Mayo se convirtió en un mes más que interesante en cuanto a vinos probados de múltiples regiones.

Empezaré por Burdeos. Región que da que hablar siempre por sus estilos, cambios, precios y demás y que podría ser objeto de un blog único por todo lo que genera. Pero nos reunimos unos amigos en la sesión mensual correspondiente y a ciegas fuimos descorchandodiferentes vinos. Hubo alguno que salió rana (entono el mea culpa con el Figeac 1994 y su tremendo corchazo) pero también hubo otros que se bebieron y se comentaron.

Un poco ajerezado y maduro apareció el Château Lynch Bages Blanc 2002 (Pauillac) del que solamente fui capaz de distinguir aromas como de compota y hongos. Se me hizo algo pesado en la boca y más si se comparaba con el Château Talbot Caillou Blanc 1995 que, pese a ser de más edad, estaba mucho más fresco y alegre aunque tenía ciertos aromas como a alcanfort algo desconcertantes. Muy rico me pareció el Château Lagrange 1995 (St. Julien) en cuanto fue desapareciendo cierto aroma como a berberechos que ensuciaba el asunto. Joven, aún con algo de madera por integrarse pero muy rico en boca y con potencial de mejora. Si es que, en el fondo, somos impacientes…

Sorprendente por sus abundantes tostados la nariz  del  Domaine de Chevalier 2000 (Pessac-Léognan) aunque luego en boca era muy sutil y parecía otro vino…pero era como meter las fosas nasales en un tostadero y ver qué se cocía allí. Una pena. También por ese lado más abrasivo pero en menor intensidad se encontraba el Château Lynch Bages 2004 y demasiado bebible para mi y falto de alma y profundidad el Cos d’Estournel 2001 (St. Estephe)…¡quién te ha visto y quién te ve! Tánico y vegetal el Château Reignac 2001 y algo ya pasado el  Kirwan 1993 (Margaux) pese a ser una añada que a mí me ha dado grandes alegrías en los descorches aunque la gente “experta” la clasificó como muy mala. Terminamos con un Château Angelus 2001 (St. Émilion) que aunque en nariz era ahora mismo como un tomate verde en boca era tremendamente elegante y aterciopelado y me gustó (pero vamos, en otro estilo de lo que fue).

Este mes también hubo burbujas en forma de champagne. Me sorprendió el Franck Pascal Sagesse dentro de los términos en que se mueve y muy curioso esa especie de Meursault con burbujas que me resultó el Georges Laval Cumières Premier Cru Brut Nature…aunque si he de ser sincero, prefiero un buen Meursault tranquilo y seco y no espumoso. Que el L´Apôtre 2004 de David Léclapart esté bueno es algo que se podía presuponer aunque tampoco me puso la emoción al máximo y algo más flojo frente a otras burbujas de su escala me pareció su L´Amateur, así como el Harmonie de Franck Pascal. Pero bueno, se han disfrutado y afortunadamente no ha salido ninguna para el fregadero.

 

Rioja…uffff, dos apabullantes esta vez: Tondonia Gran Reserva 1954 con una boca que crujía entre las encías y te transportaba a otra dimensión, y Viña Real Reserva Especial 1962 con esa estructura y viveza marca de la casa en ese vino y en esa década. Dos vinos para el recuerdo sin ninguna duda y que los hemos disfrutado con grata compañía ambos y con el máximo disfrute. Enormes.

Duro y rocoso como una piedra pero con intensidad y buen paso por nariz y boca estuvo el Domaine Gramenon La Memé Ceps Centenaires 2006 (Côtes-du-Rhone). Ahora que está tan de moda la Garnacha (espero que no pase como lo que sucedió con el Tempranillo cuando se arrancaron otras castas para plantarla…porque aquí somos muy de modas y de ir según calienta el sol) he aquí un ejemplo delicioso de cómo se comporta esta variedad bien tratada con cepas realmente ancianas. Sin excesivo color ni capa, con soberbia acidez, tanino potentito y un final largo y con cierta caballería que invita a subirse al caballo, poner la Marsellesa a todo volumen y…¡vete tú a saber qué más!

 

De nuevo buenos momentos, aunque en menor intensidad que otras veces por una excesiva madurez de botella con el Domaine de Trevallon 1996, así como ese Ribeiro tinto que tanto nos gusta y que hace Antonio Cajide: Sameirás 2009 tinto…aunque recientemente probado el 2010 me hace aún más feliz a pesar de que es un vino que  necesita ensamblarse un poco entre la Caíño, Brencellao y Sousón…para que esos 12 graditos y esa acidez junto al tanino vigoroso que tiene ahora se fundan y lo conviertan en candidato firme al disfrute durante este verano.

La manzanilla pasada Pastrana a mí me gusta bastante y de vez en cuando la tomamos, siendo mayo el último mes en que la hemos bebido acompañada de platos de fusión en el restaurante Baco. No soy experto en maridajes, armonías o como los quieran llamar…pero me encantó.

Seguiremos bebiendo…

Les dejo con algo sabroso

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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