Siempre había tenido ganas de buscar un hueco para poder escaparme a ver la Gran Manzana y este pasado mes de Agosto por fin iba a ocurrir. Las visitas al Central Park, Metropolitan Museum, Puente de Brooklyn y demás iban a ser obligadas pero además había un encuentro al que particularmente le tenía muchas ganas desde hace tiempo y que tenía que ver con la afición en torno al mundo del vino. Era volver a reencontrarme con mi amigo Manuel Camblor.

Ya sabéis, y para los que no lo saben lo digo ahora, el excelente blog que escribe Manuel en el Diario de La Rioja (http://blogs.larioja.com/otrabotella/posts), y su tenacidad, ironía y particular y amplia visión con mucha perspectiva histórica (ya la quisiéramos muchos) del mundo vitivinícola.

El primer encuentro con Manuel fue en su casa, con sus pequeños y maravillosos “Camblorcitos” y su mujer como anfitriones. Hacía más de dos años que no nos veíamos en persona y había mucho de que hablar. El telón de fondo fue una comida turca francamente rica, apetitosa y sugerente.

Mientras hablábamos de diversos temas Manuel me saca un espumoso rosado…de Touraine, de Mr.Pinon. Comentamos lo raro que nos resultaba ese tipo de vino en ese productor, no sabíamos que lo hiciera. Y así nos vamos sumergiendo en una mineralidad realmente deliciosa que nos ofrece su intensa nariz. A veces, es para preguntarse si estos señores echan minerales a posta en sus vinos porque es realmente sorprendente. Un vino que realmente apetece tomarse una y otra botella detrás.

La magia cambloriana sucede en un espacio acogedor, fresco y vital, como el Luneau-Papin Muscadet Sevre&Maine s/lie Le L d´Or 1989 que sirvió a continuación. A aquellos que renieguen de estos vinos envejecidos solamente puedo decirles que lo prueben, que disfruten. Son como Sabina y Julián, los hijos de Manuel, que empiezan ahora su vida, a dar próximamente sus primeros pasos y a enfrentarse a los problemas existentes. Pues este Muscadet se enfrentaba a dos bocas dispuestas a saborearlo y, por lo menos a mi, me tumbó, me maravilló, fue como un beso intenso. Delicioso, seductor. Auténtico.

Siempre digo que el mejor halago que puedo hacer es decir que en algún sitio me he sentido como en mi propia casa. Así fue como me encontré con la familia Camblor, con mi casa y en esta ocasión acompañado con un Château Certan de May de 1993, un Pomerol en el que se aprecia bastante trabajo fino con las barricas, no como medio que se imponga al vino, si no que lo acompañe. Quizá se encuentre ya en un punto óptimo de consumo (la oxigenación en exceso no aprecié que le viniera muy bien). No recuerdo el nombre de aquellas especies de croquetillas de carne turcas pero iban de maravilla con este Pomerol…
Algunos comentarios de estos vinos los hice en la Web de Verema, aunque quizá lo menos importante sea la cata en sí misma, pero sí el disfrute de beber y probar los vinos en grata compañía como sucedió. Hasta mi propia hermana, que no es aficionada a este mundo, se sintió de maravilla probando a Pinon y Papin (no pudo con el Certan de May) y muy a gusto en casa de Manuel.

http://www.verema.com/comunidad/vinoscatados/vino.asp?vino=18993

http://www.verema.com/comunidad/vinoscatados/vino.asp?vino=18994

http://www.verema.com/comunidad/vinoscatados/vino.asp?vino=18995

Veíamos autenticidad en los vinos, y pasamos a la autenticidad musical recordando a un grupo que así se ha comportado a lo largo de su historia musical: AC/DC. Podrá gustarles más o menos, pero siempre han mantenido su identidad y su personalidad, alejados de intereses impuestos por discográficas buscando una música más comercial. Se fue Bon Scott y llegó alguien similar, Mr. Brian Johnson…cuando podían haber escogido una voz más “sencilla”. Pero si lo hubieran hecho, hubieran dejado de ser lo que son: AC/DC.

E interesante una versión muy diferente del “Walk this Way” de Aerosmith que me pinchó Manuel.

En el vino debería suceder lo mismo. Nunca he creído en el vino que guste a todos, en el vino comercial, en el gusto internacional…Pienso que eso no existe. Sí, en cambio, existen vinos particulares para gustos particulares, con su mayor o menor originalidad, y…una vez más (soy pesado) la diversidad es lo que nos llevará al disfrute en su enésima potencia. Si no, el aburrimiento está garantizado.

Era hora de despedirse y concretar un encuentro que iba a ser un festival. Manuel sabe agasajar muy bien a sus invitados, y así sucedió como ya contaré en la siguiente entrega del blog.

Manhattan, Baba O´Wines y La Otra Botella iban a girar en una espiral vinícola realmente interesante.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

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