¿Hamburguesa para desayunar? Pues perfecto, o mejor que perfecto…sublime. Cuando se me hizo esa propuesta nada más llegar a Barcelona y sentarnos en una mesita de un abarrotado Granja Elena en plena zona franca, me pareció interesante ya que me informaban que la materia prima con la que trabajan es excepcional, y meterte una hamburguesa de solomillo en pleno almuerzo matinal es sinónimo de que el día lo empiezas y lo terminarás con energía como así fue.

 

La estancia en Barcelona ha sido muy agradable aunque un poco corta en tiempo y por eso me gustaría agradecer a esas fantásticas personas el trato que me han dispensado y que culminó con una noche agradable en torno a unos vinos diferentes y a un apetitoso y rico menú degustación.

 

El lugar escogido era el restaurante Gresca, en la calle Provença número 230. Local pequeño pero acogedor, con una cocina muy bien elaborada y un trato al comensal tan correcto como a mi me gusta, de esos que hacen que te sientas como en casa.

 

De repente empezaron a aparecer diferentes botellas todas envueltas en papel de plata y que, yo no sé si es que había algo preparado o acordado (pero tampoco mis aportaciones coincidieron con nada llevado por otros), afortunadamente iba a ser un amplio abanico de zonas y vinos. El viaje para los siete comensales que me acompañaban iba a ser el siguiente: Champagne, California, Rioja, Borgoña, Ródano, Burdeos, Australia, el Mosela y Pfalz en Alemania. Como veis ninguno coincidimos en las aportaciones y el tema salió bonito de verdad.

 

La primera copa que serviría de aperitivo nos lleva a ese rinconcito tan delicioso de Champagne que es Mesnil-sur-Oger. Como ya sabéis y si no aprovecho para decirlo, el amigo Víctor Cardona es el importador de las casas Pierre Peters y Gatinois (ya le pasaré la comisión oportuna por la publicidadJ). Él nos propuso este delicioso Pierre Peters Cuvée Spéciale Les Chétillons 2000.

 

Para mi es un Champagne que gana con un poquito más de temperatura en la copa. Firme, recto, sin concesiones al abandono por su perfecto desarrollo en boca, con acidez, con aromas a cítricos y herbáceos que se mezclan con bandas minerales, frutos secos y toques como maderísticos. Lamentablemente la botella se acabó demasiado pronto pero le seguiremos la pista con alguna adquisición porque pienso que merece la pena.

 

Con la siguiente botella aposté por un Chardonnay de Meursault o algo por el estilo, sobre todo por su nariz. Aunque en la boca pienso que le faltaba algo de “punch” vivaz creía que iban por ahí los tiros. Eso demuestra lo mal “tirador” que soy ya que se trataba del americano Ridge Santa Cruz Mountain Chardonnay 2005.

 

Pues ya ven qué delicia de intensidad olfativa. Lo encuentro profundo, algo maduro en su fruta, toques como de hongos iniciales…En boca para mi le faltaba eso, un poco de mayor frescura, pero presenta buena estructura, volumen, cierto toque graso, buena longitud. Francamente rico y muy grata sorpresa.

 

Tras una aportación propia riojana por ser la primera ocasión, el siguiente vino fue el otro que llevé al disfrute “a ciegas” que estábamos desarrollando y que apareció con una capa media de color y una nariz que mostraba quizá algo más de fruta roja y matices florales de lo que yo esperaba. Enseguida el amigo Cardona se lanzó a la piscina: “Musignea” dijo. Uyyyyyyyyyyy, casi…

 

Seguían los matices más de frutas rojas y florales que de fruta algo negra más madura, balsámicos, buena estructura en boca, acidez, un vino muy completo en su desarrollo que poco a poco iba a más en la copa, mostrando una gran complejidad olfativa y una boca realmente maravillosa.

 

Pero no era del Grand Cru borgoñón Musigny.

 

Este Domaine Dujac Bonnes-Mares 2001 para mi resultó ser un vino terroríficamente delicioso, sobre todo a lo largo que iban pasando los segundos, los minutos y las horas. Más elegante que potente, más sutil que intenso…las viñas en la parte de las “terres rouges” más próximas a Morey-St-Denis. Uff, sigo pensando que es de lo mejor que hace Dujac (si no lo mejor), un Domaine de esos que me gustan como ya he comentado en múltiples ocasiones.

 

La siguiente copa muestra una floralidad deliciosa. Me hace pensar hacia otra Pinot Noir, más rústica en la boca que el vino anterior (¿más raspón?…dijimos algunos). La barrica sutilmente trabajada, un toque levemente abocado al final en el postgusto (¿garnacha?)…¡Joder, qué lío! ¡Joder, qué bueno está el condenado vino!…

 

El desarrollo en la boca es delicioso, sobre todo en su parte inicial y media. Color, poco… Henri Bonneau Chateauneuf-du-Pape 2000. Principalmente garnacha en esta versión clásica de lo que es esta zona del Ródano y ante la que un servidor no tiene más que echar alguna lagrimilla frente a las elaboraciones tan pastosas y perdidas que me he encontrado últimamente aquí si se compara, por ejemplo, con este vino.

 

Lo siguiente presentaba más capa de color que los anteriores a la vez que una turbidez bastante más acusada. Nariz de intensidad media, algo más madura y con una mayor presencia maderística que los anteriores lo que presagiaba quizá una boca más dura. Pero no. En boca me encontré que estaba bastante pulido y bien redondito, sin aristas a las que corregir y con una buena estructura y longitud.

 

Estaba bastante perdido ante lo que podía ser…¿Rioja? ¿Burdeos? ¿Ribera? Lo bebía bien y no conseguía decir nada salvo que no desagradaba el vino. Bueno, para mi eso era lo principal. Resultó ser un bordelés Château le Puy “Barthelemy” 1995

 

La copa siguiente, y última en tintos, olía mucho a aceitunas negras: ¿Syrah? Es un aroma que siempre me ha solido aparecer ante vinos de esta variedad y quizá este haya sido uno de los ejemplos más claros con los que me he encontrado. No me mostraba una paleta aromática demasiado amplia pero sí intensa en lo anterior y en balsámicos. Muestra más potencia, más concentración, necesita un plato contundente para apaciguarlo.  Era el Clarendon Hills Astralis Vineyard 2000. Con un poco de aire y reposo en la copa se va apaciguando, bien en boca, algo potente y meloso. No me disgusta aunque no me emociona.

 

Para el final dos ejemplos de lo que puede ser un orgasmo Rieslingniano:

 

Maximin Grünhaus Abtsberg Auslese 1983

Dr.Bürklin-Wolf Scheurebe Beerenauslese 1988.

 

Ya sabéis: Vinialia.

 

El primero llevaba abierto desde las 9.00 de la mañana y lo empezaríamos a tomar sobre las 23.30 de la noche aproximadamente. Universo aparte.

 

El 1988 es para ponerte enfermo y que te traten con esta medicina del citado Dr.

Algunos vinos...

Algunos vinos...

 

 

 

 

 

Un día grande, un gran día en torno a vinos, comidas y sobre todo buena gente en la Ciudad Condal. Pleno disfrute para los que nos lo pasamos pipa con todo esto.

 

 

 

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

 

 

 

 

 

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