octubre 2007


Dice un refrán que uvas con queso saben a beso.

Ya se sabe que el refranero castellano es bastante sabio y más o menos pude comprobarlo en una degustación preparada el pasado fin de semana en diferentes ciudades belgas. Pero quizá la mayor de todas tuvo lugar en las afueras de Amberes.

La idea era armonizar diferentes quesos con vinos de tres bodegas que producen en zonas muy diferentes: Alsacia, Rioja y Langhe. Vaya, no sonaba mal para uno que disfruta tanto con los vinos como con los quesos.

Me encuentro en la mesa con bastantes copas y un primer surtido de quesos. ¿Por dónde empezamos? Pues por Alsacia, me comentan.

En el plato aparecían un Adriaen Brouwer belga, un Fourme d´Ambert francés, Le fromage de Herve belga, un Livarot de la baja Normandía, un Port Salut del Loire, un Serafina italiano, un Stilton inglés y el Munster alsaciano.

Empezamos con un Denis F. Meyer Riesling 2005 Réserve Ulrich. Amarillo pálido y brillante. En nariz el vino no se muestra muy intenso, un tanto apagado. Notas de flores blancas, manzana verde, hierba y menta. En boca es un vino ligeramente cremoso, con mediana acidez y un poco corto en su paso por boca. Pregunto por el precio del vino y me indican que 7 €. La verdad es que apetecía más darle a los primeros quesos que al vino.

Nos sirven a continuación un Denis F. Meyer Muscat 2005 “Cuvée Patricia”. No sé si esa cuvée será en honor a la esposa, hija, madre o cualquier otra familiar femenina de la familia, pero aquí la cosa cambia y el vino muestra otro carácter. Amarillo más intenso que el Riesling, con una nariz de buena intensidad, frutos cítricos, parece también como albaricoques, hierbabuena leve, no desagrada para nada en nariz. Boca muy sabrosa, con gran frescura y un tanto amargosa, con un sabor ligeramente salino, buena persistencia. Por 6,50 € me parece muy interesante.

Llegamos al Denis F. Meyer Pinot Gris 2005 “Cuvée Fernand” y ya empezaba a atacar al queso Livarot cuando se me ocurre volver al Riesling inicial. Totalmente apagado. Y el Pinot Gris no daba muchos síntomas de tener mucha más luz. Una nariz algo corta y monotemática en aromas florales y lácticos. La gente lo define como aburrido. En boca es cremoso, algo corto de acidez y con un final de mediana persistencia. Por los 8 € que cuesta me quedo con el Muscat, La persona que tenía al lado me pregunta qué opino de la unión entre el Livarot y el vino. Demasiado queso para este vino, la contesto. Opina igual.

El Denis F. Meyer Gewurztraminer 2005 Hagelberg es un vino que me parece bonito. Es de un dorado pálido brillante, una nariz de mediana intensidad pero bastante franca, directa. Aromas como a malvas y violetas, fruta blanca de hueso y un ligero toque como si fuera aroma de anisados. En boca es donde echo en falta más viveza, más frescura y complejidad. La acidez la noto algo justa, un poco cálido el vino. Mediana persistencia y el final se puede convertir en algo cansino. Bonita nariz. 8 €.

Llegábamos ya al Denis F. Meyer Gewurztraminer Vendanges Tardives 2004. Color dorado con algún reflejo ambarino. La nariz es intensa y compleja, con sensaciones de higos, pasas, membrillo, caramelos, almendras garrapiñadas. En boca podría parecer pesado pero es todo lo contrario. Muy fresco, joven, alegre, para disfrutarlo. A esa viveza se le añade buena estructura y un buen equilibrio que hacen que el vino resulte muy bueno. 18,5 €. Me gusta con el Stilton y Munster. ¿Hay más?

La segunda ronda viene con un plato de quesos muy diferentes. Manchego e Idiazabal de la Península, Testun del Piamonte y le Cabricharme belga. Francamente deliciosos los quesos. Del vino, me perdonarán que no hable. De Rioja y la gente quedó satisfecha.

La última tanda ofrecía una combinación de quesos italianos con vinos de ese país. Un Diano D´Alba “Sori Le Cecche” 2004, un Le Cecche Barbera D´Alba 2004 y un Le Cecche Nebbiolo D´Alba 2003.

El primer vino era bastante intenso en nariz, con fruta roja y negra, un toque aromático en hierbas y bastante especiado. En boca es sabroso, con buena acidez, bastante primario, de mediana persistencia y un final de nuevo con sensaciones de fruta en licor y especias. Se tomó junto a un delicioso queso del Piamonte: Toma del Monte Regale. Un buen tandem (8,5 € el vino).

El segundo queso fue el Pineta, que se unió al Barbera (15,95 €) y formaron un dúo un tanto descafeinado. Me gustó más el queso. El vino presentaba un color granate intenso. Nariz de mediana intensidad y algo dominada por tostados y torrefactos, café, vainillas y chocolate fundido. En boca resaltaba un tanino bastante agresivo, con buena acidez y mediana persistencia. Un tanto rústico.

