Que en la capital del mundo mundial, es decir, en Bilbao, se ha comido generalmente bien es algo que no tengo que decírselo porque seguro que lo han palpado alguna vez “in situ” o lo han oído en múltiples ocasiones. Que últimamente la gastronomía bilbaína se ha visto ensombrecida y superada por la de sus vecinos guipuzcoanos también creo que es un hecho evidente como demuestra la excelente oferta gastronómica que se puede disfrutar a todos los niveles, culinarios y económicos, en la provincia vecina a la del Botxo.

Pero oigan, hay esperanza de un resurgir. A los ya archiconocidos del Guggenheim, Yandiola, Boroa y demás, les recomiendo que sumen una dirección espectacular donde el ir a comer o a cenar es una auténtica fiesta y deleite para los sentidos.

Su nombre: Mina.

Su localización: Marzana Kaia s/n.

Como ven, quizá ése sea su punto más débil: el acceso y localización…pero ¿qué pasaría si este deleite gastronómico se encontrase situado en alguna de las calles más señoriales de Bilbao? Pregunten a su bolsillo y luego me dicen qué les ha respondido. Pero les aseguro que si llegan hasta él, el espectáculo para mi merece la pena. Y además, cenar junto a la ría con el Mercado de la Ribera mirándote fijamente mientras se remodela su imagen, tampoco está mal.

En Mina estuvimos unos amigos y nos dieron a elegir el menú corto o el menú largo que disponen. Estando en Bilbao, lo de elegir el corto hubiera sido una renuncia a nuestra filosofía, así que le dimos opción al disfrute durante una noche a base del menú largo.

Les detallaré a continuación el menú pero el trabajo de Álvaro en cocina y de Lara en la sala es encomiable, con ganas de agradar, con un saber estar y simpatía en las explicaciones apabullante y con un resultado final excelente. A mí me han ganado para la causa :-). ¡Gracias por todo!

Empezamos con una “Crema de queso carranzano con sardina en salazón y confitura de tomate”. Gran descubrimiento para mi ese queso de la zona de Las Encartaciones, la más rural de la provincia, que completa una combinación explosiva. Estuvo explicándonos Álvaro lo tradicional de su fabricación y la verdad es que el resultado del plato es encomiable.

Continuamos con “Mejillón con pulpa de tomate picante, algas y jugo de coco y citronela”. Un plato que desde mi punto de vista podría resultar fácilmente destrozable por la unión del picante y el punto del coco ya que si se sobrepasa alguno de los sabores en exceso el resultado desmerecería bastante, pero Álvaro logra conseguir esa palabra tan difícil que se llama equilibrio y la combinación es explosiva y deliciosa.

Seguimos con “Foie pochado en cerveza negra con txangurro”. Para llorar de lo bueno que estaba…Un Foie que si hubiera ido sólo no duden que un buen Sauternes le acompañaría bien, pero al ir con lo que iba, un 2001 que bebimos y que abajo se lo detallo creo que encajaba más y mejor. Fantástico.

Y no menos espectacular (para mí fue el plato de la noche) la “Presa de cerdo ibérico con nata fresca y nuez moscada”. La nata era un auténtico show de finura, cogida de un caserío cercano y suavemente tratada sobre la pieza de fresa hacían una combinación inolvidable.

 

Luego vino la tremenda “Vieira asada sobre papada de cerdo, crema de patata y frutos secos”. Me dirán que no pongo “peros”…¡es que estaba muy bueno oiga!. Pues eso, tremenda.

Sí comentamos en el siguiente plato que en los “Salmonetes acompañados de salsa de mostaza y verduritas de temporada” se perdía un poco el sabor excelente del salmonete por el toque de la mostaza. Si por mi fuera, dejaría sólo al salmonete…que ya de por sí da mucho juego para aquellos que nos encanta este pescado.

 

Liquidamos la “Molleja de ternera asada con anguila ahumada, café y pan de especias” de una forma que aluciné ante la molleja y ante la anguila ahumada servida en pequeñas dosis pero de una factura alucinante. ¡Incluso alguien quería un bocadillo con esa anguila!

