marzo 2011


Empezamos estas pistas vínicas a base de Gamay con dos vinos del Domaine de Terres Dorées (Jean Paul Brun): Fleurie 2008 y Côte de Brouilly 2008. Dos Crus del Beaujolais que muestran una fase primaria realmente deliciosa. Más accesible el Fleurie pero más profundo el segundo, más golosina el primero y más rocoso el Côte de Brouilly. No sé, me gusta Brun…se puede unir a una lista con Lapierre, Desvignes, Lascombes, Foillard, etc. Afortunadamente, no todo es Beaujolais Nouveau que, incluso siendo nefasto el vino, la fiesta que crean como parte de la cultura francesa de esa zona es realmente interesante para estudiarla.

Rica sesión en Bilbao en torno a unos Burdeos que salieron bastante decentes. De los vinos probados yo destacaría al robusto Poujeaux 1999 (Moulis), al cambiante Lagrange 2002 (Saint-Julien) y al elegante Vieux Château Certan 1990 (Pomerol). Diferentes añadas, diferentes zonas, sensación final: disfrute. La verdad es que nos centramos bastante en la Cabernet Sauvignon siendo incluso el Pomerol un vino de, posiblemente, la bodega que más de esa uva usa en sus cuvées. Curiosamente, los pimientos verdes sólo se veían en la huerta…así que por favor, aprendan a madurarla y a trabajarla en condiciones aquellos que la usan para evitar esas pirazinas con esas sensaciones.

Sorpresa agradable con el Jamet 1995 de Côte Rôtie. Un vino bien vivo, recio, largo, un gustazo compartido con algún amigo y una mesa de franceses vecina. Nosotros le pasamos un Borgoña que aparecerá en las pistas de esa región. Con menos cosas pero igualmente disfrutable descorchamos el Bernard Baudry Chinon Blanc 2007, un blanco no simple y bien hecho aunque sin la complejidad del Huet Le Mont Moelleux 1erTrie 1996, que al principio era como tener una lata de mejillones encima de la mesa. Pero los vinos del Domaine Huet son Chenin Blanc de largo recorrido como creo que ya he dicho en este espacio en más de una ocasión. Y mi devoción por ellos es grande.

Muy seductora se mostró la Pinot Noir que elabora Raúl Pérez bajo el nombre de La Tentacion 2009 en el Bierzo y portentoso el vino joven riojano Lecea 2009. Una viticultura seria y razonada para un vino de trago largo que se suele decir…

Dos vinos de 1994 muy distintos: el Loira Didier Dagueneau Pur Sang 1994 maduro y casi agotado y un vibrante Dönnhoff Niederhäuser Hermanshöhle  Spätlese-Trocken 1994 del Nahe alemán. Hace poco les hablaba de unas almejas…pues fueron con este vino. Es decir, ¡orgásmico!

Overnoy Arbois Pupillin 2007 apareció raro e inexpresivo en nariz aunque en boca estaba algo mejor. Realmente es un vino que no dijo gran cosa, aunque otras botellas probadas de la misma referencia del Jura sí me han convencido más. Probaremos más.

Muy ricas las burbujas de Laherte Freres Les Clos que ya aparecieron alguna vez por aquí, así como un espectacular Weingut Prager Grüner Veltliner Smaragd Weissenkirchner Hinterkirchen 1992 que conservaba frescura, finura, delicadeza y a la vez potencia y pegada. Recientemente he regresado de la feria Prowein y un buen número de vinos austriacos he podido probar estableciendo quizá dos ligas muy diferenciadas, pero eso igual lo dejo para la siguiente entrega.