Entre medias llegó un queso delicioso: Tometta di Grotta.

El Nebbiolo me pareció un vino muy interesante (15,95 €) aunque demasiado joven. Muy buena nariz con predominio de abundante fruta roja y negra, la madera bien puesta pero en segundo plano, sin molestar mucho y todo en buena armonía. Aparecen especias suaves (canela y clavo), aromas de pan tostado, cacao. En boca es sabroso, con una acidez tremenda y un tanino muy vivo. Largo. Francamente bueno pero para domarlo un tiempo. Se acompañó de un Murazzano. Buenos ambos.

Bonitas jornadas para promocionar tanto los quesos como los vinos. Al fin y al cabo ya saben, uvas con queso saben a beso.

Un saludo

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“The Show Must Go On” (Queen)

Ese título era el tema propuesto.

Siempre es de agradecer que los amigos se acuerden de uno. En esta ocasión Juan Carlos Somalo me avisó para una jornada histórica en la bodega de Paternina con un grupo de amigos que, de una forma o de otra, están relacionados con el mundo del vino ya sea desde el horizonte elaborador, comercializador, hostelero o periodístico.

La jornada prometía emociones fuertes y he de decir que en mi opinión se han superado las expectativas que llevaba en los comienzos. Toda la gente de la bodega que nos han atendido se han portado de maravilla con el grupo y no puedo nada más que agradecer su interés.

La cata se ha desarrollado en la bodega que Paternina tiene en Haro pero las botellas se trajeron la tarde anterior de la antigua bodega de Ollauri (todas de 50 cl.), de la que luego verán algunas fotos porque realmente es impresionante darse una vuelta por esos calados y esos botelleros donde descansan algunas joyas enológicas que posee esta bodega de gran tradición.

Supongo que próximamente aparecerá algún artículo extenso y bien elaborado por los profesionales que del Diario La Rioja acudieron, pero aquí dejo unas breves notas de mis impresiones:

Empezamos por 1920. Nos indican que fue una cosecha con vinos de fuerte grado (para la época, no se piensen que es como ahora) e intenso color. Aparece con ligeros sedimentos y con un color marronaceo-atejado. En nariz aparece una elegante reducción, con una buena intensidad inicial, muy compleja, recuerdos a humedad, tierra mojada, madera vieja, hongos, trufa, hojas secas. Boca elegante, con sedosidad, conserva buena acidez. Bastante largo y con un postgusto en donde los recuerdos a hongos y terrosos se hacen presentes de nuevo. Magnífico. Para mi, resultó el mejor tinto de los probados junto con el de 1964 que luego comentaré.

En el vino tinto de 1922 la turbidez es mayor que en el caso anterior. Conserva un color rubí menos brillante que el vino de 1920. La nariz no aparece muy intensa, un tanto muda. Aromas de barniz, también hongos y poca expresividad. En boca se encuentra algo apagado, con acidez justa y un final no persistente, con un paso un poco cremoso en el paladar. Fue el vino que menos me entusiasmó de los probados.

Pasamos a 1924, en donde hubo altos rendimientos por hectárea. Es el vino que aprecio más brillante de los tres probados hasta el momento. La nariz vuelve a presentar intensos aromas de armario cerrado, hongos, ahumados y cueros, mina d elápiz. Compleja y profunda. En boca el vino está bastante vivo, con buena acidez y un sabor un tanto terroso. Echo en falta un poco más de profundidad al final pero me resulta un vino muy gustoso.

Llegamos al vino de 1934, en donde no se dieron vinos con mucho grado y se obtuvo un altísimo rendimiento por hectárea. El vino es limpio, de color atejado, sin sedimentos. La nariz no es muy intensa, aparecen más especias, anisados, ligeros barnices y como chocolate fundido. En boca está bien equilibrado aunque se queda un poco corto en el postgusto, acidez media, vuelven las sensaciones especiadas y anisadas.

En 1948 el ciclo fue de 205 días, con un invierno precedente templado y alguna helada en primavera. Lluvia escasa pero bien distribuida (25 mm en agosto) y un verano algo fresco. El vino se presenta con bastante sedimentación, de una intensidad media-baja en los matices de color rubí. En nariz no se expresa demasiado el vino, un tanto apagado, cueros, hojarasca, ahumados. La boca la noto ligeramente salina, con una cierta calidez frente a los vinos anteriores. Postgusto de mediana persistencia.

El siguiente vino fue de 1952. El ciclo fue de 212 días con un mes de julio fresco y un agosto muy caluroso, lluvia bien repartida pero agosto seco. El vino aparece bastante limpio y brillante. Nariz de buena intensidad, aromas más minerales, especias, cueros, trufa, bastante compleja. En boca lo noto muy vivo, con buen equilibrio, un poco metálico en las sensaciones finales. Francamente bueno.

