Sábado noche en la sierra madrileña, día con altas temperaturas que se llevan algo mejor si te escapas del centro de Madrid. Ya he comentado muchas veces el cariño que tengo hacia una casita que hicieron en su día mis abuelos y que aprovecho cualquier momento para escaparme por allí porque, sinceramente, se está genial.

 Había bajado el viernes desde La Rioja y decidimos hacer doble sesión con algunos amigos que, afortunadamente, un Mayo de hace cinco años nos conocimos y decidimos que nos íbamos a juntar de vez en cuando a tomar algo. Además, bajaba “el alemán”, excusa para descorchar y que el muchacho tuviera algo que beber más allá de lo que allí tiene más fácil exceso.

En resumen, celebrábamos que era 11 de Julio, un día perfecto y maravilloso para abrir botellas. Como cualquier otro. Además en el santoral aparecían Olga, Juan, Sabino, Abundio, Marciano y Benito abad. Vamos, que había que descorchar por el artículo 33.

El primer vino apareció en decantador, con un color amarillo algo pálido. Podría parecer algo frágil pero no. Buena intensidad en nariz, al principio (cuando lo abrí dos horas y media antes) era bastante cítrico, poco a poco fue evolucionando, con matices calizos, toque algo licoroso e incluso como con cierto toque de melocotón en almíbar, se volvió algo más floral que frutal. En boca mostraba todo lo que pienso que un buen Riesling seco puede ofrecer. Densidad, potencia, elegancia, acidez, estructura, contundente. Nada de fragilidad. Me pareció realmente delicioso este Trimbach Cuvée Frédéric Emile 1999, aunque la jovialidad con que se presenta le augura un envejecimiento portentoso y será bonito probar dentro de un cierto tiempo. Buf, empezábamos bien con este alsaciano mezcla de Geisberg y Osterberg como viñedos de referencia.

El siguiente paso fue con Savagnin, Tissot Arbois Vin Jaune 2001. Me encantan este tipo de vinos del Jura porque me ofrecen un espectáculo en nariz, con cierta similitud que me parece encontrar a algunos vinos generosos andaluces pero que luego en la boca a mi me proponen un mayor aprovechamiento sin llegar al agotamiento prematuro. Este Tissot era un rayo olfativamente, muy intenso, punzante, algo salino. Con un poco de salmón ahumado que había en la mesa creo que no iba mal. En boca es de nuevo intenso, muy sabroso, con una gran persistencia. Me recuerda a ese gustillo que dejan las almejas a la marinera cuando se le añade el vino blanco y un poco de pan rallado. En fin, no me hagan caso que pierdo el norte…

 El siguiente vino que disfrutamos…¡ay el siguiente! Bueno, olía a tierra, a canela, a ciruelas, a trufas, a violetas…En boca se presenta aún muy joven, profundo, largo. Tremendamente seductor…Dujac Bonnes Mares 2000. Un Grand Cru de Chambolle-Musigny soberbio, joven, pero soberbio. Tenía en mente el 2001 y éste me pareció menos frágil y quizá algo menos elegante pero con una profundidad superior. Lo saqué a ciegas y enseguida se centró el asunto…es decir, el vino era la pureza de lo que tenía que ser. No apto para catas de prepotencia ni comentarios de pluma fácil. Claro, igual éstos con este vino si nos ven hablar y comentar nos mandan callar porque no se concentran. Catadores absurdos. En resumen, un Pinot Noir “de libro” como diría alguno. Un vino para meter la nariz, la boca, hablarlo con los de alrededor, reir, emocionarte y volver a lo que es un magnífico Pinot Noir en estado puro.

 Con cierto toque goloso aparecía el alsaciano Zind-Humbrecht Clos Windsbuhl 1997. Un Pinot Gris rico pero que un poco de más viveza nos hubiera ayudado a soportar mejor los 14 graditos que marcan en la etiqueta. A mi al principio me recordó a algún Chenín Blanc un poco amielado, pero iba mal encaminado. A ver, el vino me parece rico pero ese aspecto un tanto licoroso y un punto demasiado goloso hacen que me pueda resultar algo cansino.

No es que quiera hacer comparaciones pero teniendo el recuerdo del Trimbach, del Tissot y estando aún por ahí copas del Dujac este vino resultaba algo más fofo. Seductor, como la muñeca AC/DC en el Whole Lotta Rosie pero igualmente algo gordo y  no tan enorme como los otros.

Por último, un Wiese & Krohn Vintage 1991, con bonito color violeta, con una nariz intensa, una boca golosa y muy bien equilibrada en cuanto a su toque ácido. Un Vintage portugués que puso fin a una noche agradable y que sirvió un poco para evadirse del calor sofocante que ataca al centro peninsular durante estas fechas, para juntarse de nuevo con los amigos y para seguir disfrutando.

 El descorchar por el artículo 33 pienso que había salido bien. Se lo recomiendo.

 El cielo seguía estrellado, había silencio…disfrutémoslo.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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