Reconozco que soy corto de mollera. Hay cosas que no acabo muy bien de entender.

Voy a ver si me explico  y luego podemos iniciar (o no) algún pequeño debate.

Les voy a contar un trío que se hace y existe en algunas ocasiones. También podría tratarse de una escalera con diferentes escalones, cada uno de ellos un tanto inestable. Lamento decirles a los morbosos que el trío no tiene connotaciones sexuales. Para eso hay otros espacios que seguro que encuentran más rápido. Aunque tampoco debería negarles que el argumento de esta película puede estar más vacío que cualquier versión pornográfica que se les ocurra.

Les pongo en situación. Imaginen un local nuevo abierto con pretensiones altas. Pasta por medio, capitalismo de pasarela para mostrar potencial a la vista de los posibles clientes pero de eso que luego rascas y poco queda. Pues bien, ese local tiene al frente a un “gran” equipo de profesionales y evidentemente una persona responsable del tema vínico. Muy bien.

Maravillosa situación. Modas muy pasajeras me parecen todo esto. Pan para hoy y hambre para mañana. Pero el público a la larga decide.

Vuelvo al trío. Hablas con esa persona, con la que está en el local al pie del cañón y bueno, tiene interés de hacer determinadas cosas. Pero hay un problema: La propiedad ha contratado la figura de un “experto” sumiller para que le haga la carta de vinos. Eso supone que es esa persona la responsable.

Perfecto. Eso piensa que le da renombre, prestigio y sapiencia. Todo OK.

Hablas con la gran figura y te dice que a él le gustaría hacer muchas cosas en torno al vino pero resulta que la propiedad pone límites muy restrictivos desde el punto de vista financiero, o que a lo mejor tienen algún acuerdo potente con algún grupo importante de bodegas.

Pues me parece bien. Loable. La pela es la pela. Vamos, presumir de puertas hacia fuera con el local y puesta en escena pero luego como mortadela, con perdón hacia la mortadela que no tiene culpa de nada ni vela en este entierro.

Entonces llega ese momento mágico de las clases matemáticas de ingeniería en donde hacíamos las demostraciones por medio de la reducción al absurdo. Si la propiedad es la que selecciona, ¿para qué contratar a una Gran Figura, que a la vez luego asesora al sumiller real contratado y que está al pie de calle si resulta que está ya todo cerrado y más que cerrado y no les dejan realmente trabajar?

¡Qué país!

Cada vez me gustan más los sitios en donde el dueño hace y deshace pero está al pie del cañón y pringándose. El público, a la larga, lo reconocerá.

Les dejo con algo que ha estado sonando estos días por aqui:

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

 

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