Últimamente pocas cartas de vino en restaurantes me paro a ojear porque el resultado no suele ser francamente interesante salvo excepciones. A veces no vienen bien documentadas, o con añadas y precios incorrectas, otras no aparece un orden lógico o vaya usted a saber qué criterio se ha seguido para confeccionarla.

Me recuerda esto a aquel video de Joy Division en donde puedes flotar en el espacio de la carta sin sentir nada debajo dentro del completo desorden:

No se piensen que quiero que me traigan una Biblia llena de vinos. No. Me refiero a cartas interesantes, bien confeccionadas, que igual con 20 vinos dan más de sí que con 200. Pero que impere cierta lógica, interés y sensibilidad hacia lo que se quiere ofrecer.

Evidentemente me refiero a locales en donde, a priori, se dice que se tiene cierto interés por el vino. Pues que se demuestre, y se sea cabal, sensato, y no demasiado oportunista.

No sé, no me dedico a confeccionar cartas de vino para hostelería y aquí es donde veo varios problemas. Conozco hosteleros que se desentienden del tema y ceden a una distribuidora el hecho de que les cree una carta de vinos. Para mí es un grave error ya que tu negocio lo gestionas tú, no otros. Si yo tuviera un establecimiento hostelero en donde se sirviera vino, desde luego no lo haría.

Por otro lado, algunos de estos distribuidores (¿o debería llamarlos tiburones?) aprovechan esta situación para desembarcar con todo su catálogo en la carta. Grave error y grave falta de sensatez y de conocimientos. Lo lógico es que, si es una persona medianamente inteligente, ofrezca una carta variada con referencias no uniformes y que, a lo mejor, algunos de ellos son distribuidos por otra empresa. Pero claro, ¡cómo va a hacer esa distribuidora esa locura! Bueno, la seriedad de cada uno se aprecia a largo plazo.

Pienso que debe ser el hostelero (o el encargado de la bodega del restaurante si es que existe esta figura) el que se debe preocupar por saber qué quiere tener y qué quiere ofrecer a sus clientes y por qué. Ahí, sí puede pedir asesoramiento a varias casas de distribución sobre determinados vinos.

Claro, para eso hace falta algo de interés, de preocupación, de estudio, y hoy en día esto está bastante ausente de muchos profesionales que se definen como tal en el mundo de la restauración.

Complicado está el tema…así que a veces no nos queda más remedio que, o beber otra cosa, o preguntar si podemos llevar un vino nosotros. Ambas opciones a veces son las mejores.

Desde aquí, animamos a todos los jóvenes que están estudiando para estos temas en las Escuelas de Hostelería o demás instituciones que no pierdan el desánimo, que no sean conformistas y que se involucren, si les dejan, en ello. Creo que a la larga obtendrán una buena y plena satisfacción por un trabajo bien realizado. Y eso, sin duda, acerca a la felicidad.

¿Seré un iluso? No creo, porque casos así los hay…Solamente animamos a que haya más.

Les dejo con algo para que se animen. Siempre me gustó este tema:

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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