Ya saben que hoy en día este precioso Château que tiene el nombre de Pape-Clément pertenece al emporio Magrez y de su asesoramiento enológico por parte del controvertido Michel Rolland. Con alguna experiencia en añadas recientes la situación es algo distinta frente a lo vivido con este 62 pero no sé la posibilidad de evolución y envejecimiento de los actuales vinos ni hacia dónde irá su tendencia. Solamente el tiempo nos dará la respuesta pero a priori las esperanzas no parecen muy alentadoras.
Comentaba antes de la elegancia y es que al meter el vino en la boca la situación es acojonante. Perdonen que lo defina así pero es que no se me ocurre otra cosa. Fresco como un chaval, elegante como una buena dama, redondo como una pelota. Todo se combina a las mil maravillas para dar un conjunto sedoso y de gran profundidad. Oigan, que no quiero que se me acabe la copa…El postgusto vuelve a ser terroso, con especias y tostados tan sutiles que resulta delicioso.
Ante esto, uno empieza a preguntarse cuatrocientas mil cosas acerca de las maravillas que ofrece, y a plantearse cuestiones y dudas…pero la electricidad de la tercera copa en el primer pequeño sorbo hizo un silencio que requería la máxima atención hacia él, sin abandonar a ratillos algunos restos de las dos copas anteriores que iban circulando entre los presentes para ir viendo qué iban deparando.
El tercer vino nos lleva a un año más moderno: 1996. Fíjense si es más actual que en los otros dos, el que escribe estas líneas no era todavía ni siquiera un proyecto embrionario. En cambio, en el 96 ya me contemplaban 20 primaveras…
Buen año en la zona dicen los expertos. Y si un buen año cae en buenas manos el resultado suele ser apabullante. Claro, darle caña a la Pinot Noir en estas condiciones puede ser una situación de disfrute máximo.

Me acuerdo cuando divisé con unos amigos por primera vez la parcela de la que procede este vino. El pueblo que quedaba detrás estaba desértico y un mapa indicaba el camino que debíamos seguir. Parecía que buscábamos un tesoro o algo así pero para el aficionado al vino ya saben lo que significa Vosne-Romanée en la Côte de Nuits de Borgoña. Nunca un pueblo tan enano significó tanto…allí hay joyas de viticultura como ya saben, y si no, les aconsejo que vayan.
Al servir este Domaine de la Romanée-Conti “La Tâche” 1996 el color aparece de cierta capa rojiza con buena tonalidad. No es ligero en su movimiento y al principio la nariz es costosa de expresarse. Bueno, vamos a darle tiempo y era curioso cómo cambiaba el asunto de olerlo de unas copas a otras.
La Tâche es un viñedo mítico que es monopole del Domaine arriba citado y aunque no tengo un largo recorrido con este tipo de vinos ya que solamente probé una vez a ciegas un 1990 (que me pareció uno, si no el mejor, de los tintos que he bebido) esa experiencia me fascinó tanto que considero a este viñedo como mi opción favorita de la Borgoña tinta de la Côte de Nuits junto a Musigny dentro de lo que he podido probar. Bueno, aquí vendrán gustos diversos: unos dirán que si Chambertin, otros que si La Romanée-Conti (ése se me escapa porque lo desconozco en mi boca y nariz), otros que si Cros Parantoux o Les Amoureuses (éste sería el tercero para mi), o incluso alguno será gustoso del Clos de Vougeot (en este discreparía tanto…que mejor no empiezo, ya que hay grandes Vougeot pero también hay castañitas que aprovechan el nombre para hacer auténticos desequilibrios calidad/precio) o de Chambertin, Clos de Béze por citar algunas parcelas míticas…¡Pues olé por todos!. Hay tantas opiniones para leer y contrastar…
El vino cambia. Va a más. Mineral, roca, suelo, barro, si alguna vez sacan una raíz de viña del suelo (¿no se avecinan arranques con las nuevas regulaciones?…aprovechen), huélanlas y lo identificarían con este vino. Va ganado en una atractiva complejidad y profundidad. Fruta negra que recuerdan a las prunas, regaliz y un fondo de hojarasca seca. Se aprecian tostados, restos sutiles avainillados y de moka, cacao y chocolate negro. Al rato eran más especias…Era un vino de muchas horas.