Nos presentan el 1955, con un ciclo de la vid más corto de 195 días, heladas en abril y lluvia bien distribuida a lo largo de todo el ciclo. El vino presenta algo más de capa de color y aparece muy limpio. Nariz de mediana intensidad, un tanto cetónico y aromas fétidos iniciales aunque la aireación lo mejora. Hongos, balsámicos, trufas. Boca con buena acidez, ligeramente graso, no muy largo.

En 1958 el ciclo duró 188 días. Vientos dominantes del Oeste. Lluvias no excesivas y bien distribuidas. Bastante brillante y limpio aparece el vino. En boca ligeros aromas lácticos que no me aparecieron en otros vinos, hierba húmeda, cueros. No muy intensa. Boca con buena acidez, ligeramente amargosa al final y postgusto un poco corto.

1964 fue para muchos la mejor añada del siglo, tanto en calidad como en el buen acompañamiento que tuvo en cantidad. El ciclo duró 200 días con un mes de junio algo frío y un día de helada en abril. Vientos dominantes del Oeste y del Norte. Lluvia poca y parte cayó en julio y agosto. El vino tiene una tonalidad más hacia ladrillo cocido, con ligeros sedimentos. Nariz con bastante reducción, muy compleja y elegante. Aparecen hongos, trufas, cueros, anisados. Poco a poco va a más matices. En boca tiene una gran acidez, equilibrada con un elegante tanino y una calidez justa. Es el vino más largo por el momento junto al de 1920. Realmente magnífico.

Pegamos un salto y nos situamos en 1982. Ciclo de 210 días con un invierno templado, brotación con calor, primera semana de julio muy cálida, julio y agosto con lluvias moderadas. Aparece limpio y bastante brillante, rojizo. Nariz intensa, con aromas a frutos secos, mentolados, cueros y ligera fruta madura como en licor. En boca las sensaciones son un poco más alcohólicas que en los otros vinos. ¿Cambios que ya se avecinaban? Ligeramente amargo Postgusto medio. Me gusta más en nariz que en la boca.

Y para terminar nos sacaron un blanco semidulce de 1914. Sorprendente color amarillo limón, parece como un licor de hierbas o algo parecido en el color. Nariz increíblemente compleja y profunda. Aromas a hierbabuena, menta, hierbas como hinojo, lavanda, un tanto amembrillado. Parece que se descorcha un tarro de esencias y fragancias. Tremenda. En boca es delicioso, fresco, vivo, como un néctar, muy largo, con postgusto mentolado, anisado. Único, irrepetible, majestuoso. Una auténtica maravilla de vino de esos que se recuerdan y no se olvidan jamás. La opinión de los presentes fue unánime ante semejante delicia reconociendo la grandiosidad con la que ha aparecido este vino de más de 90 años. Muchas gracias por hacernos tan felices.

Gran jornada, reflexiones, opiniones, lo de antes, lo de ahora, lo del medio, lo de aquí y lo de más allá. Todo un siglo XX a través de una cata con perspectiva. Historia vitivinícola en una copa. Maravilloso.

Posteriormente nos trasladamos a visitar y comer a la bonita bodega antigua de Paternina en Ollauri. Vean:

El pasado jueves día 18 se presentaban en Madrid los vinos que han obtenido 94 puntos o más en la edición 2008 de la Guía Peñín que verá la luz próximamente (si no lo ha hecho ya). Aprovechando que tuve que bajar a los madriles por otros motivos, decidí darme una vuelta por esta convocatoria a probar la supuesta “flor y nata” en lo que a etiquetas de vino español se refiere.

Las anteriores ediciones el lugar escogido solía ser un salón del Hotel Palace pero en esta ocasión se dio una vuelta de tuerca al escoger la discoteca (digamos que ahora es un espacio diverso y para diferentes eventos) MOMA de la C/José Abascal. Local moderno, contrapuesto al clasicismo del Palace, pero que resultó demasiado pequeño, agobiante y desenfocado totalmente para un evento de estas características. Focos demasiado cerca de los vinos, mesas demasiado juntas y ambiente un tanto oscuro hacían que más pareciera una cueva de los horrores en vez de un local destinado a probar unos vinos. Nada más lejos de la realidad ante los monstruos que irían apareciendo a lo largo de la velada.
Desde aquí, pido a la organización que se preocupe para las próximas veces en buscar algún sitio más apacible tanto para las bodegas representadas como para el público que se acerca al acto. Hubo un profesional que me describió perfectamente la situación: “Iñaki, esto parece una casa de p….” Y no le faltaba razón.


Resulta que había en total 44 vinos para probar aunque muchas bodegas aprovechaban para presentarnos también los otros productos que elaboran. Le pregunto a un bodeguero amigo que solamente llevó su vino puntuado que porqué no había llevado los otros. Me dijo que en teoría no se podía. Bueno, al final cada uno hace lo que le da la gana. Hay que venderse. ¡Viva la organización!

