La semana pasada empezaba con un delicioso Dominique Piron Brouilly 2005 junto a un simple arroz blanco con verduras. Un vino 100% Gamay que me ha entusiasmado por su franqueza y solvencia. Ya en la nariz mostraba una agradable intensidad como dijeron otras personas que probaron el vino conmigo y su aspecto primario era destacable. En la boca era cremoso pero no cansino, muy vivo y jovial lo que hizo que casi sin darnos cuenta la botella había volado.

 

Ya se ha hablado mucho de lo que hay en Beaujolais alejándonos de espectáculos y esperpentos mediáticos como pueda ser el Nouveau. Esto me recuerda una vez, creo que ya lo conté y pido perdón si me repito pero es que me ha venido a la mente, que asistí a una presentación del Beaujolais Nouveau en la tienda Lavinia de Madrid. Pues por ahí andaba el Embajador francés en España haciendo la presentación como gran acto social, había mucha de la llamada “beautiful people” y sobre todo unas bandejas que eran lo realmente interesante: quesos y bombones. El vino…no sé, algo se servía en copas pero no era realmente más que un reclamo publicitario excelentemente trabajado.

 

El segundo vino de la semana fue el Marqués de Riscal Reserva 2004 (DOCa Rioja). Con una capa media de color granate, al llevarme el vino a la nariz me acuerdo que puse un gesto extraño. No me recordaba a nada de Riscal. Demasiada madera y restos como de hongos pero nada más. ¿?. Siempre es un vino que pruebo en cada añada porque me seduce el trabajo que hacen con tanto número de botellas pero esta vez me ha defraudado un poco si unimos a que además en la boca el vino estaba demasiado duro, demasiado astringente y como falto de integración. Repetiremos más adelante a ver cómo se comporta.

La semana iba acabar en una ciudad a la que admiro. Me parece sumamente bonita y siempre digo que es un barrio residencial de Bilbao. Que me perdonen mis amigos guipuchis, que los quiero mucho y reconozco con envidia sana que San Sebastián o Donostia es una de las ciudades que me tienen enamorado. Lo del barrio ha sido una “bilbainada”

J 

El sábado a las 12.00 de la mañana (o ya mediodía) se celebraba en la Catedral del Buen Pastor Donostiarra la boda de un buen amigo y nos íbamos a juntar unos cuantos “zumbados” en lo que a esto del vino se refiere. Boda bonita, sobria, lástima del tiempo con ese aire tan frío y el típico chirimiri que se estila por el norte.

 La celebración del banquete se realizaba en el restaurante Martín Berasategui, en Lasarte. Un bonito caserío tri-estrellado por la Guía Michelín en donde Martín iba a hacer que pasáramos una jornada realmente impresionante en torno a su deliciosa mano en los fogones. No era nada fácil atender a tanta gente como éramos, pero salió redondo. No sé si merece una, dos, tres, cuatro, ninguna o treinta tres estrellas pero después de esto solamente puedo decir que he comido de maravilla.

 

Juzguen ustedes:

Entrantes:

Papa arrugada con mojo rojo.
Ostras abiertas al natural.
Brandada de bacalao con pasta de aceite de oliva.
Pan con tomate de Getaria liofilizado en casa y jamón Selección Martín.
Velouté de coliflor y nuestro curry.
Cuchara de patata confitada con pimientos del piquillo y láminas ahumadas.
Gazpacho de melocotón de viña con infusión de mejillones al txakolí.
Ajo blanco reposado en higo y pescado azul.
Txistorra de cerdo “Consorcio de Jabugo” frita.
Croqueta de jamón.
Oreja de cochinillo de la dehesa con crema de manzanas reinetas.
Arroz cremoso de txipirón de anzuelo guisado con virutas de queso Idiazábal y aceite de oliva virgen extra.
Pintxo moruno de pollo Alfonso “Esparza”.

Y luego el menú ha sido:             

Milhojas caramelizado de pescado ahumado, foie-gras, cebolleta y manzana verde.
Raviolis caseros de hongos y setas con jamón y jugo de setas.
Tako de bacalao confitado sobre crema de txangurro a la Donostiarra y pil-pil ligero.
Bogavante asado sin cáscara sobre una brandada de vieiras y jugo de calabaza con aromas de naranja.
Solomillo del país asado a la parrilla con terrina de patata y panceta, salsa perigueaux y trufa.
Tarta sorpresa de “Martín” con helado de leche de caserío.

Para beber, algo de Gosset, algo de Jacques Selosse al final con Steve en la terraza…al tinto le dimos menos en nuestra mesa. En total contabilizamos 15 botellas de Champagne entre los 12 de esa mesa…10 del primero y 5 al final del segundo. No vi la carta de vinos pero en fin, Steve sigue siendo un crack y ese detalle del final con el Selosse en petit-comité se lo agradecemos de parte de este grupito de amigos del “sector” que estábamos en la mesa.

 

 

Eran ya casi las 20.00 de la tarde-noche cuando salíamos del templo culinario de Martín. Luego, a bajar y a pasear por La Concha iluminada. Cada vez que voy a esta maravillosa ciudad, me cuesta más volverme.

Satisfacción.

A todos muchas gracias, y enhorabuena a los ya marido y mujer.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

 

 

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