 

Y para terminar, dimos buena cuenta de un excelente “Pichón de  Bresse asado con setas y crema de manzana”. Muchas veces me he encontrado con pichones duros y mal acabados. En este caso, simplemente perfecto.

Como ven, no creo que haga falta decirles que lo pasamos bomba comiendo y hablando con Álvaro y Lara. Concluimos con dos postres muy originales (de hecho Álvaro ha trabajado, entre otros, en el Espai Sucre barcelonés y con el maestro Paco Torreblanca):

“Ron granizado, limón helado” y “Sabayón de azúcar moscovado con mandarina”

  

Respecto al tema vínico, debo decir que aportamos nosotros las botellas y que me parece una opción perfecta que admitan el descorche (creo recordar que sobre 8-9 €/botella) aunque luego Álvaro nos enseñó la bodega de su restaurante bien mantenida por una humedad de la “mina”, ya que allí antes había zonas de explotación de hierro y queda buena cobertura de piedras para mantener un espacio muy digno y agradable. Se muestran ciertas inquietudes enológicas para tener cosas interesantes aunque animo a Álvaro y a Lara a que vayan renovando su bodega y la hagan más acorde con el nivel de su cocina. Seguro que, a la larga, el público se lo vamos a agradecer.

Por nuestra parte servimos primero un CVNE Imperial 1959. De nuevo me encontraba ante este vino y de nuevo el disfrute ha sido extremo. Lo definiría como un vino “reconciliador”. Esta reconciliación la pongo de manifiesto porque creo que la botella nos trae una Rioja fina y elegante, pero a la vez una Rioja que aguanta en una comida, que va a más, que muestra gran complejidad en matices, que va y vuelve sin cansarte, que se desarrolla mucho en la nariz pero que luego en la boca muestra un disfrute enorme, y que pienso que puede reconciliar con esta zona a aquellos que no se llevaban muy bien con la misma debido a ciertos “engendros enológicos” que han ido apareciendo en los últimos tiempos.

Servimos posteriormente, aunque mantuvimos copas con todos los vinos en la mesa, un Dönnhoff Niederhäuser Hermannshöhle Spätlese-Trocken 2001. Decantado previamente el vino iba a más, y a más, y a más y a más…Un misil de Riesling de Nahe, complejo en nariz (no me pregunten a qué olía porque olía a muchas cosas entre flores, talco, cítricos, ahumado, hidrocarburos) y un filón en boca. Pero ante todo algo que me apasiona en un vino era lo que comentaba antes en la comida: el equilibrio. Esto era como un carrusel de sensaciones pero perfectamente equilibrado todo, sin altibajos…Maravilloso.

Y el último vino fue un Dr. Bürklin-Wolf Forster Kirchenstück Riesling Auslese 1971. ¡Dios!…si hubiera sido más delgado me hubiera metido en el decantador a nadar sobre este vino. Maravilloso color ambarino, maravillosa nariz de nuevo llena de sensaciones entre amieladas, orejones, compota de melocotón…y mantenido luego por un paso por boca espectacular. Creo que, y sin ánimo de repetirme mucho, es la consecución de nuevo de ese equilibrio dulzor-acidez-amargor lo que hace que el disfrute haya sido inmenso. Y es que no se crean que conseguir eso es fácil. Quizá sea uno de los Riesling más viejecitos que haya probado (cinco años más viejo que cuando nací) y desde luego, se encuentra más joven que el bebedor.

Fin de fiesta y agradecer a los amigos el poder compartir estas cosas, a todo el equipo de Mina el trato recibido y espero repetir en breve, que así será. De verdad, que si ya cualquier excusa me servía para ir a Bilbao (más allá de las familiares), una más se suma a la lista.

Si tuviera que definir la jornada, volvería a usar esa palabra mágica: Equilibrio.

Un verdadero placer y descubrimiento.

Un saludo

…………………………..

The Show Must Go On (Queen)

Anuncios