Una de las últimas reuniones que tuve con algunos amigos apasionados en esto del descorche nos llevó a probar diferentes botellas del año 1996 de Barolos. Venían comentando los grandes prescriptores y conocedores de la región la grandeza de la añada con sus excelentes vinos cuyo resultado había dado un buen extracto y un más que aceptable contenido fenólico. Desafortunadamente no había tenido la ocasión de probar muchos vinos de esa región del Piamonte en esa añada como para sacar una mera conclusión personal  y ahora sí se presentaba la ocasión de probar algunos de estos Barolos y ver cómo van evolucionando unos vinos hechos, en teoría, para guardar mucho tiempo y cuyas cotas más altas las alcanzan bajo años de guarda en botella.

Tras la cata mis impresiones van a definir la añada como clásica si comparamos frente a algunos descorches que se han hecho de 1997. Aquellos que prefieran más el Barolo modernete vayan más a por 1997 que a por 1996. Esta añada probada muestra para mi menos extremos en elaboraciones, algo más de regularidad desde el punto de vista clásico, e incluso un mayor desarrollo futuro porque me parece que va más cargada polifenólicamente. Tampoco me hagan mucho caso en mis apreciaciones porque son totalmente subjetivas tras el momento de probar varios vinos.

La jornada se dividió en 13 vinos, de los cuales 7 fueron probados por la mañana antes de comer y los otros 6 restantes se degustaron por la tarde.

El orden e impresiones de los siete primeros fueron las siguientes:

Michele Chiarlo Cerequio 1996: Tras una nariz deplorable inundada de porquería la boca mostraba bastante buen equilibrio aunque para mi sobresalía algo el tanino proporcionado por la madera. No me pareció algo sumamente complejo pero sí el más bebible en este momento en la primera tanda. Alguno dijo que era una expresión bastante clásica de un buen Barolo. Debía ser ebanista.

Enzo Boglieti Brunate 1996: Tan marcado por la madera que me pareció una sopa de roble realmente asquerosa. Sin frescura, sin desviaciones en sus registros. Para eso, un helado de vainilla con café me da más placer.

Marcarini Brunate 1996: Estupendo en sus inicios con una nariz compleja y muy intensa. Trufas, flores secas, fruta negra, café, ceniza…En boca es como una piedra porque viene cargado de acidez y tanino hasta las trancas, pero es realmente profundo, largo, complejo y con mucho que dar aún. Muy bueno. Al supuesto “ebanista” del primer vino le estampamos éste como un mejor ejemplo de un buen Barolo clásico. Cuestión de gustos, sin duda. Respetables todos.

Aldo Conterno Bussia Soprana 1996: Al estilo Motorhead…potente, abrumador, pero a mí me resulta aburrido. Tendrá éxito seguro entre mucha gente pero si busca algo de delicadeza vayan por otros derroteros. Tanto roble amarga a una buena materia prima…

Giuseppe Mascarello Monprivato 1996: He aquí otra delicia tánica, acídica, compleja y profunda. Madera bien trabajada, con nariz deambulando entre múltiples registros a medida que el aire actúa. La gente decía que demandaba más paciencia en botella…no lo dudo, pero tras varios tragos me di cuenta que no tenía nada en la copa. No me apetecía esperar. Estaba delicioso a pesar de que como dicen los que saben no estuviera en tan buen momento de consumo. Bueno, perdonen entonces por beberlo.

Fratello Cavallotto Riserva Vignolo 1996: Otro magnífico ejemplo de un Barolo profundo. Con concentración pero sin saturación, con longitud pero disfrutando paso a paso de cada elemento bien puesto en buena sintonía orquestal. Delicioso.

Elio Grasso Gavarini Vigna Chiniera 1996: Cuando uno había probado los dos anteriores…¿por qué sufrir probando éste? Me pregunto si ese toque dulzón es siempre así…Aburrido, monótono y perfectamente olvidable salvo para aquellos que quieran hacerse un poco caramelo con él. Como regalo a la ex-pareja tras un divorcio también puede servir.

La segunda tanda empezó realmente deliciosa:

Mosconi Bussia Soprana 1996: No me pareció un Barolo elegante pero sí de aquellos muy rústicos pero bien resueltos. Era masticar uva en un estado algo brutal pero realmente interesante. Un buen ejemplo para ver cómo sabe la Nebbiolo en estado puro y sin afinar. Abstenerse aquellos que el componente acído no lo toleren bien.

Paolo Scavino Bric del Fiasc 1996: La gente lo alabó mucho como perfecto ejemplo de un buen Barolo moderno. La verdad es que dudé si era del Piamonte o de Australia…Pedí agua para salir de dudas, limpiarme la boca y algunas copas.

Giacomo Conterno Monfortino Riserva 1996: Un vino tímido en nariz, no especialmente intenso, pero sí muy complejo y sutil. La boca fue la más impresionante de ambas sesiones. Equilibrio, pureza, complejidad, con una profundidad y longitud alucinantes. Si la nariz me pareció tonta, la boca era lista…Delicioso.

Vietti Rocche 1996: Me gustó dentro de ese camino intermedio que me daba a entender ese vino. Estaba todo muy buen puesto en su sitio sin desentonar nada en su desarrollo. No era ni el más intenso, ni el más profundo, ni el más complejo, pero tampoco era el más estridente. La nariz era un buen amalgama de sensaciones y aunque en la boca la juventud era patente, creo que hay buena materia para un mayor desarrollo posterior. Me gustó mucho.

Gianfranco Bovio Vigna Gattera 1996: Volvemos al sufrimiento. Muy marcado por la parte tánica del equilibrio. Podría ser usado como un buen anestésico bucal. No pude con él…

Aldo Conterno Cicala 1996: Bastante mejor que el otro vino de este elaborador que probamos. Mucho más comedido y equilibrado, con una potente nariz atrufada que podría hacer presagiar una boca también contundente pero es una buena armonía a pesar de marcarse algo todavía ese brutal tanino. Aún así, me gustó mucho más que el BS

En general, buenas sensaciones ante lo probado de esta añada sobre todo en aquellos elaboradores con un estilo más clásico. Habrá que probar más para poder ver si seguimos opinando igual o no.

Creo que esta buena añada se merece algo de buena música…tarde lluviosa, un buen Barolo y de fondo algo así:

 Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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