Paternina Reserva Especial 1959: simplemente soberbio. Es un vino que sorprende por su estado aunque más que de vino habría que hablar de botella a botella porque igual prueban otra y les sale rana. No sé, miren si pueden encontrar…

Rico también el Do Ferreiro Cepas Vellas 2005 con la siempre temática de que cuando a un buen albariño se le deja unos añitos en botella el resultado no suele defraudar, así como el Bürklin-Wolf Pechstein 1999 Spätlese-Trocken que, aún estando rico, no llega a otras cotas…

No me enrollo más (rico el Gran Reserva 904 de 1990 de La Rioja Alta), seguiremos y hablaremos algo de Prowein…

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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Que Pink Floyd ha sido uno de mis grupos de cabecera en lo que al disfrute musical se refiere es algo que creo que ya ha sido comentado en este espacio en más de una ocasión y por eso, la visita de Roger Waters a Madrid suponía para mí una forma excelente de acabar una tarde de viernes.

Roger fue uno de los miembros fundadores de este grupo pionero en lo que se conoció como “rock sinfónico”, creador y alma máter de muchos de sus grandes éxitos y no cabe duda que “The Wall” (El Muro) es una de sus obras más capitales.

Llegó, actuó y, para mí, venció. Pero oigan, iba ya entregado desde el principio a la causa así que no puedo ser muy objetivo. Cosa que tampoco pretendo ser.

Un set list impresionante para los amantes del trabajo de Waters que se inició con los acordes de “In the Flesh” y fue pasando por momentos inolvidables como “Another Brick In The Wall”, “Mother”, “Comfortably Numb”, una tremenda “Run like Hell”, etc.

Espectáculo visual y musical de altura. The Wall. Imprescindible dentro de la historia de la música.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Waters/levanta/apabullante/muro/Madrid/elpepucul/20110325elpepucul_21/Tes

Gracias Roger, gracias Pink Floyd. Sabemos que ya nunca habrá la soñada reunión entre Gilmour, Waters, Mason y Wright ya que el teclista falleció y no sé cómo andan ahora las relaciones entre Gilmour y Waters. Aún así, fue bonito verlos en el pasado Live Aid 2008. Les dejo una muestra de ello porque verlo y escucharlo supera a cualquier tipo de palabrería que les pueda decir. 24 minutos mágicos.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

Hace varias semanas nos juntamos un grupo de amigos para probar algunos vinos de esta zona del noreste italiano. Sinceramente tenía previsto comentar antes las impresiones que me causaron los diferentes vinos pero entre pitos y flautas no me había sentado a ello.

No tengo mucha perspectiva con los vinos italianos y menos aún con los referentes a esta zona. Lo que había probado hasta el momento no casaba demasiado bien con mis preferencias ya que vinos demasiado pesados salvo alguna excepción era lo que casi siempre había tomado.

Para los más despistados sobre qué vinos se producen por allí, creo que siempre es bueno releer lo que publicó en su día Luis Gutiérrez en el Mundovino, que seguro que lo explica mejor y más clarito que otros:

http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=12&vs_fecha=200105&vs_noticia=989992671

http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=12&vs_fecha=200105&vs_noticia=990081110

Con ello, decidimos empezar con un Giuseppe Quintarelli Valpolicella 2001 que apreció tremendamente tímido en nariz tras el tiempo que le dimos de aireación (unas dos horas). Muchos aromas que recordaban a esas compotas que hacía mi abuela, y un poco como a manzana asada. El caso es que con ese gustillo a chocolate fundido la sensación no desagradaba pero el vino me pareció algo corto, falto de frescura y no demasiado profundo.

Un desastre fue el Brigaldara Amarone de la Valpolicella “Case Vescie” 2004 por su vertiente ligada al servicio alemán de las SS. Es decir: sobre maduración + sobre extracción. Pues eso, sin mucho más que decir.

Con enorme juventud apareció el Costasera Masi Amarone Classico 2006. Un vino voluptuoso cual curvas despiadadas que puede inducir a perderte en él pero que carece de cierta elegancia que dan otro tipo de registro. Joven, fresco, vibrante, rápido. No me hagan comparaciones que ya los veo venir…

El salto imponente de nivel llegó con el Tedeschi Capitel Monte Olmi Amarone 1999. Potentísimo vino que deslumbra con su potencia acompañado por una acidez intensa que lo hace no caer en la pesadez. Me recordaba un bocadillo de chocolate negro, acompañado por restos de especias y tomado en una habitación con ambiente ahumado. Vamos, que estoy pirao. Buen vino.

