El pasado jueves día 18 se presentaban en Madrid los vinos que han obtenido 94 puntos o más en la edición 2008 de la Guía Peñín que verá la luz próximamente (si no lo ha hecho ya). Aprovechando que tuve que bajar a los madriles por otros motivos, decidí darme una vuelta por esta convocatoria a probar la supuesta “flor y nata” en lo que a etiquetas de vino español se refiere.

Las anteriores ediciones el lugar escogido solía ser un salón del Hotel Palace pero en esta ocasión se dio una vuelta de tuerca al escoger la discoteca (digamos que ahora es un espacio diverso y para diferentes eventos) MOMA de la C/José Abascal. Local moderno, contrapuesto al clasicismo del Palace, pero que resultó demasiado pequeño, agobiante y desenfocado totalmente para un evento de estas características. Focos demasiado cerca de los vinos, mesas demasiado juntas y ambiente un tanto oscuro hacían que más pareciera una cueva de los horrores en vez de un local destinado a probar unos vinos. Nada más lejos de la realidad ante los monstruos que irían apareciendo a lo largo de la velada.
Desde aquí, pido a la organización que se preocupe para las próximas veces en buscar algún sitio más apacible tanto para las bodegas representadas como para el público que se acerca al acto. Hubo un profesional que me describió perfectamente la situación: “Iñaki, esto parece una casa de p….” Y no le faltaba razón.


Resulta que había en total 44 vinos para probar aunque muchas bodegas aprovechaban para presentarnos también los otros productos que elaboran. Le pregunto a un bodeguero amigo que solamente llevó su vino puntuado que porqué no había llevado los otros. Me dijo que en teoría no se podía. Bueno, al final cada uno hace lo que le da la gana. Hay que venderse. ¡Viva la organización!

A la entrada me dieron un librito para apuntar notas de cada vino, aunque he de decirles que no soy muy amigo de ir apuntando todo, y menos cuando al cabo de muchos vinos ves demasiada homogeneidad y aburrimiento en cada copa. Por que esa es la palabra con la que puedo definir y resumir el evento: aburrimiento enológico. Hubo excepciones, claro. Las comentaré luego.

Empecé a escribir este texto hablando uno a uno de los vinos que fui probando pero me he dado cuenta que se alargaban demasiado mis comentarios un tanto negativos. Por eso, creo que es mejor que hable solamente de los vinos que probé y me gustaron. Si alguien quiere saber mi opinión sobre algún otro vino es mejor que me lo pregunte directamente y se lo comentaré pero prefiero obviar la cantidad de despropósitos y de sensaciones aburridas a las que mis papilas y fosas nasales se enfrentaron.

En Artadi (D. O. C. Rioja) estaba, entre otros, el Pagos Viejos 2005 Un vino en el que encuentro cierta complejidad en nariz, con bastantes aromas afrutados, especias, tostados, café, un punto avainillado pero todo respetándose en buena armonía. En boca tiene un buen ataque, un tanino vivo pero no muy amargoso, buena acidez y un final largo. Me gusta.

Llego a Bodegas Y Viñedos Pujanza a probar el Pujanza Norte 2005 (D. O. C. Rioja). Vaya, lo noto menos maderizado que el 2004, muy floral en nariz, complejo y bastante elegante y bastante hechito en boca, con cuerpo, volumen y largura.

Necesitaba agradar a mi boca tras varios “sustos” y menos mal que me vio Jesús Barquín para llevarme a tomar mi admirada “Las Cañas”. ¡Qué alegría de vino! Poco puedo decir que no haya dicho ya de esta excepcional manzanilla. Era el tercer vino que me gustaba.

Pasamos después a visitar a Chus Madrazo y probar su Viña del Olivo 2004 y Graciano 2005 (D. O. C. Rioja). El primero necesita bastante reposo en botella pero apunta maneras que me gustan, y el segundo tiene una rusticidad de uva que me encanta dentro de la dificultad que entraña hacer un monovarietal de esta uva. Chus lo advierte y recomienda tomar ahora el Graciano 96. Modernidad bien entendida y respetuosa desde mi punto de vista.

Hubo muchos vinos pero pretendo no cansarles y evitar el aburrimiento que pasé yo catando esa tropa de vinos mastodónticos, monolíticos. Terminé en Alvear, probando de nuevo el PX Solera 1830. Realmente un VINO con mayúsculas. Emocionante.

Nada más.

Tras salir de allí con un agotamiento en mis papilas y ver muchos comentarios sobre este Salón que me han parecido demasiado políticamente correctos, debo decir que lo mejor fue el jamón y la cecina, un puñado de vinos y poder ver a algunos amigos. Si esto es lo mejor del vino español, bueno…las mejores etiquetas, yo me exilio a la probatura de vinos más modestos y en donde encuentre una mayor diversidad y una menor homogeneidad. A vinos de estos precios (muchos por encima de los 50 €) hay que exigirles mucho más de lo que pude apreciar, no vale caer en la autocomplacencia y alabar unas determinadas etiquetas. Quien caiga, creo que va mal.

Me choca que en casi el 100% de los vinos tintos presentados (que eran la mayoría) ninguna marca tiene más de 20 años en el mercado, por lo que tampoco podemos asegurar ni comprobar la evolución real de unos vinos de alto precio que, supuestamente, deberían conservarse en buena plenitud unos cuantos años y a los que hay que exigirles eso. Al menos, no creo que el consumo esté para gastar 100 € cada dos por tres en cada botella de vino. Perspectiva histórica prácticamente nula (salvando el Único de Vega Sicilia)

¿Y los grados? Festival del humor…Muchos con 15, 15.5, 14.5 y cada vez más. ¡Muy heavy! Creo que hay un serio problema en este aspecto. Que cada uno reme como pueda.

Y como el tema va de sensaciones extrañas…¿dónde está Robert Plant? Vean…

http://es.youtube.com/watch?v=45MghyE8pOI

Es que soy de los Zeppelin clásicos. El refrito éste de Kashmir es un tanto extraño.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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