Tras la propuesta de Joan en su blog De Vinis Cibisqve para un vino de otoño, he escogido uno cuyo color se aproxima a las magníficas imágenes que esta estación del año nos ofrece. Me refiero a un amontillado.

Creo que muchos estamos bastante de acuerdo en que si hay unos vinos españoles únicos en su concepto son los vinos generosos andaluces. Siempre me he preguntado qué pasaría si estos vinos estuvieran valorados en su justa medida. ¿Tendría que envidiar algo un Moscatel Toneles a un todopoderoso Château Margaux o a un mito como el Domaine de la Romanée-Conti valorándolos a cada uno donde corresponde? ¿Podría estar al mismo nivel un NPI que un borgognon multifamoso como pueda ser Armand Rousseau Chambertin o que un Cheval Blanc bordelés archivalorado? ¿Sería una locura decir que los vinos clásicos de Giacomo Conterno o de Domaine Huet no se pueden comparar con un PX Solera 1830 de Alvear? Evidentemente, son comparaciones absurdas ya que los tipos de vinos son muy diferentes pero creo que se me entiende por dónde quiero ir. Mi impresión va dirigida a dar una opinión totalmente subjetiva sobre cómo estos vinos creo que pueden ser de los más grandes que se hacen dentro del panorama vitivinícola mundial.

Y en esto, surgió una propuesta que a mi me ha llevado a las cimas del disfrute. Fue allá por Mayo del 2006 cuando probé la primera botella del primer vino que lanzaba el proyecto del Equipo Navazos. Era ese vino amontillado que daba nombre al equipo: Amontillado Navazos.

Muchos vinos han venido después, excelentes y apasionantes en sus diferentes versiones, electrizantes y muy recordatorios de ciertas cosas tal y como hablé en su día de ese NPI. En definitiva, emocionantes.

Y ahora, vuelvo al principio. Dos años más tarde me reencuentro de nuevo con ese amontillado que fue el origen antes de que el éxito y mayor (re)conocimiento público hicieran de este gran equipo y de estos grandísimos vinos unas referencias en las bocas de todos.

¿Quizá eso ha hecho que me haya vuelto un poco más crítico? Es posible…

Volviendo a descorchar una botella del inicio, de ese Navazos que vuelve a mostrarse como lo que es, uno encuentra que se enfrenta a una joya de color ambarino-caoba que te transporta a un viaje maravilloso. Llegar a casa, una copita de este vino para beber despacio, buena música de fondo…y el disfrute que te ofrece es bien satisfactorio.

Gracias de nuevo y enhorabuena por todo. Espero que las luces que recientemente han empezado a alumbrar toda esta parafernalia no cieguen a los artistas que la han hecho posible.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)
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