Como comenté anteriormente, este ciclo era bianual y ya vimos cómo se formaba y en qué se basaba fundamentalmente todo lo referente en el primer año (http://iglegorburu.blogspot.com/2008/06/ciclo-reproductor-i.html). Retomando un poco este asunto ya que la vid se encuentra en pleno apogeo, durante el segundo año el ciclo comienza con la floración propiamente dicha, es decir, la producción de flores que luego cuajará en el fruto de la presente cosecha. Suele durar unos 8-10 días y es importante que se produzcan condiciones favorables de tiempo seco y una temperatura relativamente alta.

Justo a continuación se produce el cuajado del fruto, y así empezará el proceso de crecimiento herbáceo del mismo que concluirá con el envero (ése cambio de color en el hollejo o piel de la uva), a partir del cual (hacia mediados de agosto de forma muy general), comenzará el periodo de maduración del fruto que concluirá con la vendimia.

Para que se produzca todo ello, la flor debe tirar su propia corola (se le suele llamar antesis a esta caída) y así se abrirán los sacos polínicos para que queden libres las anteras con sus tecas (donde se encuentran los granos de polen). Ese polen deberá caer sobre el estigma de una flor para que se produzca su germinación y en este sentido la vid en general es una planta alógama, es decir, el polen que la llega puede ser de otra flor (por viento, insectos, etc).

Una vez que el polen está sobre el estigma irá absorbiendo el líquido que existe allí y elaborará el tubo polínico para llegar así al óvulo que debe fecundar. Ese tubo lleva dos núcleos, el vegetativo y el germinativo y si se produce correctamente la polinización y la fecundación, pues se obtendrá una baya. Pero si se da la polinización con una posterior fecundación incorrecta ocurre que se forman unos frutillos mucho más pequeños de lo normal (Millerandage).

En este sentido, y como decía antes, es importante todas las condiciones climáticas de esta fase crítica, así como la presencia de calcio y boro, fundamentales para que se produzca la floración ya que sus carencias pueden perjudicar todo el proceso.

Así, se podría determinar el índice de cuajado como el cociente entre el número de bayas de un racimo y el número de flores iniciales que tenía la inflorescencia, y multiplicado por 100. Este índice suele oscilar entre un 10% – 20% pero si decrece mucho y está en valores del 2-3% podemos decir que lo que ha ocurrido en la viña es el corrimiento del fruto.

El corrimiento es un problema que ha sido bastante estudiado y se han propuesto selecciones clonales para combatirlo. Por ejemplo, la garnacha es una variedad muy sensible a este problema, y el clon 70 lo reduce…pero amigo, es que este clon da kilos y kilos y eso no creo que sea interesante aunque usarse, como supondrán y creo que ya comenté aquí alguna vez, se ha usado y mucho.

Existen varios tipos de corrimiento y cada uno puede venir determinado por unas causas diversas. Así, el corrimiento constitucional se produce cuando alguna de las flores no tiene los órganos sexuales masculinos o femeninos correctamente formados para que se produzca el cuajado del fruto; el corrimiento patológico es aquél que viene producido por plagas, enfermedades, etc.; el climático es cuando ese índice de cuajado disminuye por malas condiciones ambientales; y el corrimiento fisiológico (es el corrimiento propiamente dicho) es cuando se produce la caída de frutos que sí habían cuajado bien y que a los 4-5 días de haber cuajado se empiezan a caer. Es muy común en variedades de débil floración como la Garnacha que comentaba antes, o también en la Merlot.

La causa fundamental de este problema es la insuficiencia en azúcares que presenta el fruto en ese momento. Generalmente, esa falta viene producida por un excesivo vigor apical del pámpano que capta los azúcares generados por la fotosíntesis de las hojas y se los quita al fruto en ese periodo tan crítico para él.

¿Y cómo se evita? Pues complicado…

Lo mejor es intentar evitarlo antes de plantar intentando que no se produzca un exceso de vigor. Así, elegir patrones no vigorosos, suelos poco fértiles, poner suficiente densidad de plantación, etc son prácticas recomendadas.

Ya después de plantar, lo normal es intentar disminuir la demanda de azúcares de otros órganos para que estén disponibles para el fruto, y así se hacen despuntes apicales (ya sean mecánicos o químicos) pero la planta suele responder con nietos, etc que vuelven a demandar azúcares. Por eso, mejor las medidas preventivas iniciales que comentaba (además que despuntes químicos con cultar, cycocel, etc., se suelen acumular según indican sobre la madera vieja o incluso matar raíces según me han comentado, y eso es algo que no sería muy recomendable). Nunca mejor dicho, más vale prevenir que curar.

Dejemos que la viña continúe y mientras bebamos vino.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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