Tras recoger el testigo de Carlos y Roco&Wines propuse hacer, en esta 5ª Edición de Iberoamérica en Cata, la compración de dos vinos blancos (White Power) que estuvieran hechos mayoritariamente del mismo varietal pero que uno tuviera paso por barrica y el otro no. La idea u objetivo es ver el comportamiento de dicha variedad ante dos situaciones diferenciadas. Veremos.

Junto a ello, un poco de ligazón con aspectos culturales. Simple y directo: Libro y/o disco que haya emocionado últimamente a los participantes.

Por motivos que me iban a impedir probar los vinos en la fecha prevista, adelanté un poco el asunto. El resultado ha sido bastante satisfactorio.
Empezando por la primera parte he escogido una variedad conocida por todos: la Sauvignon Blanc y decidí acudir a la misma zona para comparar los vinos. Un área geográfica que creo que expresa bien el potencial de esta variedad: Sancerre (Valle del Loire).

http://www.ville-sancerre.com/

El primer vino tomado ha sido el Michel Vattan Sancerre 2006. Un 100% Sauvignon Blanc de un pequeño elaborador que conocí durante el pasado Pro-Wein y que elabora diferentes vinos blancos jóvenes en función de sus distintos terruños. Éste se refiere a uvas plantadas sobre suelo de naturaleza calcárea.

Aparece con un color amarillo suave, con ribete acerado y reflejos un tanto verdosos. La nariz es de mediana intensidad, con aromas de hierbas aromáticas, pequeñas notas de manzana verde y fruta blanca, un punto anisado y como herbáceo, de matojo. Es sutilmente mineral, lo que le confiere cierta elegancia y complejidad en la paleta olfativa. No es extremadamente potente, pero sí fino y elegante.

En la boca la entrada es sabrosa, con buena acidez y un ligero amargor final con un matiz herbáceo, es ligeramente graso y echo en falta un poco de más profundidad y largura en el vino. Un muy correcto Sancerre, que por 4.5 € EXW creo que es más que decente.

El segundo vino es también un 100% Sauvignon Blanc aunque en este caso lleva un paso por madera. Me refiero al Mont Damnés 2004 del elaborador François Cotat también en Sancerre. Con un color amarillo claro y un ribete verdoso el vino muestra una nariz un tanto herbácea, recordando a césped o hierba fresca, heno. El vino necesita tiempo para abrirse y mostrar aromas minerales, ligeros florales, pimienta blanca y un fondo de fruta blanca fresca que me pareció un poco artficioso. Notas de humo, ligeros aromas lácticos.

En boca el vino es ligeramente graso, con buena estructura y acidez y un deje amargo al final sutil y elegante. Es largo, dejando sensaciones un tanto terrosas y salinas en el paladar.

Un vino interesante y con potencial de guarda. En este caso la Sauvignon ha sido tratada con barricas viejas, menos porosas, con evolución más lenta del vino al existir menos intercambio de oxígeno entre el vino y el medio exterior. Se agradece (esto podría ser otro tema de debate).

Una vez escogidos, bebidos y comentados los vinos toca la segunda parte. En esta ocasión no voy a ceñirme a algo que está recientemente en los mercados, si no a un disco que bajo mi punto de vista intentó suponer una revitalización de un artista que pasaba horas críticas bajo la adicción mortal que tenía hacia la heroína. Corría el año 1973 y Pete Townshend (guitarrista del grupo británico The Who) decidió ayudar a un viejo amigo suyo a través de un concierto que le sacara de su imparable decadencia debida a la adicción a las drogas. Ese amigo no era otro que Eric Clapton.

Para eso decidieron juntarse un grupo entre los que había grandes músicos, como el caso de Ronnie Wood (ex The Faces y hace unas décadas en los Roling Stones), Steve Winwood (Traffic), el gran Jim Capaldi, Rick Grech, Jimmy Karstein, Rebop, el mismo Townshend y el propio Clapton.

Una banda tremenda. Digamos que había buena materia prima para hacer un buen vino. Y el resultado así lo demuestra.

El lugar elegido fue el Rainbow Theatre del norte londinense y allí desgranaron una serie de canciones que suponen una de las descargas más míticas que todavía me siguen emocionando. Escuchar una voz de Clapton apagada, hundida por el influjo de la heroína, pero con esa forma de tocar que conservaba pone a más de uno los pelos de punta. Los acordes iniciales de Crossroads (gran blues de Robert Johnson) o el Blues Power (canción que me dio la idea para la propuesta de Iberoamérica en Cata) suponen momentos álgidos, así como escuchar una vez más la deliciosa canción de amor “Layla” que Clapton escribió a la mujer de otro gran amigo suyo: Mr. George Harrison y al que consiguió arrebatársela para vivir una de las relaciones más apasionadas-tormentosas de la historia musical de los últimos 40 años.

El set list:

Layla

Badge
Blues Power
Roll It Over
Little Wing
Bottle of Red Wine
Alter Midnight
Bell Bottom Blues
Presence Of The Lord
Tell The Truth
Pearly Queen
Key To The Highway
Let It Rain
Crossroads
Por si quieren escuchar algo aqui les dejo la versión del Layla de tan mítico concierto en 1973.

Un saludo y a esperar vuestras interesantes aportaciones

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The Show Must Go On (Queen)

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