La noche era bastante fría, notándose que el mes de Noviembre está bien presente en este otoño seco que estamos teniendo por estas latitudes, y bastantes gélidas habían sido mis últimas citas con botellas de vino salvo algún apunte particular. Los escalofríos que muchos vinos bebidos últimamente me habían producido necesitaban una compensación en forma de calefactor vinícola, y así se produjo la noche del pasado viernes.

A priori la propuesta no presentaba ni grandes etiquetas conocidas ni fantasmas mediáticos en lo que a esto del vino se refiere, si no cinco botellas muy distintas para tres amigos que se reunían para disfrutar de unas buenas viandas y ver qué iban a depararnos los diferentes 75 cl. que se irían presentando.

La primera idea venía de Nueva Zelanda en forma de botella de Riesling con un tapón negro de rosca: Culley Marlborough Riesling 2005. El vino presentaba un color amarillo ligeramente pálido con matices verdosos. La nariz tiene cierta complejidad y desde luego no engaña en demasía a su origen varietal. Hidrocarburos abundantes, matices metálicos, sutil toque floral y de fruta verde. No estaba mal. En boca se queda un poco apagado y plano, falto de viveza, pero no desagrada en su conjunto. Me parece un vino muy correcto por 10 € (en tienda española) que no pretende ser nada más de lo que es. No comparen ni busquen porque seguro que hay muchos Riesling mejores pero también hay cantidad de vinos blancos mucho más aburridos. Perfecto con unos tacos de salmón a la pimienta y un bacalao ahumado.

A continuación se descorchó un vino de la D.O. Rías Baixas: Adegas Gándara Albariño 2006. Sí, un albariño pero de esos que no suenan entre las grandes etiquetas de la Galicia vitivinícola. A primera vista sorprende un color bastante evolucionado para ser una añada tan joven. En nariz diría que es un vino bastante raro pero a la vez bastante interesante. Jamás hubiera dicho que eso era un alabariño si me lo dan a probar a ciegas…si no que me hubiera tirado más hacia algún Sauvignon Blanc de nuestro querido Valle del Loira. ¿Dónde están esos plátanos, mangos, y tantos tropicales baratos junto a pastelería abundante que se vislumbran en muchos albariños tan sumamente comerciales y que tan gustosamente dan determinadas levaduras? Pues desde luego, en este vino no o al menos no los aprecio. Unos aromas vegetales iniciales intensos, así como manzana verde, pera, aportes de humedad y matices de oxidación. ¡Leches, es raro el vino en cuestión!. Y en la boca es también curioso aunque me agrada menos que en nariz por su excesivo amargor final. Buena acidez y cierta untuosidad pero para mi lo desvirtúa un poco un cierto tanino más verde de lo normal. Pero aún así, un albariño francamente diferente e interesante respecto a lo último que he probado. Para seguirlo un tiempo a ver cómo va en la botella. Y creo que debe andar según comentó uno de mis amigos sobre los 5-7 €. Buena compra.

Mi pequeña aportación se basó en dos vinos de una bodega que desconocía pero que pude probar alguna muestra de otras añadas en una feria del año anterior en Alemania y que decidí hacer un acopio pequeño de casi todos sus tintos para probarlos con más calma: Arnoux Père & Fils. Decidimos abrir ambos vinos en el momento de iniciar el picoteo por lo que en el turno de tomarlos llevarían ya sobre una hora abiertos. El primero de ellos era un Savigny 1er Cru “Les Peuillets” 2005. Un color rojo no demasiado intenso y de media capa da paso a una nariz de muy buena intensidad donde los aromas primarios son sumamente evidentes. Muchas flores y frutillos rojos se combinan con ciertos toques minerales y especiados, matices de hierbas aromáticas, la barrica apenas se nota. En boca el vino reproduce su carácter primario, muy joven, muy vivo, con una acidez tremenda y un amargor final muy elegante. Es largo, gustoso, no cansa beberlo. Delicioso.

El segundo fue un Beaune 1er Cru “Les Cent Vignes” 2005 y sigue la misma línea que el vino anterior aunque lo encontramos un pelín más maduro, más hecho. Sigue siendo un vino complejo tanto en nariz como en boca, con viveza, elegancia, estructura y complejidad. Fantásticos los dos vinos. Veremos la evolución del resto próximamente pero he descubierto en estos dos vinos un nuevo valor que me seduce en la Borgoña. Como el resto sea del estilo…la siguiente compra va a ser mayor.

Terminamos con un Châteauneuf du Pape “Clos du Mont-Olivet” 1999 de Les Fils de Joseph Sabon. Fantástica sorpresa tanto en nariz como en boca, un vino ideal para tomarlo ya. Está totalmente pulido, sedoso, no aguantará quizá larga guarda pero ahora mismo es puro disfrute. Y por los 17-19 € que creo que cuesta es una acertada elección.
La nariz desprende aromas un tanto atrufados, de hojarasca seca, olivas negras, fruta negra madura. Y en boca muy bien pulido y equilibrado.


Hubo embutidos, quesos, paté, e incluso algo de agua. Y buena conversación.

Fin de una jornada que ha sido muy interesante desde mi punto de vista. Ya se notaba un poco menos el frío.
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The Show Must Go On (Queen)

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