A la entrada me dieron un librito para apuntar notas de cada vino, aunque he de decirles que no soy muy amigo de ir apuntando todo, y menos cuando al cabo de muchos vinos ves demasiada homogeneidad y aburrimiento en cada copa. Por que esa es la palabra con la que puedo definir y resumir el evento: aburrimiento enológico. Hubo excepciones, claro. Las comentaré luego.

Empecé a escribir este texto hablando uno a uno de los vinos que fui probando pero me he dado cuenta que se alargaban demasiado mis comentarios un tanto negativos. Por eso, creo que es mejor que hable solamente de los vinos que probé y me gustaron. Si alguien quiere saber mi opinión sobre algún otro vino es mejor que me lo pregunte directamente y se lo comentaré pero prefiero obviar la cantidad de despropósitos y de sensaciones aburridas a las que mis papilas y fosas nasales se enfrentaron.

En Artadi (D. O. C. Rioja) estaba, entre otros, el Pagos Viejos 2005 Un vino en el que encuentro cierta complejidad en nariz, con bastantes aromas afrutados, especias, tostados, café, un punto avainillado pero todo respetándose en buena armonía. En boca tiene un buen ataque, un tanino vivo pero no muy amargoso, buena acidez y un final largo. Me gusta.

Llego a Bodegas Y Viñedos Pujanza a probar el Pujanza Norte 2005 (D. O. C. Rioja). Vaya, lo noto menos maderizado que el 2004, muy floral en nariz, complejo y bastante elegante y bastante hechito en boca, con cuerpo, volumen y largura.

Necesitaba agradar a mi boca tras varios “sustos” y menos mal que me vio Jesús Barquín para llevarme a tomar mi admirada “Las Cañas”. ¡Qué alegría de vino! Poco puedo decir que no haya dicho ya de esta excepcional manzanilla. Era el tercer vino que me gustaba.

Pasamos después a visitar a Chus Madrazo y probar su Viña del Olivo 2004 y Graciano 2005 (D. O. C. Rioja). El primero necesita bastante reposo en botella pero apunta maneras que me gustan, y el segundo tiene una rusticidad de uva que me encanta dentro de la dificultad que entraña hacer un monovarietal de esta uva. Chus lo advierte y recomienda tomar ahora el Graciano 96. Modernidad bien entendida y respetuosa desde mi punto de vista.

Hubo muchos vinos pero pretendo no cansarles y evitar el aburrimiento que pasé yo catando esa tropa de vinos mastodónticos, monolíticos. Terminé en Alvear, probando de nuevo el PX Solera 1830. Realmente un VINO con mayúsculas. Emocionante.

Nada más.

Tras salir de allí con un agotamiento en mis papilas y ver muchos comentarios sobre este Salón que me han parecido demasiado políticamente correctos, debo decir que lo mejor fue el jamón y la cecina, un puñado de vinos y poder ver a algunos amigos. Si esto es lo mejor del vino español, bueno…las mejores etiquetas, yo me exilio a la probatura de vinos más modestos y en donde encuentre una mayor diversidad y una menor homogeneidad. A vinos de estos precios (muchos por encima de los 50 €) hay que exigirles mucho más de lo que pude apreciar, no vale caer en la autocomplacencia y alabar unas determinadas etiquetas. Quien caiga, creo que va mal.

Me choca que en casi el 100% de los vinos tintos presentados (que eran la mayoría) ninguna marca tiene más de 20 años en el mercado, por lo que tampoco podemos asegurar ni comprobar la evolución real de unos vinos de alto precio que, supuestamente, deberían conservarse en buena plenitud unos cuantos años y a los que hay que exigirles eso. Al menos, no creo que el consumo esté para gastar 100 € cada dos por tres en cada botella de vino. Perspectiva histórica prácticamente nula (salvando el Único de Vega Sicilia)

¿Y los grados? Festival del humor…Muchos con 15, 15.5, 14.5 y cada vez más. ¡Muy heavy! Creo que hay un serio problema en este aspecto. Que cada uno reme como pueda.

Y como el tema va de sensaciones extrañas…¿dónde está Robert Plant? Vean…

http://es.youtube.com/watch?v=45MghyE8pOI

Es que soy de los Zeppelin clásicos. El refrito éste de Kashmir es un tanto extraño.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

elbaranda nos propone esta vez la cata de algún vino elaborado por “enólogos voladores”, es decir, aquellos que elaboran vinos en múltiples zonas. La cita el próximo 23 de Noviembre. Esperamos poder estar.

Un saludo
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The Show Must Go On (Queen)

La 5ª Edición de Iberoamérica en Cata ha llegado a su fin y en primer lugar quería agradeceros a todos vuestra participación. Para mi ha sido divertido e interesante. Haciendo un pequeño resumen de las diferentes aportaciones nos encontramos con “cositas” curiosas.

