Eran las once de la noche aproximadamente cuando una cita me esperaba. Había hecho bastante calor durante el día y me había recorrido más de 350 km para estar con ella. Ansiaba poder encontrármela.

Había esperado bastante esa cita. Días, meses, años…Ella no me podría fallar esta vez.

Llegué y bajé donde me dijeron que estaba. La vi de lejos. Vestida con un diseño un tanto barroco, pero sin mostrar toda la belleza que lleva dentro. Poco tardaría en hacerlo.

A medida que se fue acercando a mí me fue pareciendo que era aún más bella de lo que había imaginado. Presentaba unos hombros desnudos, no muy prominentes, acristalados, y que parecían que la restaban importancia. La quité el sombrero y su fragancia empezó a asomar. Olía a un perfume curioso, diferente cada vez que acercaba mi nariz a ella, intenso y como una conjunción que mezclaba el yodo, café con leche, el almíbar, la miel…

Cuando juntamos las bocas me recorrió un espasmo por todo el cuerpo. Era un beso único, diferente, más profundo que lo vivido en otras ocasiones. Quizá tanto esperar nos había conducido a eso, a una pasión infinita.

Nos despedimos tras disfrutar unas horas con ella y quedamos en que ojalá algún día nos volviéramos a encontrar. Será difícil pero bueno, la sensación había sido única.

 

 

Era especial, era una botella, era el Castillo de Ygay Blanco Reserva Especial 1946. La Rioja clásica en su máxima expresión. Otra dimensión. Como ven, pura divagación, pero pronto aparecerá buena información al respecto. 🙂

 

 

 

 

Para esa botella tan sumamente bella, una de las canciones más bellas que he escuchado, que más me ha emocionado y que ha formado parte de la banda sonora de mi vida.

 Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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