A pesar de ser del mismo año parecía más viejo que el anterior el Allegrini Amarone Classico 1999, Más pulido, más elegante, más de baile tranquilo y cuerpo más proporcionado. A mí fue el vino que más me gustó dentro de que sigo pensando que prefiero gastarme los cuartos en otras zonas… Magnífico.

Seguiremos.

Les dejo ahora con algo de música pausada para el Allegrini. Me pega un blues relajado. Si es que, en el fondo, somos muy clásicos (pero sólo en el fondo) 😉

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

Hay almejas…y almejas. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Deliciosas las que hace poco degustamos en ese local del que les hablé hace poco: La Viña de Henao.

Decía mi compañero de mesa que eran “jurásicas”. ¿Cómo serían estos bivalvos en el jurásico? Éstas eran hermosas, finas, acompañadas por un sencillo refrito sin harinas ni nada por el estilo. Simples, enormes.

Luego hay almejas más complicadas. Aquí diferenciaría varios tipos.

Hay algunas que no se abren. Ellas se lo pierden…el caso es que también nos lo perdemos nosotros.

Otras se abren pero lo que hay dentro no acompaña. Tierra, sabores extraños, texturas raras. Es un claro indicio de ¡Stop!

Un mundo, esto de las almejas.

Intentaremos seguir aprendiendo

¡Qué vivan las almejas!

Para acompañarlas hoy destacaría algo así:

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

Antes que nada. Gracias señor Boyero.

Les reproduzco aquí un, para mí,  inmenso artículo publicado el pasado sábado en El País por este fantástico crítico de cine.

Léanlo que seguimos después:

Se supone que la fascinación por esa gente con algo especial, de la que no puedes ni quieres apartar la vista y el oído cuando aparecen en la pantalla, actores y actrices superdotados y cama-leónicos o que parecen limitarse a ser ellos mismos, pero con esa cosa indefinible e hipnótica (no necesariamente belleza) que les hace poderosamente distinguibles del resto de los seres humanos, es algo ancestral y permanente, aunque cada generación posea sus identificables ídolos y razones estéticas o éticas para explicar lo que simboliza esa gente, el irresistible afrodisiaco que les acompaña simbolizando los valores de una época.

Queda Kirk Douglas. Quedan Gene Hackman, Jeff Bridges y Nick Nolte

Desde mi esclerosis que se siente incapaz de comprender dónde reside el magnetismo de tanta estrella juvenil, uno puede entender sin demasiados esfuerzos los motivos por los que el público paga una entrada para ver a Clooney o a Brad Pitt (para mí, grotescos cuando intentan afearse para demostrar que tienen alma y desconocidos recursos interpretativos, como hace el paródico Pitt en Quemar después de leer y Malditos bastardos, o Clooney en Oh, brother), pero encuentra tan natural como en trance de desaparecer que la verdadera autoría para el espectador durante la época dorada del cine (o sea, del cine norteamericano, del cine a secas) la representaran efigies que hacían suyo el parlamento que habían escrito otros, que transmitían inmejorablemente lo que pretendía contar el director.

Pensaba en ello al sentir la inmarchitable presencia del devastado Kirk Douglas en la última ceremonia del Oscar. Al ver al inmenso secundario Eli Wallach recibiendo en obligado silencio junto a Coppola el homenaje de Hollywood. Y te repites con lógica, sin melancolía barata, que existió un tiempo en el que las estrellas tenían infinito fundamento. Y además, eran actores maravillosos. Transmitían aroma, galanura, estilo, sensualidad, inteligencia, hombría de bien. Es probable que fueran unos impostores o auténticos hijos de puta (Mitchum definía a Douglas como el bicho más malo que había tratado en su vida; Wilder describía a Bogart como un insoportable neurótico), pero su imagen, su personalidad, el halo que desprendían ante la cámara, la forma de ser, estar y sentir, independientemente de que dieran vida y muerte a un héroe, a un villano o la mezcla de ambos (nunca a alguien como nosotros, tan cotidianos y tan simples, tan escasamente identificables con los que encarnaban en su gestualidad y en su clase nuestros inalcanzables sueños), constituirán para siempre la esencia del cine.