Centrándonos primero en los dos vinos, La Guarda de Navarra apostó por la variedad Albariño en la D.O. Rías Baixas gallega. Su primer vino fue un Alberto Nanclares Albariño 2006 en donde nota la frescura tan deseada en estos vinos, con una nariz franca en aromas anisados y fruta blanca, manzana, melocoton o albaricoque con toques minerales, notas saladas y perfumadas, talco, sobre un fondo tenue de lías.

Por el lado del blanco con madera nos propone Soverribas de Nanclares Cosecha 2004, elaborado por la misma bodega (Bodegas Nanclares) en tinos de 2000 litros de roble francés. Se aprecian grandes diferencias respecto al anterior ya que nos indica que la madera está bien presente desde sus inicios, y que el vino presenta menos frescura pero más seriedad aún perdiendo muchos matices varietales. La conclusión que obtiene es algo con lo que estoy de acuerdo en mis propias percepciones y es que la madera en el albariño enmascara los interesantes matices varietales, y prefiere aquellos que usan lías e inox. Yo también me subo a ese carro.

A continuación llegó Roco&Wines con otra versión diferente de la misma uva Albariño. Ha escogido a la Bodega Palacio de Fefiñanes, bien cerquita de su área geográfica para proponernos en primer lugar el Albariño de Fefiñanes 2006. Su nota de cata apunta de nuevo hacia el carácter varietal de albariños jóvenes, con aromas frescos, de fruta blanca, cítricos, florales, herbáceos, lima y tropicales, repitiéndose esta frescura en el paso del vino por la boca.

El segundo vino que nos propone es el Fefiñanes 1583 2006, con una crianza de 5 meses en barrica. Su nota de cata es esclarecedora: “En copa presenta color pajizo muy suave con tonalidad ligeramente verdosa, en comparación con el anterior el color es mucho más pajizo que dorado y más suavizado.
En nariz también nos aporta frescura, notas florales, un ligerisimo toque tostado (de azucar quemado), la fruta blanca también aparece pero más madura y no tan fresca, también aparecen matices de frescura herbal, y cremosidad (toque de pasteleria), aparecen de nuevo matices citricos y lima.
En boca es muy sedoso, más untuoso que el anterior, se encuentran notas de frutas exóticas incluso por encima de las de fruta blanca, una acidez increiblemente equilibrada, de nuevo cremosidad y citricos.”

Carlos llega a la misma conclusión que La Guarda y es que el paso por madera hace perder ciertas características varietales tan interesantes en muchos albariños. Pues nos seguimos empeñando en meterlos en barrica en este país. Cambien, por favor.

Manuel Camblor llega con un giro de tuerca. Basándose en la uva Chenin Blanc ofrece dos propuestas curiosas ya que provienen de Sudáfrica: Raats, Chenin Blanc “Original” Unwooded, Stellenbosch, Sudáfrica 2005 y el Raats, Chenin Blanc, Stellenbosch, Sudáfrica 2006. Aunque para ir a las raíces más clásicas de la Chenin puso también sobre la mesa el François Pinon, “Cuvée Tradition”, Vouvray 2006.

El primer vino sudafricano del 2005 apunta claramente hacia notas varietales de la chenin pero demasiado simple apunta Manuel: “El “Original” 2005 de Raats viene con tapón de rosca. El color es pajizo claro con brillo verdoso. En un principio hay un poco de peste reductiva que se va eventualmente, aunque no del todo. En ese sentido, comienza un poquito impulcro. Aromas de piña, kiwi y cáscara de manzana, con notas de flores blancas y arena caliente. En boca es afrutado, pero completamente seco. Buena estructura, con acidez viva y un toque de amargor en el posgusto que lo hace parecer un poco áspero. Sencillo, fácil de beber y con buena persistencia, si uno no pide mucho. Hay algo de aspirina triturada en el posgusto. Es decididamente chenin blanc, eso se lo doy, pero en un plan simplista que me deja lejos de la satisfacción.”

Su segundo vino sudafricano parece que muestra cierta falta de estructura y complejidad, un tanto hueco y llano. “El Chenin Blanc 2006 viene, extrañamente, bajo corcho. ¿Habrá aquí una señal no muy oculta sobre lo que se pretende con este vino a diferencia del “Original”? El color es similar al del otro, pero ligerísimamente más dorado. En la nariz la fermentación en barrica de un 20% del material (curiosamente, sólo un 10% de las barricas eran nuevas, el resto siendo hasta de sexto año; el 80% del mosto se fermentó en inox) se nota inmediatamente en una nota dulzona de crema de vainilla, en un vino que es, por todo lo demás, muy similar al “Original” pero más suave, con menos acidez obvia y sin la reducción. Tras la vainilla vienen discretamente piña, melocotón blanco y té verde. En boca es cremosito y llano. Se te queda en la parte de alante del paladar con fruta compacta y simplona y no va más lejos. Se siente hueco. El roble en realidad no es el problema, sino la falta de estructura y sustancia.”