Bufff, es intensa dándole algún meneíto en la copa del tipo Borgoña (no voy a hacer publicidad de la casa, que ya sajan el hígado cuando las venden). ¿Y si lo llevamos a la boca? Ahí me tumbó y me ganó. Me rindo ante él.
Entra no demasiado potente pero pega un estallido dentro que alucinamos todos los presentes. Es eléctrico, vivo y a la vez elegante, con gran estructura, acidez magnífica y un tanino del fruto realmente sabroso. ¿La madera? Joder, aquí no hay serrerías en la sala de barricas: trabajada tremendamente bien. Es largo, muy largo, de nuevo las sensaciones minerales y de moka aparecen, así como restos especiados y de fruta negra.
Iba estando cada vez más abierto con el paso de los minutos y quizá se podría afirmar que con esa viveza que presenta la capacidad de desarrollo en botella debe ser larga y espero poder comprobarlo en unos años.
Rioja, Burdeos y Borgoña. Tres estilos distintos bien patentes en lo bebido y disfrutado. Surgió el tema del precio en el tercer vino pero que quieren que les diga…vamos a abstraernos por unas horas y a disfrutarlos.
Teníamos el primer blanco decantado y enfriándose un poquito pero ya estaba listo para servir (guardamos copas de los otros vinos para ir poco a poco saboreándolos a lo largo de la noche). Una vuelta de tuerca hacia la ribera derecha del río Ródano. A ciegas jamás hubiera dicho que era un vino de Viognier y menos de 1998 con ese color amarillo levemente pálido que presentaba.
Este Château Grillet 1998 del Domaine Neyret-Gachet estaba realmente tímido en la nariz. Parecía una pequeña tarta de limón metida en el cristal por los aromas sutiles a dicho cítrico que presentaba en sus comienzos tras servirlo en las copas.
Hablando de las pequeñas Denominaciones de Origen españolas, éste es un caso de esos, porque si no recuerdo mal era la única apelación francesa formada por una única bodega. Ya va oliendo algo a melocotones y como a roca…vamos cambiando y cada vez más interesante. La nariz ofrece un deje mantequilloso y como pan de molde tostado que, combinada con la frescura cítrica, le da un aire curioso. Y hasta olía un poco como a bechamel y otros matices lácticos…(¿o es que estaría pensando yo en hacerme unas croquetas acerca de las 23.30 de la noche?). Bufff, ¡qué ricos los quesos mientras tanto!
Y el Borgoña seguía más especiado…el Pape-Clément lamentablemente había desaparecido de todas las copas y el Riscal quedaba bastante aromatizado a café.
La boca del Viognier era deliciosa, cremosa, mantequillosa pero no pastosa, viva, con grandísima estructura, muy largo, apareciendo minerales y cítricos en el postgusto. Una delicia de juventud en este vino…¿No queda más en el decantador? Lamentablemente, no.
Para terminar, y de nuevo situados en Francia, ¿qué nos quedaba si tenía que ser algo botritizado como he comentado al principio?: Un Chenín rico de la zona de Coteaux de L’Aubance en el amplio valle del Loira. Y para ello dimos cuenta de un Domaine de Bablut de Daviau 1997
Con un color entre anaranjado y tonos más ocres el vino es algo más que intenso. En nariz parece un tortel recién sacado del horno, con aromas finos a pastelería, incluso algo de caramelos de malvavisco y miel, orejones y almendra tostada. Es compleja y seductora.
En boca es un perfecto acompañamiento para unos trozos de Reblochón que me iba metiendo poco a poco entre sorbitos (no me pregunten los puristas si ésa es la mejor combinación posible porque no tengo ni idea si este queso de la alta Saboya sería lo adecuado para este vino…pero es que me pareció tan sublime la combinación que si hace falta, pues debatimos con los puristas J). Presenta el vino un equilibrio entre azúcar, acidez y un leve (pero elegante) amargor realmente delicioso, con densidad, muy largo…Bufff, muy rico de nuevo este último vino.
Como podrán apreciar creo que salí realmente satisfecho, y he de decir que también perfectamente sobrio, de esta magnífica reunión que tuvimos en donde la consigna había sido clara: disfrutar. Para mí, quedará grabado este día en mi pequeña y única neurona como uno de los mejores en torno a buenas viandas y unos vinos realmente excepcionales, y lo más importante de todo: compartidos con excelente compañía.
Las diferentes fotos son personales, de diferentes visitas a algunos de los lugares mencionados en esta entrada