Comentaba hace poco en una de esas redes sociales lo poco que me gustaban aquellos modelos vitícola-enológicos basados en diferenciaciones tecnólogicas. Es que pienso que tienen poco que ofrecer.

El motivo de este desengaño es bastante simple y, creo, lógico. Piensen en una bodega que es la última novedad en cuanto a técnicas de vinificación, lo publicita y ofrece un método de diferenciación basado en ello. Pues oiga, pienso que al mes eso que igual se hace, por ejemplo, en Chile (por poner un país) se puede reproducir en Burdeos, en Valdepeñas, en Ponferrada o en cualquier bodega neozelandesa. La técnica es copiable y reproducible de unas zonas a otras.

Por eso, lo único que no se puede copiar ni reproducir son las características climáticas y edafológicas de cada región determinada y que hacen que esas zonas tengan su propia idiosincrasia, su determinada personalidad, su “algo que ofrecer”.

Es en esa dirección donde creo que debe basarse la diferenciación vínica. No digo que haya zonas mejores ni peores, pero sí las hay diferentes y el abanico es amplio para que un consumidor medio como es mi caso pueda optar a probar, conocer, y beber vinos diferenciados.

¿No piensan que un modelo basado en innovaciones técnicas es facilmente copiable y a la vez agotable en poco espaco de tiempo?

Les dejo con esta pregunta y cuestión en el aire, estaré unos días fuera pateando algunas parcelas y visitando algunas bodegas que precisamente no son “fábricas” tecnológicas…y a la vuelta seguimos.

Disfruten también con algo de música. Hoy me apetece algo sin mucha industria ni técnica sofisticada detrás. Rock puro.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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