En ese momento recurren al Chenin de Pinon y es por el apuesta, y recomienda que si de verdad queremos un Chenin de verdad debemos acudir al Loire. Sin duda Manuel, te haremos caso: “Aromas purísimos de manzana, madreselva, agua de lavanda, tiza, anís, menta, cera, jengibre cristalizado y fruta de pan. Una nariz sutilmente compleja, dulce y atractiva. En boca es mucho más ligero y menos dulce que el tremendo 2005 (el 2006 fue problemático en Vouvray y en casi todas las zonas aledañas), pero no deja de ser bellísimo. Toronja rosa, manzana, naranja y melocotón con acentos de alcanfor y una pronunciada mineralidad. Posgusto largo y expansivo, que te agarra la lengua y el paladar completos y no los suelta”

elbaranda llega con la uva Chardonnay, tan característica de la Borgoña blanca y tan tratada universalmente. En este caso nos propone una versión sin madera en la D.O. Cariñena y una versión con madera en la D.O.Navarra.
El primer vino corresponde a Bodegas Añadas y es el Care: parece que llega cítrico y con aromas algo tropicales. En boca, apunta que tiene elegancia, untuosidad y un final algo amargoso.
El segundo vino es un Castillo de Monjardín 2002 con crianza de 3-4 meses en barrica de roble francés Allier: “Color amarillo con menisco dorado. Lágrima fina, lenta y densa.En nariz aromas a fruta amarilla -melocotón-, orejones, notas ahumadas, mantequilla y apuntes de mandarina.En boca muestra muy buena acidez, untuoso -esa crianza en lías-, de buen ataque, recorrido e intensidad. Retrogusto marcado por las notas frutales y ahumadas”

Gilberto Pagua y su Casa de Antociano nos pide un poco de mano izquierda para aceptarle dos Cabernet Sauvignon en su versión Red Power en vez de White Power. Allá vamos Gilberto. Queremos ver tu Red Power.
Gilberto nos sugiere un
Baron Philippe de Rothschild Cabernet Sauvignon 2006, en el que apunta que el color de este vino es un rojo no muy fuerte con bordes claros, se notaba el brillo que se suele presentar cuando el vino no ha pasado por barrica.El olor fue agradable y no invasivo ni saturado.El sabor fue muy bueno tomando en cuenta que es un varietal joven, no era muy fuerte pero era persistente.
Nos sugiere tomarlo con algún surtido de quesos para no cansarnos de abrir botellas.
El segundo vino es un
Baron Philippe de Rothschild Cabernet Sauvignon Reserva 2006, con un pase por barricas de 6 meses. Comparándolo con el vino anterior Gilberto apunta que el color es algo más oscuro y mucho menos brillante. El olor es mucho mas intenso, con más presencia de frutas y a pesar de que hay pase por madera no se siente. El sabor es más astringente con mucha más persistencia. Apunta como vemos diferencias importantes y recomienda este segundo vino ideal con una parrilla o carnes asadas y/o bien condimentadas. No lo recomienda para largos consumos porque puede llegar a saturar.

Sobrevino propone diversas comparaciones. Empezamos en el Loire y la Muscadet. Propone un Expression de Granite, Muscadet-Sèvre-et-Maine, 2002 de Guy Bossard (Domaine de l’Ecu) como el vino que no ha olido madera y apunta que se trata de un vino de color amarillo dorado pálido que apenas denota evolución en la fase visual. “La nariz de este vino es muy seca. Inicialmente se muestra algo tímido, pero a medida que se airea y sube algo la temperatura de la copa comienza a desplegar todo su arsenal mineral. El polvo de piedra es aquí protagonista, por encima de algunos apuntes florales. En boca es tremendamente mineral, con una acidez cítrica (lima) que anuncia que el vino tiene cuerda para rato. El final es larguísimo, con recuerdos amielados.”

A la vez sirvió un Domaine de l’Ecu Cuvée Finement Boisée, Muscadet-Sèvre-et-Maine, 2002. Sus aportaciones las recoge perfectamente:” El aroma de este vino es más penetrante desde un inicio, con obvia presencia de madera. Yo diría que no se trata de madera 100% nueva, pero no he podido encontrar información al respecto, y definitivamente está mejor integrada que en la añada 2005 que tomé recientemente. Los aromas de vainilla y azúcar levemente quemado están presentes acompañando a una bonita fruta fresca. En boca está presente la gran acidez marca de la casa, dejandose notar la madera si bien no tanto como en nariz. El final se cierra con un retrogusto de cítricos, vainilla y canela. Es un vino que se deja beber, pero resulta algo desconcertante, con una nariz y una boca que situaría más facilmente en Borgoña que en el Loira. Personalmente, por el mismo precio (9 euros), me quedo con el Granite.”

