Acudir a Bilbao siempre es un placer para el que escribe. He conocido diferentes estampas de este “hoyo” desde diversos puntos de vista ya que hay lazos familiares que me unen mucho al Botxo y además hay que unir que determinadas amistades convierten cada visita en una delicia.

 Es una ciudad que ha cambiado mucho en los últimos años dejando paso a un Bilbao más servicial y menos industrial. Pero la fama del buen comer aún se mantiene. Mucha de la actividad social y económica del País Vasco se centra alrededor de la gastronomía y, generalmente, un buen producto siempre ha sido la base primordial de la cocina vasca.

En una de mis últimas visitas, Alberto, buen amigo y gran aficionado a la gastronomía y al vino me hizo de guía buscando rincones en donde los maquillajes no están permitidos. En este sentido aparece un pequeño local (no más de unas 6 mesas) con aspecto de antigua tasca de barrio en donde la experiencia culinaria en torno a una cocina de gran producto puede convertirse en una sesión maravillosa: La Viña de Henao (C/Henao, 27)

No esperen ninguna concesión a un ambiente sofisticado. Aquí se viene a comer.

Unos tomates de Castro, o unas buenas anchoas rebozadas, o unas almejas, o unos callos y morros. Como ven, platos simples. Y es que lo difícil es conseguir una excelente materia prima, elaborarla correctamente y dejar que los sentidos hagan el resto. Si van igual se encuentran a políticos o a miembros de la Corona en visitas varias pero yo les recomiendo, si me lo permiten, que mejor se encuentren con un tomate, una anchoa o un pedacito de ese mar Cantábrico que tanta satisfacción da con sus habitantes.

Creo que volveré pronto con el mismo guía. La experiencia merece retornar a esos sabores casi perdidos y convertir esa jornada en un deleite para los sentidos pero, sobre todo, en una nueva ocasión para compartir amistad en torno a una buena mesa. Eso no tiene precio.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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