Con ese intermedio que han supuesto las Nominaciones a los Premios Baba y su posterior Gran Gala de entrega, y tras felicitar a todos los premiados, retomamos las Pistas vínicas sobre aquellos vinos que han pasado por aquí, que han ido gustando en mayor o menor medida y que nunca han dejado de ser bebidos.

Podríamos empezar con una mini tanda de vinos blancos secos españoles. Me lleva esto a Galicia y a dos Denominaciones de Origen diferentes: Rías Baixas y Ribeiro. En la primera de ellas fue delicioso el descorche del Do Ferreiro Cepas Vellas 2006. Un albariño, serio, con peso y con volumen, a la vez fresco, complejo. Muy, muy bueno. Quizá mucho más interesante que el Ribeiro 1040 del 2009 que elabora Antonio Cajide (Sameirás) pero éste último muestra las hechuras de un excelente vino cuyo valor numérico en la etiqueta indica la densidad a la que el abandono del depósito se realiza para trabajar algo las lías en la barrica. A pesar de que me gusta más el Sameirás blanco normal y que no ve la madera en su elaboración este Ribeiro nos muestra un camino a seguir…ojalá se pongan las pilas muchos más productores. Material para ello hay.

Siempre hablamos de eso y del potencial de la zona. A veces es difícil llegar a consumir esas microvinificaciones que se hacen en muchos casos, otras es difícil llegar a entender una posible estructura comercial, pero ojalá exista un interés común por hacer las cosas bien y que realmente el vino se convirtiera en el gran eje del desarrollo rural de la zona. Tal y como se opera lo veo difícil pero espero que no sea una utopía.

Joya es la palabra que usaría para definir al Huet Le Mont Sec 2007. Siento predilección por los vinos de esta bodega tanto en su vertiente seca como en los vinos con más gramos/litro de azúcar en el embotellado. Este 2007 es un vino poderoso, a la vez elegante, fino, con esqueleto de guarda…y eso haremos con otras botellas. Maravilloso ejemplo de una Chenin seca en la zona de Vouvray dentro del Loira.

El Huet Le Haut Lieu Demi-Sec 1971 es un vino de los que podrías estar una tarde con él, ponerte una película de John Ford, Billy Wilder o Berlanga y luego ya de paso poner la cinta de alguna Copa de Europa que ganó el Real Madrid. Es decir, todo emocionante. 🙂

Algunas veces ha salido el Domaine Huet por este espacio y sin duda son vinos que respeto, admiro, compro y bebo. Me gustaría algún día poder hacer una extensa retrospectiva de ellos usando el sacacorchos.

Del lado de la Riesling hemos tenido diferentes encuentros. Para mí, el máximo disfrute vino con un Maximin Grünhaus Abtsberg Spätlese 1993. Realmente un vino emocionante, joven, directo, complejo, largo…Me pareció una obra maestra. Muy bueno pero algo inferior estaba el Bürklin-Wolf Pechstein Spätlese-Trocken 1999 aunque la combinación con una crema de calabaza fue sumamente orgásmica. Yo no tengo ni idea de la ortodoxia entre los maridajes, armonías o combinaciones posibles…pero sé lo que me produce o no placer. Y eso estaba buenísimo. Y también francamente rico el Egon Muller Scharzhofberger Auslese Tonel #27 1988 aunque no mostraba para mí esa rotundidad del Abtsberg. Se tomó junto al Chenin del 71 como colofón de una buena jornada y quedó un poco ensombrecido ante la complejidad y elegancia del Huet.

Muy interesante también fue una degustación que tuvimos por parte del equipo de Vinialia y su recientemente adquirida bodega para importar en España (¡ya era hora! :-)): Forstmeister Geltz-Zilliken. Por aquí han salido a veces vinos antiguos de esta bodega por la que un servidor tiene predilección desde hace bastantes años, especialmente en aquellos vinos con bastante azúcar residual, y siempre es una alegría que ya estén sus vinos disponibles en España y, además, gracias a unos buenos amigos como son Lluís y Damià de Vinialia.

Los vinos probados fueron:

Riesling Butterfly 2009: quizá el vino que menos me gustó de la jornada. Es la puerta de entrada al estilo de la bodega pero de una forma algo sencilla, simple, bien hecha pero no demasiado compleja.

Saarburger Rausch Kabinett 2008 es para mí un maravilloso ejemplo de Riesling a este nivel de azúcar. Portentosa nariz en su finura y discrección, no apta para los amantes de la silicona falsa. Y en boca es una gozadita…Aunque pienso que no llega al nivel del Spätlese ahora está más disfrutable.

Saarburger Rausch Spätlese 2009 me pareció algo goloso en su tacto, intenso, opulento, más hacia el lado Samantha Fox que hacia el de Grace Kelly. Andaban un poco despistadas las diferentes partes…pero si somos pacientes los vinos de esta bodega ofrecen sensaciones apoteósicas. Es lo que pasó con el Spätlese del 2002: soberbio de principio a fin desde mi punto de vista. Prueben y a ver qué les parece.

Hubo cierto debate con el seco de Rausch Grosses Gewachs 2009. En el Saar es chungo hacer este tipo de vinos pero a mí la verdad es que me pareció otro vinazo de los Zilliken dentro de lo que se puede esperar en esta región.

El Saarburger Rausch Auslese 1993 que completó la jornada estaba algo raro. Lo dejaremos en “stand by”…

Ricas también las burbujas del Drappier Grande Sendrée 2002, un champagne bien equilibrado, fresco, con buena integración del carbónico. Sin aspavientos…

Por aquí abandonamos ya la parte de blancos (la vertiente borgoñona irá a sus correspondientes pistas en la otra ventanita) y nos metemos en los tintos.

En primer lugar agradecer de nuevo a Vinialia y a Goyo García Viadero que me invitasen a poder degustar sus vinos en aquella sesión en donde Valdeolmos 2009, Viñas de Angüix 2008 y 2009, Valdeolmos 2008, El Peruco 2009 fueron descorchados.

Es de agradecer que existan viticultores como Goyo que pretendan recuperar una Ribera que no debería haber sido alejada de estos patrones. Inversiones monstruosas en donde lo que menos importa es el propio vino, vinos impotables, y mucha fachada para la prensa rosa o amarilla no deberían haber escondido jamás a una Ribera compleja, profunda, estructurada y con vinos soberbios a partir de una excelente uva. Poco a poco hay que volver…si se puede. Recuerdo vinos de la zona de los años 70, 60, primeros de los 80 en donde la forma de trabajar era muy diferente ya que había pocas bodegas, escogían buena uva y hacían vinos deliciosos. Posiblemente esto no vuelva a suceder jamás pero el suicidio en el que se ha convertido mucho de esta Denominación hace pensar que ya peor no se pueden hacer las cosas. Así que a partir de aquí, la curva debe ser ascendente.

Potente en la nariz y más delicado en la boca apareció el Malbec  argentino de Bodega Séptima “Los Pasos” 2005. La gama aromática varía desde la fruta negra muy potente hasta restos acaramelados y especiados pero afortunadamente se disfruta muy bien. Este vino de la zona de Mendoza muestra corpulencia (y no sólo en el vidrio que lo contiene) pero a la vez mantiene cierto nervio y tensión que hace que el bombilla no esté fundida.

Realmente vivo en la boca y no tan intenso en la nariz estaba el Blecua 2001 del Somontano. No sé muy bien qué ha pasado con este proyecto pero el vino aún está ahí y sin síntomas de verse agotado. Acompañó bien una comida ampliamente variada en cuanto a diversidad de platos.

Seguiremos…

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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