El otoño ya está aquí. La estación del año que a mí me resulta más bonita por, entre otras cosas, los colores que la naturaleza toma se nos presenta de una forma interesante y seguro que depara descorches deliciosos (o no) pero mientras esto llega hay que ir liquidando el mes de Septiembre. Un mes en el que la rutina del trabajo cotidiano vuelve a acomodarse en la mayoría de los hogares y todo parece que vuelve a la normalidad tras la vuelta vacacional (afortunados).

Septiembre ha llegado a su fin con no demasiado vino ingerido aunque sí con algunas cosas que pienso que son interesantes y que sí hay que seguirles las pista en este espacio de disfrute. Como saben los que siguen habitualmente este blog, a primeros de mes apareció su hermanito dedicado exclusivamente a hablar de Borgoña y es por ello que aquí no encontrarán vinos de esa región ya que irán apareciendo en el otro espacio. Decirles solamente que sí se han bebido algunos siendo muy disfrutables en varios casos y no tanto en otros. Pero bueno, eso es otro tema.

Curiosamente, este mes vuelve a empezar con un vino con burbujas. Champagne…esa región en donde hay grandes volúmenes y luego pequeñas casas con producciones tan ridículas que se asemejan a alguna zona más del sur que ya conocemos. Debería beber más champagne, lo reconozco, pero es que no llego a todo. Rico apareció el Egly-Ouriet Vieillisiment Prolongé (V.P.) Grand Cru, con su mayoría de Pinot Noir frente a la Chardonnay. Me gustó no porque fuera un champagne no demasiado intenso, si no porque era sutil y elegante, quizá no demasiado evidente ni apto para quien busca la inmediatez en la copa pero con una complejidad y profundidad que hizo las delicias de todos los que lo disfrutamos. Les digo que lo acompañamos con un tomate…

Curiosidad también me pareció el San Pedro de Yacochuya 2009. Un delicioso Torrontés argentino de altura. Esos metros a los que se sitúa el viñedo hace que el vino no caiga hacia la gordura y el aspecto fofo que podrían dar esos pequeños azúcares residuales que se mantienen en la botella. Como apertura de mente me parece divertido. Lástima que no tenga más acceso a probar algunas cosas del Nuevo Mundo para hacerme una idea más clara de lo que se cuece por allí.

El Oloroso Viejo V.O.R.S de El Maestro Sierra fue otro vino de esos para tomar con calma. Siempre recordaré mis escapadas a ese vetusto local que se llama La Venencia (C/Echegaray) en Madrid junto a mi abuelo a tomar algún oloroso y/o palo cortado junto a una tapita de mojama. Este vino me transportó a esas sensaciones. No es el mejor oloroso que he probado pero la sensación de armonía sobre todo en la boca agradeció el haber descorchado la botella.

Más cosas en torno a Rioja y una excelente jornada en el Restaurante El Candil de Salamanca. Nos juntamos allí unos cuantos amigos e hicimos algo en torno a Monte Real de Bodegas Riojanas:

Reserva 1964

Reserva 1966

Cosecha 1968

Gran Reserva 1970

Reserva 2003

Cuatro apuntes rápidos. 1964 y 1970 puramente deliciosos, especialmente el primero. Viveza, finura, equilibrio, amplitud…eran vocablos que se oían a los amigos presentes en la jornada preparada. Los otros dos de la década de los 60’s pienso que pierden en la comparativa. Tenían menos “chicha”, más acuosos, deslabazados y quizá ya en su fase más declinatoria. ¡Cosas de las comparaciones!…y ya con estos años detrás cada botella es un mundo en sí mismo.

Respecto al 2003, que quieren que les diga…un Reserva correcto para ponerlo en un lineal, en un estilo diferente que seguro que gusta a muchas personas pero que creo que pierde la esencia de lo que fueron y de su concepción en la elaboración.

Debo ser justo y decir que pedí información a la bodega y el caso que me hicieron fue nulo a pesar de que inicialmente me dijeron que me darían información. En fin, se ve que no les interesa lo que puedan deparar vinos que forman parte de su historia pero que ya son incapaces de reproducirlos por motivos varios. Da igual. Yo no soy cliente de ellos.

Rico, cambiante y complejo fue el Pur Sang 1994 de Didier Dagueneau en el Valle del Loira. Color algo evolucionado y una nariz tan melosa como el plato de pasta que lo acompañó en una noche bonita en Bilbao. ¡Miren que ha cambiado esta ciudad! El día que preste algo más de atención al tema vínico más allá del chateo el resultado puede ser espectacular. No he tenido muchas oportunidades de probar vinos con años detrás del difunto e “imberbe” Didier pero las ocasiones que han aparecido…ninguna ha defraudado. Por mi corta experiencia personal creo que son vinos que expresan más en el gusto que en el olfato, que mantienen un nervio poderoso en el paso por boca y que dejan un gusto tremendamente agradable y elegante. No digo que no huelan…(que luego hay quien toma mis palabras con sentidos erróneos). Una delicia.

Por ahora no les cuento más…igual en Octubre salen más botellas interesantes. O no.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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