Hace varias semanas nos juntamos un grupo de amigos para probar algunos vinos de esta zona del noreste italiano. Sinceramente tenía previsto comentar antes las impresiones que me causaron los diferentes vinos pero entre pitos y flautas no me había sentado a ello.

No tengo mucha perspectiva con los vinos italianos y menos aún con los referentes a esta zona. Lo que había probado hasta el momento no casaba demasiado bien con mis preferencias ya que vinos demasiado pesados salvo alguna excepción era lo que casi siempre había tomado.

Para los más despistados sobre qué vinos se producen por allí, creo que siempre es bueno releer lo que publicó en su día Luis Gutiérrez en el Mundovino, que seguro que lo explica mejor y más clarito que otros:

http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=12&vs_fecha=200105&vs_noticia=989992671

http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=12&vs_fecha=200105&vs_noticia=990081110

Con ello, decidimos empezar con un Giuseppe Quintarelli Valpolicella 2001 que apreció tremendamente tímido en nariz tras el tiempo que le dimos de aireación (unas dos horas). Muchos aromas que recordaban a esas compotas que hacía mi abuela, y un poco como a manzana asada. El caso es que con ese gustillo a chocolate fundido la sensación no desagradaba pero el vino me pareció algo corto, falto de frescura y no demasiado profundo.

Un desastre fue el Brigaldara Amarone de la Valpolicella “Case Vescie” 2004 por su vertiente ligada al servicio alemán de las SS. Es decir: sobre maduración + sobre extracción. Pues eso, sin mucho más que decir.

Con enorme juventud apareció el Costasera Masi Amarone Classico 2006. Un vino voluptuoso cual curvas despiadadas que puede inducir a perderte en él pero que carece de cierta elegancia que dan otro tipo de registro. Joven, fresco, vibrante, rápido. No me hagan comparaciones que ya los veo venir…

El salto imponente de nivel llegó con el Tedeschi Capitel Monte Olmi Amarone 1999. Potentísimo vino que deslumbra con su potencia acompañado por una acidez intensa que lo hace no caer en la pesadez. Me recordaba un bocadillo de chocolate negro, acompañado por restos de especias y tomado en una habitación con ambiente ahumado. Vamos, que estoy pirao. Buen vino.

A pesar de ser del mismo año parecía más viejo que el anterior el Allegrini Amarone Classico 1999, Más pulido, más elegante, más de baile tranquilo y cuerpo más proporcionado. A mí fue el vino que más me gustó dentro de que sigo pensando que prefiero gastarme los cuartos en otras zonas… Magnífico.

Seguiremos.

Les dejo ahora con algo de música pausada para el Allegrini. Me pega un blues relajado. Si es que, en el fondo, somos muy clásicos (pero sólo en el fondo) 😉

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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