Queda Douglas. Queda Gene Hackman. Quedan Jeff Bridges y Nick Nolte, mucho más jóvenes pero de esa raza. Harrison Ford pudo ser de esa raza, pero su decadencia cada vez es más antipática. A lo peor su encanto solo era físico, no moral. Cuentan que el maravilloso Gary Cooper era muy corto, pero le dirigió gente tan inteligente que jamás reflejó esas carencias.

¿A qué seres incomparables, carnales y etéreos me refiero? A Bogart, Holden, Lancaster, Mitchum, Douglas, a fulanos como los de antes, como los de siempre, los de verdad aunque encarnen ficciones.

 Muchos  os habréis preguntado ¿y éste, por qué cuelga esto?

Bueno, trataré de responder. Lo primero y más importante es porque me gusta el cine. El cine de verdad. El cine en donde los actores y actrices llenan una pantalla con su profesionalidad. El cine que se hacía despacio, con sentimiento, con pasión, con amor…Eso sí es un arte.

¿No han visto a Mitchum en La Noche del Cazador?

Me asustó ver el otro día en plena Gala de los Premios Goya la imagen del director Luis García Berlanga pasando dentro de los recordados por su fallecimiento. Aplausos.

Pero ¿cómo qué aplausos?

¡Pónganse ustedes de pie si realmente son actores, directores, guionistas, realizadores, etc. si realmente sienten pasión por lo que hacen y que en este caso se llama cine!

Vergonzoso y grotesco. Pero claro, hoy  prima eso. Igual la mitad de los que estaban allí ni sabían quién era Berlanga, Azcona, o Pepe Isbert

Hoy hay rapidez, beneficio inmediato, industria, marketing, photo call y pase de modelos, frivolidad y superficialidad. Todo con mucha silicona. Tetas gordas.

No hay pasión, ni sentimiento, hago películas como si vendo tornillos, bragas, fajas , zanahorias o pepinos. O vino.

Busco el aplauso efímero. Mamá, quiero ser un genio. Venga hijo, ¡toma!: Dos estrellas Michelín. Como dice Boyero, no encuentras ahora el fundamento de tantos galardones. Es cierto, Boyero, nos quedan pocos.

Absolutamente deplorable.

Camareros (¡ojalá fueran verdaderos camareros!) con diploma que no saben ni lo que tienen en carta. Se lo imponen. A veces no explican lo que te dan, otras te lo echan encima sin más dilación. Y algunos, hasta se sienten importantes y se creen por encima del bien y del mal. Al final, complejos.

Complejos porque necesitan del aval publicitario que les ha encumbrado tan rápido sin hacer nada. Bueno, torres más altas cayeron. Extiendan los brazos hacia muchos ramos. El vino no se salva de ello.

Cocineros con aspiraciones y que en un periodo corto de tiempo buscan la gloria. Miren, señores, la gloria no se busca, se consigue con profesionalidad, con trabajo, con esfuerzo, y con paciencia…e igual ni en vida la ven. Pero hagan su obra. Arzak lleva muchos años.

John Ford detrás, Billy Wilder, Howard Hawks, Cary Grant, o Lauren Bacall…llenan pantallas. Eli Wallach, un secundario de lujo, aquí nos descojonamos de José Luis López Vázquez. Muestra más de este país. Atraco a las tres.

No veo copas en la mesa por el simple hecho de beber vino.

Si es profesional de ésto (lo que sea), fórmese, ame lo que hace, sienta pasión en transmitir lo que siente. Y si no siente nada, dedíquese a otra cosa y deje su nómina a otro.

No podíamos acabar de otra forma, con la gente en pie:

http://www.youtube.com/watch?v=5eJidueUaS8

Ustedes verán, yo cada vez…voy menos al cine. Cojo el sacacorchos que voy a comer…

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)