¡Madre mía! ¡Qué orgía!

Nada que envidiar a esas que monta Berlusconi en su famoso “picadero” mediterráneo, o a aquéllas supuestas señoritas con las que se obsequiaban a los políticos de turno, o incluso les diría que hemos superado las sesiones de sadomasoquismo que tanto le gusta al señor Mosley de la Fórmula 1.

Aquí le hemos dado a la vez a una blanca y a una negra ya que no somos racistas. Toma y toma, cambiando según iba apeteciendo, ahora la blanca, ahora la negra. Y las dos daban placer, oigan. Pero además un placer del bueno, sin dolor. Puro disfrute, que no hemos venido aquí a sufrir que diría mi difunta abuela.

La blanca empezó más fina desde el principio, la negra estaba bastante guarrindonga en la primera hora y media de sesión. Tranquilos, hemos aguantado sin necesidad de más estimulantes. Ambas eran dos impresionante ejemplares. ¡Qué boca tenían! Me río yo de las que van con silicona en los labios…,es decir, retocadas artificialmente. Con esa boca hacían maravillas y no creo que nadie se pudiera resistir a sus encantos. Hemos caído en una espiral de lujuria de la que no queremos salir.

Han sido cinco horas de puro vicio. Y salimos intactos, inmaculados, satisfechos de la blanca y de la negra. Tampoco queríamos más. Más valen dos bien aprovechadas a las que se les pueda exprimir todo que empezar a usar demasiadas de golpe y no poder dedicarlas el tiempo que se merecen.

Ya saben que en los momentos de excitación uno puede llegar a decir tonterías, incluso a pedir matrimonio. Pero nos hemos mantenido fieles, cumpliendo.

En las dos se nos rompió la “caperuza” antes de echar el líquido. ¡Ojo, no piensen mal! Que si lo lee un cura igual se escandaliza y me mandan al infierno. Bueno, pues voy, que no me importa ehhh. Debe existir gente interesante por ahí abajo, y bastante diversión.

Pero esa rotura no implicó nada grave. No ha habido embarazos por medio. Nada.

Se me olvidó decirles los nombres de toda esta entrada metafórica. La botella blanca era Castillo de Ygay Blanco Reserva Especial 1940. La botella negra era Castillo de Ygay Tinto Reserva Especial 1925.

Ven, ya pueden respirar tranquilos. Era solamente vino. O incluso, más. Era VINO.

Perdonen por si esperaban que saliera otra cosa, pero todo esto era simplemente para decir lo impresionante que estaban estos dos vinos. Exponentes de una Rioja apabullante e inolvidable, elevada a lo máximo que uno puede aspirar en forma de botella.

 

 

Gracias amigos por compartirlo. Un verdadero placer junto a unas viandas tremendamente deliciosas, una compañía aún más grata, y una conversación pausada que hizo la sesión realmente confortable.

Me apunto a más orgías de este calibre…

Por acabar, algo de lo que sonó mientras los disfrutábamos y que siempre me ha gustado en exceso:

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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