinto al Riesling seco de la zona alemana en donde estábamos. Muestra una acidez cortante, abundante tanino, con aromas florales y como de talco entrando en la boca de forma plena aunque no mantiene una profundidad brutal; pero me gustó muchísimo como ejemplo de vinificación en seco. No tengo ni idea de cómo habrá sido la añada 2009 en esa zona y la verdad es que tampoco lo pregunté…pero desde luego me dejó bastante impresionado el vino.

Todo lo contrario me pasó con su Scharzhof 2009, que es el básico de la saga de Rieslings en el Saar de los Müller. Quizá la frutosidad de la añada hizo que el vino me pareciera algo fofo y tropical, resaltando más sabores y aromas dulzones y con una acidez algo más baja de lo habitual que lo compensara. No me convenció en exceso aunque no hay defectos achacables.

 Me encantó el equilibrio en la boca del siguiente vino: Scharzhofberger Kabinett 1995. Estaba todo danzando en una sintonía agradable, sin grandes estridencias en nada pero muy agradablemente armado. La sensación en nariz me dejó algo más frío ya que no acababa de despegar entre esos aromas como de peras en almibar, manzana verde, melón, y base mineral. En la boca el vino tenía una entrada suave, con un cuerpo medio y como decía antes muy bien equilibrado en todo. ¡Rico!

Enorme me pareció el Scharzhofberger Kabinett 2010 en esta añada rara en donde han tenido elevadas dosis de azúcar acompañadas de elevadas dosis de acidez (teniendo que desacidificar en muchos casos y ellos no lo hacían desde 1987). El vino era un enorme compendio de matices olfativos y gustativos, tan joven y tan cañón que habría que ver hacia dónde va…pero apunta enormes maneras. Comentó Herr Müller de ciertas similitudes entre esta añada y 1994 en su bodega…iremos viendo. Recuerdo que apunté en esa inmensa nariz notas como de miel, incluso algo de aromas mentolados, pimienta, fruta melosa, tierra…y que en la boca era para cuadrarse ante él en forma militar. En fin, chaladuras…

El Scharzhofberger Spätlese 2010 viene con 12,5 g/l de acidez y en torno a 90-100 g/l de azúcar, con una nariz tremendamente cítrica, lima, aromas como de setas, apareciendo en cuanto sube la temperatura restos de caramelo, fruto seco, etc. Compleja y cambiante por momentos. En la boca vuelve a enamorarme y a llenármela completamente de sensaciones, con gran longitud y un postgusto muy largo. Un vino muy profundo para mi gusto. Bufff, apuntan bien estos 2010 aquí!!

El Scharzhofberger Spätlese 1994 Subasta me gustó pero curiosamente lo vi algo maduro en la boca (¿será el camino de los 2010 tras ciertas similitudes como dijo?) aunque la nariz era un conjunto de asfalto y gasolina con abundante botritis por medio y fruta bien madura en almíbar…si la boca hubiera estado un poco más viva, ¡uff!

Quizá de los Spätlese el más flojo me pareció el de la soberbia añada 1999. Año de mucha botritis nos dijo y el vino presentaba una nariz algo ensuciada por una reducción que por más q intentaba que se fuera no lo conseguía. Boca petroleando y ciertamente golosa…¡más punch me hubiera gustado, con más pegada! Claro, no era plan de decirle que sacara otra botella 😉

En 2010 no hicieron ni BA (Beerenauslese) ni Eiswein pero sí TBA (Trockenbeerenauslese) y una buena muestra de Scharzhofberger Auslese 2010. Tremendamente floral y agradable, sin poner el volumen a su máxima intensidad, con gran equilibrio entre sus sensaciones, sin gritar aunque algo goloso en el punto final del paso por boca. Notas de rosas, hierba, albaricoques, manzana en compota, miel acompañaban en nariz a una boca con agradable textura y muy bebible.

Llegó el Scharzhofberger Auslese 1976…y se hizo el silencio. Nací ese año. El vino es más eterno que el que escribe. Bufff, ¡qué longitud! ¡qué plenitud!…Orgásmico. Nada más…y nada menos. Siempre se ha comentado que este año es inmenso para los vinos de esta zona y desde luego este vino (y otro que probamos en otra bodega) lo atestiguan. Se me escapaban las sensaciones…entre yodadas, volvían a minerales, miel, recuerdos como a ostras, gasolina, cítricos…y esa boca que inunda, con eléctrica acidez que hace que te pegues a la silla y digas: ¡El vino está aquí! No sé, inmenso.

 Seguimos con un Scharzhofberger Auslese Goldkapsel 2010 “Australian market con tapón de rosca” (definición personal del vino ya que es un embotellado especial para ese mercado). Tras unos inicios muy lácticos en nariz se despliega algo de hidrocarburos, y aunque muestra matices muy variados, quizá le penalizó ser servido después del monstruo anterior. Apunté notas de humedad, miel, almíbar, barro…y curiosamente algo menor de intensidad acídica que el Auslese normal, o quizá llevaba más de todo y todo se tapaba más. Sería interesante que alguien que leyera esto se fuera a Australia y consiguiera una botella para beberla conjuntamente. ¡Se lo agradezco! 😉

Y finalizamos con un Scharzhofberger Beerenauslese-Eiswein 1971 de un precioso color ambarino, con una nariz flipante de aromas salinos, yodo, ciertos toques de oxidación que me recordaba a algunos vinos del Jura, hongos…maravilloso en la boca también, eterno, largo, inmenso. Creo que el vino estaba ahora en su apogeo ya que mostraba un inmenso crisol de matices y sensaciones…¿quién dijo que los Eiswein eran para beberse pronto? Los bueno, envejecen bien…¡sólo hay que probarlos!.

No quería irme de allí…pero había que agradecer a Herr Egon Müller IV el trato recibido: ¡¡ESPECTACULAR!! y no olvidaré jamás esta velada en torno a tan buena compañia.

Alguna foto más puede verse aquí:

http://www.flickr.com/photos/iglegorburu/sets/72157627317382035/

Nos esperaban en la siguiente parada: Fritz Haag y sus finos Rieslings en Juffer y Juffer Sonnenuhr. Se lo iremos contando poco a poco.

Tan maravillosa visita merece ser acompañada por una versión inmensa que encontré hace poco de una de mis canciones favoritas de sus Satánicas Majestades. Y es que, amigos, en este caso…entre Reyes anda el juego, unos de la música y otro de la Riesling dulce (junto a los Zilliken y los Prüm, para mí el gran trío que corona a estos excelentes vinos).

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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