Su sorpresa llega al retomarlo con mucho más tiempo y ver la evolución del vino.
Una segunda comparativa que nos propone es con la uva Albariño y Bodegas Zárate. Zárate Albariño, Rías Baixas, 2006 y Zárate El Palomar, Rías Baixas, 2005. Su conclusión en esta comparativa de albariños de la D.O.Rías Baixas es que un trato muy moderado de la madera nos permite preservar el carácter del vino.
Encima nos propone una prórroga a base de Godellos de la D.O.Valdeorras: Sus apuntes se basan en el

Guitián, Valdeorras, 2005 que se muestra como un vino muy correcto, agradable, al que no se le pueden hacer grandes reproches. Muy competente se muestra también el Guitián sobre lías, Valdeorras, 2005. Este es un vino con mayor peso y tacto más graso, proporcionados por la crianza sobre lías, pero que como el anterior tampoco ha pasado por madera. Ambos los compara con el Guitián Fermentado en Barrica, Valdeorras, 2005 que se cría durante 6 meses en barricas de roble americano. En este caso, y al contrario que pasaba con los albariños, no recomienda el paso por barrica ante las sensaciones percibidas. Interesantes reflexiones.

Por último, un breve comentario de mi aportación a base de Sauvignon Blanc en el Loire. Michel Vattan y Pascal Cotat, dos vinos diferenciados: Michel Vattan Sancerre 2006 y el Pascal Cotat Mont Damnés 2004. Mucho más complejo el segundo que el primero, con gran potencial de guarda, con diferentes precios, diferentes conceptos. Pero ambos interesantes, cada uno en su estilo.

Hemos visto Albariños, Chenin Blanc, Chardonnay, Godello, Muscadet, Sauvignon Blanc y un apunte tinto de Cabernet Sauvignon. Creo que no ha estado mal la jornada.

Respecto a la segunda parte cultural de la Edición, aportaciones muy diversas y realmente entretenidas.

La Guarda de Navarra nos propone a dos grandes del Jazz Charlie Parker y a Dizzi Gillespie en Bebop, así como el libro biográfico de Ayaan Irsi Ali, “Mi vida, mi libertad”.

Roco&Wines nos apunta que debemos escuchar a James Blunt así como leer Shiké (Samurais,dragones y zinjas) de Robert Shea magnífico libro y Samurai de Hisako Matsubara preciosa historia de amor. Desde luego dos propuestas exóticas y diferentes de lectura.

Manuel Camblor nos propone en este caso que escuchemos el disco
Varios Artistas, What It Is! Funky Soul and Rare Grooves 1967-1977” Un disco “negro” para una jornada de blancos. Bonita contraposición.

En este caso elbaranda ofrece una película de mis admirados Hermanos Marx: “Una noche en la Ópera”. Gracias Mario, irrepetibles. Me la voy a poner de nuevo próximamente para volver a recordar esos diálogos atemporales. Así mismo nos propone leer algo serio y de suspense como es “El secreto de Christine” de John Banville bajo el seudónimo de Benjamin Black, y escuchar a Manhattan Transfer.

Combinaciones deliciosas.

Gilberto Pagua nos trae aquí un disco del trío de Toronto Apostle of Hustle. Su disco se llama Nacional Anthem of Nowhere. Música canadiense en forma de “caos ordenado” como apunta.

Sobrevino apunta a Björk y su disco Vespertine como propuesta musical que no debemos perdernos y a ello le añade que debemos leer el título “Cisnes Salvajes” de Jung Chang sobre la historia de China a través de las vivencias de una familia.

Mi pequeña aportación musical trató de buscar un “blues & rock” blanco a base de Clapton y amigos a través del concierto mítico que dieron en el Rainbow en 1973. Música de origen negro (me sigue pareciendo tremendo el Crossroads de Mr.Robert Jonson), tocada por blancos en el White Power, contraposición musical a la propuesta de Manuel. Divertido.

¡Bonita diversidad!

Por último, ceder el testigo a Mario, el amigo salmantino que nos propondrá la 6ª edición de IEC en su blog

elbaranda. Esperamos a ver con qué nos sorprende, que seguro que nos hace pasar un buen rato.


Un saludo

Tras recoger el testigo de Carlos y Roco&Wines propuse hacer, en esta 5ª Edición de Iberoamérica en Cata, la compración de dos vinos blancos (White Power) que estuvieran hechos mayoritariamente del mismo varietal pero que uno tuviera paso por barrica y el otro no. La idea u objetivo es ver el comportamiento de dicha variedad ante dos situaciones diferenciadas. Veremos.

Junto a ello, un poco de ligazón con aspectos culturales. Simple y directo: Libro y/o disco que haya emocionado últimamente a los participantes.

