Del grupo británico The Rolling Stones se ha dicho todo y de todo. Polémicos a lo largo de su carrera y con más de cuarenta años encima de los escenarios, Jagger, Richards, Wood y Watts no dejan lugar a la indiferencia cada vez que anuncian una nueva gira a lo largo del planeta.

En esta ocasión, un nuevo disco bajo el brazo (A Bigger Bang) era el pistoletazo de salida para el inicio de su nuevo tour mundial allá por agosto del 2005 en la ciudad americana de Boston. No tenían por qué arriesgar pero este último disco supone una vuelta de tuerca más y un aviso a navegantes de cómo un grupo puede envejecer con la dignidad bien alta y la satisfacción de un trabajo bien hecho. No todos pueden decir lo mismo de haber sabido mantener la cadena de ADN del rock en estado puro.

Con los incidentes y cancelaciones por medio, que supusieron las anulaciones de las fechas previstas para España no cabe duda que esta gira vuelve a suponer un record para estos “chavales”, que parecen haber hecho un pacto con el auténtico diablo. Al fin y al cabo The Rolling Stones derriban cualquier tópico ya que durante más de esos cuarenta años se les han asignado diferentes papeles posibles y la banda ha demostrado que ha sabido mantener una relación inigualable con diferentes generaciones de seguidores.

Sus conciertos no ofrecen grandes sorpresas, ni los seguidores las buscamos. La gran sorpresa para mi es que estos grandes dinosaurios del rock salgan noche tras noche a un escenario y sobrevivan dignamente con sus maravillosos himnos.

La voz y movimientos de Mick Jagger como director de orquesta ante el público, la buena adaptación de Ronnie Wood a la imagen stoniana, y luego dos miembros más inigualables la convierten en “posiblemente” la banda más grande de rock ´n roll de todos los tiempos. Esas dos patas restantes merecen comentario aparte.

La primera de ella es la antítesis de la imagen de excesos que ofrecen los Stones. Su nombre: Charlie Watts. Una máquina infalible al mando de unas baquetas: Elegancia.

La otra pata es la pura esencia y heroicidad Stones: Keith Richards. Para mi es un guitarrista único, aquél en donde los silencios entre acordes dicen tanto o más que sus riffs. El mayor milagro es que esté todavía vivo y con ganas de salir a un escenario. Si Jagger actúa de jefe, Wood de acompañante, Watts de hombre tranquilo y apacible, Richards juega el papel de la “suciedad” stoniana, esa suciedad que se atisba cuando se ponen a tocas uno de los mejores rythm and blues que se puede apreciar estos días con canciones como Midnight Rambler o Can´t You Hear me Knocking.

Por fin, en junio del 2007 A Bigger Bang Tour recae en España con cuatro fechas previstas: Barcelona, San Sebastián, Madrid y El Ejido. Baba O´ Wines asistió, una vez más, a un concierto de los Stones y en esta ocasión fue en el estadio Vicente Calderón madrileño y durante este pasado 28 de Junio, el mismo recinto en el que los vi en el año 2003.

La tarde empezó con un excelente Loquillo que, acompañado de sus Trogloditas, supo divertir al público que en ese momento estaba en el estadio. No debo decir lo mismo de Jet, segundos teloneros y a los que tenía especial ganas de ver ya que desde sus inicios me parecieron un grupo interesante. Pero quizá por falta de sonido de su vocalista, no supo establecer una relación de complicidad con el público.
Se apagaron las luces y en la enorme pantalla que ocupa el centro del escenario se proyectan imágenes hasta que una explosión deja paso a los primeros acordes de “Start Me Up”. ¡¡Qué mejor canción de inicio para meterse al público en el bolsillo!!. Se ve a Jagger saltando, moviéndose como siempre lo ha hecho, Watts con su ritmo increíble y elegancia en la batería y a los guitarristas, Wood que parece más despierto y con ganas de bromas que otras veces y Keith Richards, la esencia stoniana.
Se van desgranando canciones que han marcado a muchas generaciones: Let’s Spend The Night Together, She’s So Cold, All Down The Line, Monkey Man, You Can’t Always Get What You Want, (emocionante el público cantando a capela) Sway (para mi una sorpresa que tocaran este tema) y hay un momento que vuelve a demostrar la grandeza de los Stones al admirar y reconocer a sus predecesores de los que se empaparon para llegar a ser lo que han sido. Algunas veces tocaron a Fats Domino, otras a Bo Didley pero esta vez el homenaje era al maestro Ray Charles con su Night Time Is The Right Time. Excepcional reconocimiento y maravillosa Lisa Fisher en la voz acompañando a Jagger.
Tumbling Dice sirve de canción para luego dejar paso a Keith Richards en la parte vocal, con un emocionante You Got The Silver del, para mí quizá mejor disco Stoniano en su conjunto Let It Bleed, y luego un intenso Happy.
Enlazan con un guiño al funk a través de Miss You que les conduce por medio de un escenario móvil al centro del estadio, un punto más íntimo tal y como dice Jagger en sus comentarios en castellano. Allí desgranan It’s Only Rock’n Roll, Satisfaction y Honky Tonk Women (poderío y clasicismo Stones mientras una gran lengua stoniana hinchable se despliega por el escenario principal) para volver de nuevo al gran escenario y atacar la parte final del concierto con espectacularidad total. Canciones como Sympathy For The Devil, Paint It Black, Jumping Jack Flash y el final con Brown Sugar convierten a esta banda en algo especial.
Solamente me queda por decir que los Stones cumplieron con creces y saldaron su deuda con el público de Madrid al anular sus conciertos anteriores. Y así supimos agradecerles el magnífico momento de buen rock ´n roll que nos hicieron pasar.
¡Gracias chicos!
Un saludo

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