Si están siguiendo el blog de Borgovinsl verán que este mes ha sido tremendamente borgoñón en cuanto a vinos bebidos ya que las sesiones brutales en Les Grand Jours han ocupado bastante tiempo vinícola. Pero como no sólo de Borgoña se puede alimentar al hígado (¿o sí?) otras botellas han ido apareciendo por aquí.
Dos cosas curiosas de Champagne: fresco y brutal el Tarlant Brut Prestige 1998. No creo que sea un champagne muy apto para aquellos que tengan problemas de sensibilidad con los vinos bastante ácidos pero la verdad es que a mí me pareció delicioso. Más maduro, goloso, cremoso me resultó el Aubry Le Nombre D´Or 2004 pero igualmente disfrutable aunque prefiero otro estilo.
Rica y sabrosa aunque para mí menos punzante que otras selecciones me resultó la Manzanilla 32 dentro de la colección del Equipo Navazos, e igualmente muy disfrutable el Arretxea Irouléguy Blanc 2010. Un vino que me pareció tremendamente equilibrado, con buena acidez y una grasa suficiente para dar un conjunto muy disfrutable.
De rodillas me pongo. Jean-Louis Chave Hermitage Blanc 1988. Solamente puedo dar las gracias al amigo con quien la compartí. Inolvidable este blanco del Ródano para el que escribe. Esa nariz qye iba de las setas a las infusiones, del incienso al romero, de la fruta de hueso al caramelo sutilmente tostado…complejo, largo. Maravilloso. Este vino necesita pasión para beberlo. Perfecto con un Pascualete.
Oscuro, duro como una piedra el Quinta do Canto Bairrada Garrafeira 1994 de D Simoes. Pero cuando ese tanino frutal te llena la boca y dices…¡ostras, vaya chicha hay aquí! la sensación es placentera. Otra cosas son las serrerías al estilo Twin Peaks.
Y realmente delicioso para una conversación nocturna el Quinta do Passadouro 1992. El viñedo de Vosne-Romanée quedaba debajo mientras degustábamos esta botella al calor de las piedras de Borgoña.
Si necesitan algún cuchillo bien afilado para cortar fiambre prueben con el Thomas Labaille Sancerre Vieilles Vignes 2008. Esto del Loira en esta zona es admirable con los buenos vinos que hay…fruta fresca en nariz entre pomelo, limón, mandarina y cosas que no daría a quien le duelan las encías. Rico, joven…a dormir.
Curiosamente disfrutable pero algo cansado una nueva botella de La Rioja Alta Gran Reserva 904 de 1992. Cada vino es una historia en sí misma.
10 años sin Wilder…casi sin historias.
Un saludo
…………………………
The Show Must Go On (Queen)
Lunes, 9 abril, 2012 at 12:09 pm
Dos cosas sobre la manzanilla. La primera tiene que ver con el carácter punzante, que normalmente atribuimos a la presencia mayor o menor de acetaldehido. La pregunta es, ¿es mejor una manzanilla más marcada por el acetaldehído que otra menos punzante pero quizás más equilibrada? Yo antes, y casi de manera invariable, me tiraba en plancha a comprar las marcas de más presencia acetaldehídica (La Ina y San León). Ahora veo las cosas de manera diferente, más pluralista, menos normativa. La manzanilla 30 -por poner un ejemplo del mismo Navazos- es una manzanilla de acetaldehido relativamente bajo y a mí me parece formidable. Está bien que una manzanilla “punce”, pero no me parece que deba ser un parámetro normativo absoluto. No hay manzanilla, hay manzanillas.
En todo caso, la manzanilla de Sánchez Ayala -que es de donde proceden la número 32, 22, 16, 8 y 4 de Navazos- es de por sí una manzanilla marcada por un poderosísimo acetaldehído. Está, por así decirlo, en uno de los extremos estilísticos de lo que puede ser una manzanilla. Puede ser, como comentas, que la 32 tenga menos “punce” que la 22, pero yo recomendaría, y ésta es mi segunda observación, esperar. Para mi gusto nada más salir estas manzanillas suelen estar muy apretadas. El otro día abrí una 16 con tres añitos a sus espaldas y se salía de la copa. Me imagino que son demasiadas heterodoxias para dos párrafos, raro que es uno.
Lunes, 9 abril, 2012 at 4:07 pm
Hola Álvaro, ¿en qué parámetros de etanal nos movemos?
Un saludo
Sábado, 14 abril, 2012 at 4:51 pm
Perdona Igor por no haberte respondido. No puedo darte cifras concretas: no soy técnico, y les tendría que preguntar a los responsables de las bodegas en cuestión. No suele ser un tema del que se quiera hablar mucho porque existe un cierto “machismo” del acetaldehído en la zona. En todo caso, y si éste es un tema que te interesa, te sugiero la lectura del monumental libro de Justo Casas, La Vinificación en Jerez en el siglo XX, pp. 419-438.
Sábado, 14 abril, 2012 at 6:12 pm
No, como me decías que llevaba un poderoso acetaldehido…por saber realmente algún valor numérico y ver si era mucho o poco. Puede ser un valor más bajo de lo esperado pero que se note más por desequilibrio con otros componentes.
Igual la que está menos marcada es posible que numéricamente tenga más pero en el equilibrio esté todo mucho más compensado.
Pero vamos, sin más. A beber.
Un saludo
Sábado, 14 abril, 2012 at 8:25 pm
Igor, no sólo estoy hablando de sensaciones de cata. Hablo de cambios de impresiones con gente que conoce muy bien los valores analíticos de los vinos en cuestión.