Por motivos que me iban a impedir probar los vinos en la fecha prevista, adelanté un poco el asunto. El resultado ha sido bastante satisfactorio.
Empezando por la primera parte he escogido una variedad conocida por todos: la Sauvignon Blanc y decidí acudir a la misma zona para comparar los vinos. Un área geográfica que creo que expresa bien el potencial de esta variedad: Sancerre (Valle del Loire).

http://www.ville-sancerre.com/

El primer vino tomado ha sido el Michel Vattan Sancerre 2006. Un 100% Sauvignon Blanc de un pequeño elaborador que conocí durante el pasado Pro-Wein y que elabora diferentes vinos blancos jóvenes en función de sus distintos terruños. Éste se refiere a uvas plantadas sobre suelo de naturaleza calcárea.

Aparece con un color amarillo suave, con ribete acerado y reflejos un tanto verdosos. La nariz es de mediana intensidad, con aromas de hierbas aromáticas, pequeñas notas de manzana verde y fruta blanca, un punto anisado y como herbáceo, de matojo. Es sutilmente mineral, lo que le confiere cierta elegancia y complejidad en la paleta olfativa. No es extremadamente potente, pero sí fino y elegante.

En la boca la entrada es sabrosa, con buena acidez y un ligero amargor final con un matiz herbáceo, es ligeramente graso y echo en falta un poco de más profundidad y largura en el vino. Un muy correcto Sancerre, que por 4.5 € EXW creo que es más que decente.

El segundo vino es también un 100% Sauvignon Blanc aunque en este caso lleva un paso por madera. Me refiero al Mont Damnés 2004 del elaborador François Cotat también en Sancerre. Con un color amarillo claro y un ribete verdoso el vino muestra una nariz un tanto herbácea, recordando a césped o hierba fresca, heno. El vino necesita tiempo para abrirse y mostrar aromas minerales, ligeros florales, pimienta blanca y un fondo de fruta blanca fresca que me pareció un poco artficioso. Notas de humo, ligeros aromas lácticos.

En boca el vino es ligeramente graso, con buena estructura y acidez y un deje amargo al final sutil y elegante. Es largo, dejando sensaciones un tanto terrosas y salinas en el paladar.

Un vino interesante y con potencial de guarda. En este caso la Sauvignon ha sido tratada con barricas viejas, menos porosas, con evolución más lenta del vino al existir menos intercambio de oxígeno entre el vino y el medio exterior. Se agradece (esto podría ser otro tema de debate).

Una vez escogidos, bebidos y comentados los vinos toca la segunda parte. En esta ocasión no voy a ceñirme a algo que está recientemente en los mercados, si no a un disco que bajo mi punto de vista intentó suponer una revitalización de un artista que pasaba horas críticas bajo la adicción mortal que tenía hacia la heroína. Corría el año 1973 y Pete Townshend (guitarrista del grupo británico The Who) decidió ayudar a un viejo amigo suyo a través de un concierto que le sacara de su imparable decadencia debida a la adicción a las drogas. Ese amigo no era otro que Eric Clapton.

Para eso decidieron juntarse un grupo entre los que había grandes músicos, como el caso de Ronnie Wood (ex The Faces y hace unas décadas en los Roling Stones), Steve Winwood (Traffic), el gran Jim Capaldi, Rick Grech, Jimmy Karstein, Rebop, el mismo Townshend y el propio Clapton.

Una banda tremenda. Digamos que había buena materia prima para hacer un buen vino. Y el resultado así lo demuestra.

El lugar elegido fue el Rainbow Theatre del norte londinense y allí desgranaron una serie de canciones que suponen una de las descargas más míticas que todavía me siguen emocionando. Escuchar una voz de Clapton apagada, hundida por el influjo de la heroína, pero con esa forma de tocar que conservaba pone a más de uno los pelos de punta. Los acordes iniciales de Crossroads (gran blues de Robert Johnson) o el Blues Power (canción que me dio la idea para la propuesta de Iberoamérica en Cata) suponen momentos álgidos, así como escuchar una vez más la deliciosa canción de amor “Layla” que Clapton escribió a la mujer de otro gran amigo suyo: Mr. George Harrison y al que consiguió arrebatársela para vivir una de las relaciones más apasionadas-tormentosas de la historia musical de los últimos 40 años.

El set list:

Layla

Badge
Blues Power
Roll It Over
Little Wing
Bottle of Red Wine
Alter Midnight
Bell Bottom Blues
Presence Of The Lord
Tell The Truth
Pearly Queen
Key To The Highway
Let It Rain
Crossroads
Por si quieren escuchar algo aqui les dejo la versión del Layla de tan mítico concierto en 1973.
http://es.youtube.com/watch?v=hwbY88p2EDs

Un saludo y a esperar vuestras interesantes aportaciones

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The Show Must Go On (Queen)

Ya queda menos para la próxima edición de Iberoamérica en Cata. Recordaros que el próximo viernes aqui os esperamos con algún vino blanco que otro, y con un acompañamiento cultural a vuestra elección.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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