Antes que nada. Gracias señor Boyero.

Les reproduzco aquí un, para mí,  inmenso artículo publicado el pasado sábado en El País por este fantástico crítico de cine.

Léanlo que seguimos después:

Se supone que la fascinación por esa gente con algo especial, de la que no puedes ni quieres apartar la vista y el oído cuando aparecen en la pantalla, actores y actrices superdotados y cama-leónicos o que parecen limitarse a ser ellos mismos, pero con esa cosa indefinible e hipnótica (no necesariamente belleza) que les hace poderosamente distinguibles del resto de los seres humanos, es algo ancestral y permanente, aunque cada generación posea sus identificables ídolos y razones estéticas o éticas para explicar lo que simboliza esa gente, el irresistible afrodisiaco que les acompaña simbolizando los valores de una época.

Queda Kirk Douglas. Quedan Gene Hackman, Jeff Bridges y Nick Nolte

Desde mi esclerosis que se siente incapaz de comprender dónde reside el magnetismo de tanta estrella juvenil, uno puede entender sin demasiados esfuerzos los motivos por los que el público paga una entrada para ver a Clooney o a Brad Pitt (para mí, grotescos cuando intentan afearse para demostrar que tienen alma y desconocidos recursos interpretativos, como hace el paródico Pitt en Quemar después de leer y Malditos bastardos, o Clooney en Oh, brother), pero encuentra tan natural como en trance de desaparecer que la verdadera autoría para el espectador durante la época dorada del cine (o sea, del cine norteamericano, del cine a secas) la representaran efigies que hacían suyo el parlamento que habían escrito otros, que transmitían inmejorablemente lo que pretendía contar el director.

Pensaba en ello al sentir la inmarchitable presencia del devastado Kirk Douglas en la última ceremonia del Oscar. Al ver al inmenso secundario Eli Wallach recibiendo en obligado silencio junto a Coppola el homenaje de Hollywood. Y te repites con lógica, sin melancolía barata, que existió un tiempo en el que las estrellas tenían infinito fundamento. Y además, eran actores maravillosos. Transmitían aroma, galanura, estilo, sensualidad, inteligencia, hombría de bien. Es probable que fueran unos impostores o auténticos hijos de puta (Mitchum definía a Douglas como el bicho más malo que había tratado en su vida; Wilder describía a Bogart como un insoportable neurótico), pero su imagen, su personalidad, el halo que desprendían ante la cámara, la forma de ser, estar y sentir, independientemente de que dieran vida y muerte a un héroe, a un villano o la mezcla de ambos (nunca a alguien como nosotros, tan cotidianos y tan simples, tan escasamente identificables con los que encarnaban en su gestualidad y en su clase nuestros inalcanzables sueños), constituirán para siempre la esencia del cine.

Queda Douglas. Queda Gene Hackman. Quedan Jeff Bridges y Nick Nolte, mucho más jóvenes pero de esa raza. Harrison Ford pudo ser de esa raza, pero su decadencia cada vez es más antipática. A lo peor su encanto solo era físico, no moral. Cuentan que el maravilloso Gary Cooper era muy corto, pero le dirigió gente tan inteligente que jamás reflejó esas carencias.

¿A qué seres incomparables, carnales y etéreos me refiero? A Bogart, Holden, Lancaster, Mitchum, Douglas, a fulanos como los de antes, como los de siempre, los de verdad aunque encarnen ficciones.

 Muchos  os habréis preguntado ¿y éste, por qué cuelga esto?

Bueno, trataré de responder. Lo primero y más importante es porque me gusta el cine. El cine de verdad. El cine en donde los actores y actrices llenan una pantalla con su profesionalidad. El cine que se hacía despacio, con sentimiento, con pasión, con amor…Eso sí es un arte.

¿No han visto a Mitchum en La Noche del Cazador?

Me asustó ver el otro día en plena Gala de los Premios Goya la imagen del director Luis García Berlanga pasando dentro de los recordados por su fallecimiento. Aplausos.

Pero ¿cómo qué aplausos?

¡Pónganse ustedes de pie si realmente son actores, directores, guionistas, realizadores, etc. si realmente sienten pasión por lo que hacen y que en este caso se llama cine!

Vergonzoso y grotesco. Pero claro, hoy  prima eso. Igual la mitad de los que estaban allí ni sabían quién era Berlanga, Azcona, o Pepe Isbert

Hoy hay rapidez, beneficio inmediato, industria, marketing, photo call y pase de modelos, frivolidad y superficialidad. Todo con mucha silicona. Tetas gordas.

No hay pasión, ni sentimiento, hago películas como si vendo tornillos, bragas, fajas , zanahorias o pepinos. O vino.

Busco el aplauso efímero. Mamá, quiero ser un genio. Venga hijo, ¡toma!: Dos estrellas Michelín. Como dice Boyero, no encuentras ahora el fundamento de tantos galardones. Es cierto, Boyero, nos quedan pocos.

Absolutamente deplorable.

Camareros (¡ojalá fueran verdaderos camareros!) con diploma que no saben ni lo que tienen en carta. Se lo imponen. A veces no explican lo que te dan, otras te lo echan encima sin más dilación. Y algunos, hasta se sienten importantes y se creen por encima del bien y del mal. Al final, complejos.

Complejos porque necesitan del aval publicitario que les ha encumbrado tan rápido sin hacer nada. Bueno, torres más altas cayeron. Extiendan los brazos hacia muchos ramos. El vino no se salva de ello.

Cocineros con aspiraciones y que en un periodo corto de tiempo buscan la gloria. Miren, señores, la gloria no se busca, se consigue con profesionalidad, con trabajo, con esfuerzo, y con paciencia…e igual ni en vida la ven. Pero hagan su obra. Arzak lleva muchos años.

John Ford detrás, Billy Wilder, Howard Hawks, Cary Grant, o Lauren Bacall…llenan pantallas. Eli Wallach, un secundario de lujo, aquí nos descojonamos de José Luis López Vázquez. Muestra más de este país. Atraco a las tres.

No veo copas en la mesa por el simple hecho de beber vino.

Si es profesional de ésto (lo que sea), fórmese, ame lo que hace, sienta pasión en transmitir lo que siente. Y si no siente nada, dedíquese a otra cosa y deje su nómina a otro.

No podíamos acabar de otra forma, con la gente en pie:

http://www.youtube.com/watch?v=5eJidueUaS8

Ustedes verán, yo cada vez…voy menos al cine. Cojo el sacacorchos que voy a comer…

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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